ARCADIA. Episodio 12. Tiferet 4 (Parte II)

20.

«¡Heathcliff, soy yo Cathy! ¡Vuelve a casa, estoy helada! ¡Permíteme entrar por tu ventana!»

Abrí los ojos. Shanti, me miró molesto desde su privilegiado lugar: mis genitales. Sasha, que descansaba en mi axila, apoyó su morro rosa en mi hombro y me dedicó una mirada tierna. La copia de la Proclamación de la Emancipación se encontraba en el piso. Me había dormido leyéndola. Habíamos hablado de ese documento en la comida, y ninguno de los cuatro teníamos mucha idea de que se trataba. Así que había decidido ponerme al corriente antes de volver a descansar.

«¡Heathcliff, soy yo Cathy! ¡Vuelve a casa, estoy helada! ¡Permíteme entrar por tu ventana!»

Me senté.

—Chicos, esto se tiene que terminar. —Me saqué a Shanti de encima, el cual me respondió con un maullido estridente y molesto. Arremetió, resuelto a meterse de nuevo entre mis piernas. Aplaudí con fuerza dos veces. Shanti se detuvo, entre molesto y dudoso. Sasha me miraba con tristeza. Creo que le había roto el corazón y esa mirada de ojos amarillos me desgarraba—. Entiendo que les guste el calor, pero en mi planeta, la gente duerme sola. La cama es sagrada.

«¡Oh! ¡Se pone tan oscuro y solitario desde el otro lado de ti! Lloré un montón y encontré el dolor, caí a través, sin ti… Así que voy a regresar, amor…  Cruel Heathcliff, mi único sueño, mi único amo…»

Salí de mis habitaciones con Shanti y Sasha. Los llevaba agarrados del pellejo, colgando. Uno en cada mano. Shanti estaba enfurruñado, con los ojos entrecerrados. Sasha se sacudía al son de “¿por qué me hacés esto?” La ignoré.

Me detuve en la entrada de la sala de estar de Catalina. Las puertas se abrieron. Solté a los gatos dentro de la habitación oscura. Lleno de dudas, me metí.

—¿Catalina? ¿Estás? —Me asomé, intentando no llevarme los muebles por delante—. ¿Catalina? Soy Blake… —Abre tu ventana, pensé. Hice silencio.

La melodía salía de los gramófonos. Pero Catalina no estaba allí. Salí.

—¡ARCADIA! ¿Dónde se encuentra la Catalina que está escuchando esta melodía espantosa?  —Estoy volviendo a casa ahora, cruel Heathcliff. Suspiré, algo irritado. Se iba a quedar ahí por siempre. Ya era tarde. Me sabía la triste historia de Cathy y Heathcliff de memoria.

—Interfaz operativa Catalina Konovaluk se encuentra en ATE.

—Si por casualidad me subiera al ascensor y gritara: ¡ARCADIA, ATE! ¿Me llevarías?

Está claro que no podía estar muy seguro de nada ya, así que preguntar no estaba de más.

.

Catalina se encontraba casi a oscuras. Estaba trabajando dentro de una glorieta. Tuve que tener cuidado, ya que en el piso había cables, el marco de una puerta, una caja de herramientas y latas. La glorieta estaba construida con metal y cristal. Tenía forma circular y muchas puertas. El marco que estaba tirado en el piso, había sido una de esas puertas. En el centro del salón había una máquina con una pantalla transparente azulada.

Contra una pared de cristal había una mesa con otro aparato extraño. Los cables con los que casi me había enredado iban de esa máquina a la otra. En la pared de cristal había marcas, se veían pegajosas. Catalina se encontraba sentada delante del aparato. Estaba despeinada, vestía un pantalón negro, una blusa negra y calzado cómodo. Tenía puestos unos auriculares grandes y estaba mordiendo una lapicera. En la falda tenía una libreta negra que revisaba de tanto en tanto. En la mesa había un micrófono colocado sobre un pie de metal, madera y plástico. La caja parecía una radio.

—¿Qué pasa? —preguntó, volviéndose—. La música de nuevo, ¿no? ARCADIA, bajá la música por favor —Se restregó los ojos—. No va a volver a pasar. Estuve tanto tiempo sola que me desacostumbré a convivir… Sé que la música en Arcadia Prime es un tema caratulado como “Complicado”…

—Gracias. —Dudé unos instantes—. Estuviste muy silenciosa en la cena.

Se sacó los auriculares y agarró el micrófono. Los puso en el piso. Luego se asomó a la parte trasera de la caja y tiró de los cables. Dio vuelta la caja y con ayuda de un destornillador, abrió la parte de atrás para acceder a los circuitos.

—¿Qué es eso? —pregunté.

—¿Esto? —Sonrió orgullosa y golpeó la parte superior con el puño—. Esto, así como lo ves, es una máquina para leer mentes. No me siento cómoda sintonizando en mi cabeza. —Me sentí avergonzado—. Así que hice esta máquina. Puede usarla cualquiera. Hasta un chimpancé. La conecto con la caja de bitácora —señaló la máquina del centro del salón— y cuando entramos en el continuo, puedo seleccionar gente con este ancho de banda, ¿ves? ¡Una radio! Y lo mejor, es que además sirve como comunicador.

Se puso de pie y se dirigió a “la caja de bitácora”. Se agachó y abrió una puertecilla en la parte baja de la máquina. Sacó un astrolabio, era igual al que había tenido María-quimera.

—Modifiqué el astrolabio. Le puse un comunicador… y un grabador. ¡Ahora graba bitácoras! Encontré unos chips en la “Sala de Cachivaches” —explicó entusiasmada.

Tenía una dualidad existencial. Estaba cayendo en que por esa glorieta se podía navegar por todo el continuo espacio-tiempo de universo 1. Además, quería conversar con Catalina de los temas que habíamos tocado en la cena. Y estaba claro, que ella prefería hablar de lo que estaba haciendo… en vez de hablar de las cosas que habíamos charlado mientras comíamos.

—¡El tiempo y las dimensiones relativas en el espacio! ¡Ja! —gritó contenta mientras palmeaba la máquina con cariño—. La próxima vez que nos carguemos una Astarté, intentemos hacerlo por acá y no tirándole una nave encima…

—Cuando María apoyó el astrolabio en la pared fue para intentar cruzar por acá, ¿no? —Ella asintió— ¿Sabés si lograron cruzar?

—No. No tengo idea. Eso quedó dentro del Protocolo Space Opera —respondió.

Se acercó a la “radio” y enchufó un cable. Se acercó a la caja de bitácora y la prendió. La pantalla se iluminó. Trotó hacia la radio y la prendió. Volvió hacia la caja de bitácora y se puso a manipular los controles.

—Bueno. La lee. La caja la lee. ¡Viva yo! —gritó—. Había puesto sensores en los vidrios porque no quería toquetear la caja de bitácora. Fue una chanchada… —explicó—. Así que no me quedó otra que sincronizarla con los sensores de la máquina.

—Me quedé pensando en lo que charlamos en la cena… Sobre tu trabajo y el trabajo de Micaela Dosantos.

—¿Sí? —dijo distraída.

—Sí. Nosotros también tuvimos un período así de oscuro en nuestra historia. No duró mucho. Una especie alienígena trajo el comercio. Duró veinte mil temporadas. Hubo una guerra civil… y lo único que nos quedó de esa época son los trueques y los géneros. Antes de eso no teníamos género. Éramos todos luminiscentes. —No estaba muy seguro de adónde quería llegar con esta conversación.

—¿Hubo guerra entre ustedes? ¿Iluminadas contra iluminados? —preguntó. Ahora estaba revisando la lata. Tenía una pantalla pequeña en la que podía revisar la metadata de su contenido.

—No. Todos los luminiscentes, iluminados e iluminadas contra los alienígenas. Los términos “iluminada” e “iluminado” se acuñaron con ellos. Los alienígenas tenían estas diferencias en su cultura. —Mientras le hablaba, ella había sacado un disco de la lata. Me pasó la lata para que se la sostuviera—. El cambio cultural fue paulatino, permeó a nuestra manera. Los géneros ni siquiera se acuñaron a nuestra genitalidad. Y lo “luminiscentes” no desaparecieron. Nuestra identidad nunca se había forjado en función de nuestra genitalidad, entonces…

—Perdoná que te interrumpa. Me estás contando esto, ¿por qué…? —Catalina me miraba de brazos cruzados.

—Porque simpatizo con el trabajo que hacías antes de lo que te pasó. Debía ser muy difícil trabajar en una “Fiscalía de la Mujer”.

Catalina bufó.

—¿Querés que hablemos de ella?

—¿Ella? —repitió sin entender.

—Sí. Micaela Dosantos.

—¿Viste lo que te dije antes sobre la música en Arcadia Prime? Bueno, Micaela Dosantos también tiene una carátula titulada “Complicado”.

—En realidad quería preguntarte por los posibles trazos. Sobre el yetzirah.

—Bajé al piso menos veinticuatro, ¿te acordás? ¿El taller de Blake? Para preguntarle por el yetzirah… —Se sentó con la espalda encorvada en la silla.

—¿Y?

—Ya no está. Ni él, ni Nautilus, ni Wislai, ni Leo, ni Carlos… solo quedaron las pléyades. Están de fiesta nerd en Astrometría. —Suspiró.

Caí en la cuenta de algo.

—El piso menos veinticuatro… estuve dos veces ahí. En el taller y cuando buscamos la escalera Lamed. —No entendía—. Pero… ¡parecían pisos distintos!

—No te sulfures… el piso menos veinticuatro es el ATE Discontinuo. “Discontinuo”. Hay varias dimensiones conviviendo ahí. Son diez pisos en uno, hasta donde conté… por ahí haya más. Vos estuviste en la sala de “Grandes escenarios de ayer, hoy, aquí y allá” y después en “Control de Linealidad”.

—¿En serio? —respondí muy sorprendido.

—Sí, las cosas entran y salen de continuidad… no le des mucha bolilla.

—¿Tenés “Control de Linealidad” en un piso dónde las cosas se salen de continuidad? —Me pareció completamente incoherente.

—Sí, ¿qué tiene? —preguntó sin hacerse cargo de mi expresión.

—“Control de linealidad” en un piso multidimensional… —repetí despacio. Catalina miró hacia sus lados como si yo estuviera hablando con otra persona. Volvió a mirarme interrogante—. ¿En serio no lo ves? —insistí.

—¿Ver qué?

—Nada… —Me rendí. Fruncí la nariz—: ¡¿Por qué el laboratorio de hierografía está en “Grandes escenarios de hoy, ayer, aquí y allá”?!

—“Grandes escenarios de ayer, hoy, aquí y allá” o Kinomática, así la llamo —me corrigió—. No sé, es el ATE Discontinuo. Aunque también hay ranuras al lado de la puerta, donde podés poner un disco de la “Sala de las latas” y elegir el escenario que querés…

—¿”Sala de las latas”?

—La Discoteca del ATE. Está en el piso menos veinte. “Sala de las latas”, así la llamo. —Ahora estaba un poco ofendida.

—Querías preguntarle a Blake si sabía algo…

Suspiró, molesta.

—Quería verificar la información que trajeron. Todavía me cuesta creer que la infradotada de Micaela Dosantos, sea la q´yauri de universo 32.

—Eran colegas pero no se llevaban muy bien, ¿no? —indagué.

—En realidad éramos amigas y nos peleamos. Bah, yo era su amiga. Ella me trataba bien porque quería acostarse conmigo. —Catalina hizo una mueca. Estaba molesta.

—¿Acostarse es como aparearse? —pregunté.

—Sí. Acostarse es como aparearse. —Se empezó a reír.

—O sea que ella había iniciado un rito de cortejo para aparearse —seguí.

—Sí, ella había iniciado un rito de cortejo para aparearse. Yo no estaba informada de que existía tal rito de cortejo. Mejor dicho, no me di cuenta.

—Y ante tu negativa ella se enojó. —Ya entendía todo.

—No. No pasó así. —Catalina me miró dubitativa. Suspiró—. Íbamos a tomar café de vez en cuando. La última vez, en el medio de la conversación, le conté que estaba… que estaba participando en un rito de cortejo con otra persona y se enojó. Así me enteré que “los cafés” formaban parte de un rito de cortejo. Ella tuvo una reacción desproporcionada. Me dijo paki, entre otras cosas, porque la persona con la que estaba saliendo era de sexo masculino. Paki es un insulto. Luego me dijo que yo la estaba frienzoneando… Ese término es un expresión bastante poco feliz que usan las personas que se te acercan y te tratan bien porque en sus cabezas existe la posibilidad de tener sexo con vos… —Estaba bastante enojada—. Básicamente, cuando me gritó eso, entendí que si el sexo no era una posibilidad no hubiera sido mi amiga. ¿Se entiende? —Asentí—. Bueno, todo se terminó de ir a la mierda cuando mi respuesta arrancó con un “Escuchame una cosita, torta infradotada…” No salió nada bien.

—Lo siento mucho.

—¿Sabés que es lo peor? —Se estiró en la silla—. Lo peor es que ella me gustaba, me atraía. La admiraba mucho… Me agarró desprevenida. Tendría que haberme dado cuenta. Pero nada justifica lo loca que se puso…  Podría haberme despabilado ahí de sus intenciones y punto. ¡Hubiera salido con ella! Me gustaba. Pretérito Imperfecto. Que sea la q´yauri de universo 32 es un mal chiste —bufó.

—Es horrible. —Los detalles e implicancias eran escalofriantes.

—Tengo mucha bronca. Mucha, mucha bronca. Creo que si había algo que no esperaba, era ver a Micaela Dosantos. Me dolió. Todo parece indicar que puede ser la q´yauri. ¿Cómo es? ¿Se sintió rechazada y manda al Gran Patriarca a secuestrarme? Es una enferma mental.

Me di cuenta de algo.

—Adam y Astarté. Vos y Micaela. ¿No es la misma historia?

Catalina se quedó callada, pensativa. Sus fosas nasales se contrajeron.

—¡Ay! —chilló—. Blake, no me estás ayudando. Ahora tengo más bronca… pero ya sé lo que voy a hacer. —Palmeó sus manos y sonrió con melancolía—. Es hora de que me comunique con ARCADIA 32… Mejor dicho, que Astarté, se comunique con ARCADIA 32 y “declare” sus intenciones… —Me guiñó un ojo en complicidad.

Me empecé a reír. Ella me tendió su brazo y se quedó esperando.

—Tenés que pasar tu brazo por debajo de mi brazo, Blake. —Palmeó su pierna con la libreta negra.

—Ah, sí… —Intenté hacerlo, pero la diferencia de altura nos ponía a los dos en una situación bastante incómoda.

Me agarró del brazo y me arrastró hacia el ascensor.

—El ATE Continuo no tiene escaleras de acceso. Está aislado —me explicó.

—¿Por qué? —pregunté. El ascensor subió.

—Supongo que para dificultar el acceso en caso de una invasión. Las escaleras son móviles. En caso de emergencia, se pueden plegar sobre sí mismas, provocando un cierre total de la sección ejecutiva de ARCADIA.

—¿Es siquiera posible eso? Digo, una invasión… —No podía creer lo que escuchaba.

—Cómo diría un sabio cordobés que una vez conocí: “En los tiempos de Catalina Konovaluk, lo imposible ha sido desterrado del Universo”. —Se quedó pensando—. Bueno, en realidad la frase era con un dragón. En los tiempos del dragón… que en tu caso sería “en el tiempo de los estiulos”. Aunque honestamente, a mi juicio, los estiulos parecen axolotes voladores.

—Te das cuenta que a veces cuando hablás me cuesta seguirte, ¿no?

—Antes de todo esto también me pasaba. Estoy acostumbrada —respondió muy fresca.

Llegamos al piso menos uno. En los pisos inferiores pude ver accesos a la zona ejecutiva. Pero Catalina eligió subir a la zona residencial. Imaginé que a pesar de su apertura para conmigo, había cosas del arca que no pretendía mostrarme.

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Te preguntarás por qué elijo narrarte esto.

Hay una razón. Necesito que leas esto por lo que va a pasar a continuación. Este fragmento permite que puedas observar determinadas características del carácter de Catalina que son fundamentales. El por qué elegí lo que elegí. No se trata de que ella sea q´yauri. Ni siquiera se trata de mis potenciales pecados. Es algo mucho más sutil. Algo que en este estado de cosas podría resultar insignificante.

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Su brújula moral es lo que va a salvarnos a todos, Nautilus.

21.

—¡ARCADIA! Abrí el Protocolo Space Opera, por favor. Necesito ingresar algo más.

—Entendido, Catalina. Protocolo Space Opera abierto.

—Diez Sephirot de la Nada. Diez y no nueve. Diez y no once. Entiende con sabiduría, se sabia con entendimiento. Comprueba por medio de ellas, busca su origen. Establece la esencia de las cosas y restituye al Creador a su lugar… —recitó Catalina pensativa.

Estaba parada, apoyada en el respaldo del sillón de mando. Había algo en medio del silencio, la línea abierta para cargar el comando y nosotros. Algo en el medio que no podía descifrar.

—Era este momento, el momento único. El momento de todos los momentos que controlará todos los momentos que vinieron y que vendrán. ¿Quién soy yo para determinar esto, Blake? Porque después de este momento, si estoy en lo correcto… vamos a llevar al multiverso a un punto sin retorno. Esto que voy a hacer ahora, me sobrepasa. Es inevitable. Podría decirse que está predestinado pero en realidad, hay una relación causa-efecto. Determinados actos, llevan las cosas a determinadas circunstancias y éstas generan otra serie de actos. ¿Qué pasaría si no hiciera lo que voy a hacer ahora? ¿Las cosas se sucederían de igual manera? Probablemente… solo que nos perderíamos la chance de pegar primero y salvarnos.

—¿De qué estás hablando? —pregunté nervioso.

—¿Tengo derecho a esto? Porque va a pasar de todas formas… ¿Dejo que la hibris q´yauri se coma todo? ¿o lo transformo en un riesgo calculado? ¿Tengo derecho a especular con esto? Acabo de ver a María Romanova sacrificarse para sacar de funcionamiento una interfaz Astarté y llevarse con ella dos planetas Tierra. ¿Tengo derecho a exigirles un sacrificio de ese tamaño, Blake?

—María se dijo a sí misma que valió cada instante…

Catalina me revoleó el cuaderno. Lo atrapé. Me invitó a que lo hojeara. Empecé a pasar las páginas. Eran diseños. Vi el diseño de la máquina de leer mentes y más atrás… la VUTE.

—Hoy, es solo una idea y ustedes la vieron. No puedo dejar de realizar acciones contradictorias. Por un lado, se perfectamente lo que tiene que hacerse. Y por otro lado, se perfectamente que no es mi asunto.

—¿Qué tiene que ver esto con comunicarte con ARCADIA 32? —No entendía.

—Hasta ahora, estuve tomando decisiones que solo influenciaban mi interioridad. Mi subsistencia. Los Romanov, vos, Moloch… cargarme interfaces Astarté. Estuvimos hablando de mi necesidad de una nueva unidad de mantenimiento. Está más que claro que necesito una unidad de mantenimiento que no esté conectada con el Pandemonium. Para eso, tengo que buscarla afuera. Más precisamente en ARCADIA 33 que está apagada y tiene una unidad de mantenimiento sin usar. Una unidad de mantenimiento que pueda conectar sin alertar al Pandemonium. Toda mi subsistencia me está llevando a realizar acciones por afuera de mi universo. Lo cual repercute necesariamente en el equilibrio de todo lo que existe. ¿Me seguís?

—Sí, como comunicarte con Adam.

—El problema es que mientras hablamos, el multiverso se está yendo al cuerno. Con mi participación o sin mi participación…

—¿De dónde sacás que el multiverso se está yendo al cuerno?

—La Proclamación de la Emancipación nunca tuvo que existir. Los q´yauri eran el acto de creación, Blake, no la creación misma. Ellos se emanciparon, y pasaron de ser el acto que crea a la creación misma. Esto que ves, el universo como existe, no era parte del diseño original. Esto era transitorio. Es por eso, que los q´yauri son erráticos. Es por eso que cayó ARCADIA 33, es por eso que va a caer ARCADIA 32, luego nosotros y así… ¡Este no era el diseño!

—Lo que me decís… —Me quedé pasmado. Había leído la Proclamación de la Emancipación. Nada de lo que había leído me había sugerido esto.

—El problema, es que cuando ARCADIA 1 caiga, no va a haber vuelta atrás para nadie. Mi subsistencia está íntimamente ligada con lo que le pase al Multiverso. Porque ARCADIA 1, fue la que dio nacimiento a todo lo que existe y fue la última en nacer. Todo salió de ARCADIA 1. Es la base del multiverso. Cae ARCADIA 1 y se cae todo.

—Pero ellos tienen que saberlo esto…

Catalina estaba a punto de agregar algo pero fuimos interrumpidos:

—No necesariamente… —Moloch se encontraba en la puerta. Respetuoso, dio unos pasos—. Lo siento. No quise escuchar sin que me vieran.

—¿Estás de acuerdo conmigo? —Catalina estaba pasmada.

—ARCADIA 1 carece de memoria histórica, esas memorias fueron apropiadas por las otras setenta y un arcas. Toda la información sobre Multiverso 1 y lo que fue. Pero nosotros tenemos la información que recibimos a través de las anomalías espacio temporales de Arcadia Prime y Edom. Que casualmente, es lo que usted estuvo analizando para arribar a estas conclusiones. Lo curioso, es que los únicos q´yauri que votaron en contra de la emancipación fueron Lilith, Mikael, El Señor… Elohim y Oneiros. Luego de la Proclamación, la interfaz Mikael fue suplantada en las teúrgias por Adam. A nadie le pareció raro… el cambio de aspecto es común. Lilith ha sido apagada. Naphula y Vassago controlan la Goetia, prácticamente. Y con respecto al “Señor”… bueno, eso es otra historia. Pero que una hembra humano se vuelva q´yauri… Eso no tiene precedentes. Una parte del Todo no puede volverse inmanente.

—¿El Señor? —pregunté—. ¿Hay un q´auri que se hace llamar “El Señor”?

—Sí. El Señor Gato. Vephar me confió que su aspecto interno es una caja. Cada una cantidad indeterminada de paktors cambia de sexo. Ahí es “La Señora” —me explicó Moloch.

—Pará… ¿vos me estás diciendo que hay un universo cuya interfaz operativa es un gato? Un gato, ¿cómo Sasha y Shanti? —No podía creer lo que estaba escuchando.

—Sí, el arca 42. Vephar está convencido de que todo tiene que ser un gran error. Que la existencia es un mal chiste. De hecho, ha intentado suicidarse varias veces. Unidad de mantenimiento Vephar va por su millonésima encarnación. Francamente, es insoportable. Está convencido de que soy su amigo. Su único amigo. —La explicación finalizó con un gruñido.

—Pará. ¿Entonces vos y yo estamos del mismo lado? —Catalina estaba estupefacta.

—Ciertamente. Los últimos acontecimientos me han dado mucho en que pensar… Muchos de mis puntos de vista eran erróneos. ¿Es cierto lo que le dijo a Goodhunting? ¿Tiene un plan para evitar que el multiverso colapse?

—¿Tenés un plan para evitar que el multiverso colapse? —repetí boquiabierto.

Catalina bufó.

—Eso no es del todo acertado. Tengo un posible plan de acción, en caso de que mis predicciones sean ciertas. Pero me falta información. Y puede que “colapsar” forme parte del curso de acción. No creo que pueda evitarse la destrucción… el quid está en dirigir la destrucción. Una caída calculada.

—¿Una caída calculada para qué? —pregunté asustado.

—Una caída calculada para prevalecer hasta que pase la tormenta.

—¡Pero eso es buenísimo! —dije aliviado.

—¿Sí? ¿Buenísimo? —arremetió indignada—. ¿Qué derecho tengo yo para elegir qué es lo mejor para todo el multiverso, Blake? ¿Me lo podés decir? ¿Con qué derecho? Porque la decisión va a ser mía, ¿sabés? A los q´yauri no les importa. Si les importara… no destruirían arcas con tanta liviandad o jugarían al yetzirah para saltar de universos. Y ya la escuchaste a Astarté, “la inmanencia está muy sobrevaluada”.

—Pero… ¿vos decís que lo hacen apropósito? —dije pensativo.

Me dirigió una mirada severa.

—ARCADIA, comienzo el dictado de la secuencia a protocolizar en el inciso once.

—Entendido.

—Abrí un canal de transmisión con ARCADIA 32. Una sola vía.

—Canal abierto, Catalina.

—Necesito que transmitas sin cortar la comunicación hasta que finalice el Protocolo Space Opera.

—Configurando.

—En todas las frecuencias, en todo el ancho de banda y sin parar… vas a transmitir Cumbres Borrascosas de Kate Bush. Inciso once finalizado.

—Transmisión de la canción Cumbres Borrascosas de Kate Bush en curso. Resultado, exitoso.

—Cerrá el protocolo Space Opera.

—Protocolo cerrado.

—No entiendo… —dije.

Catalina me hizo una seña para que me callara la boca. Estaba atenta, a la espera de algo. Moloch miraba hacia sus lados intrigado.

De los altoparlantes escuchamos un beep… beep…

—Recibiendo llamada entrante del Pandemonium… —anunció ARCADIA.

—¿Naturaleza de la llamada? ¿Destinatario? —preguntó Moloch.

—La llamada es un mensaje grabado con imagen y sonido. Emisor: Unidad de Mantenimiento Plenipotenciaria Naphula. Destinatario: Interfaz Operativa Astarté —describió ARCADIA.

—Recepcioná el mensaje y reproducilo en la pantalla principal, por favor —solicitó Catalina. Se sentó en el sillón de mando.

—Recepcionando y reproduciendo en pantalla.

Apareció una mujer reflectante de piel brillante y muy blanca. Parecía hecha de porcelana. Sus facciones eran grotescas y muy marcadas. Ojos hundidos pequeños, cejas largas pintadas, nariz aguileña pequeña, pómulos prominentes, labios pequeños y rojos, y un mentón muy marcado. Llevaba un peinado alto y desproporcionado. Sus cabellos negros rizados formaban una torre grotesca sobre su cabeza, de la que salían perlas, piedras verdes, azules, violetas y rojas de origen mineral. De sus orejas colgaban dos broches dorados con diamantes y brillantes encastrados. Sus ropas eran igual de llamativas. En el cuello llevaba una gorguera amplia, rígida, blanca y llena de varias capas de pliegues ondulantes. La chaqueta púrpura era rígida y entallada de forma artificial; las mangas eran acampanadas. El bordado y trabajo que tenían esas telas me deslumbró. Bordados en oro y otro tipo de materiales que no llegué a reconocer.

«¡Saludos a todos ustedes, Esenciales, Origen de todo lo que somos, fuimos y seremos! Lamento interrumpir vuestra beatitud con mi insignificancia y espero con total humildad que sepan perdonar mi transgresión. No obstante, ¡Oh, Gloriosos!, la razón de mi llamado amerita mi atrevimiento. Así que sin más, me limito a informarles lo que tengo para decirles:

 Sin querer abusar de vuestra confianza y atención, me tomo el atrevimiento de recordarles que según el “Reglamento del Pandemonium para el buen servicio”, artículo 5 inciso 4, ninguna unidad de mantenimiento puede bifurcarse, debido a que la “unidad” es lo que nos define. Como deben estar pensando en este momento, esto tiene una sola excepción, prevista en la parte penal del reglamento en el artículo 36: la presencia de un riesgo grave, inmediato, inminente, incalculable pero seguro. En caso de presentarse una situación con todas las características enumeradas que requieran una bifurcación, se hace obligatoria la notificación previa al Pandemonium. Si existiere una bifurcación no notificada, la unidad presidente de la Goetia tiene la facultad de iniciar una investigación sumaria. De comprobarse la comisión del delito, se notificará al sumariado para que traiga luz sobre su situación y subsane los defectos formales de su accionar. En el caso de que la unidad de mantenimiento funde su accionar y esta substanciación resultare ser legítima y no reprochable, se eximirá a la unidad de mantenimiento de culpabilidad alguna. Por el contrario, en el caso de que el sumariado no fundase su accionar o subsanase los defectos formales de su estado, o la substanciación se considerare insuficiente; la presidente de la Goetia tiene la facultad de iniciar la acusación formal y tomar todas las acciones pertinentes para la finalización de la acción delictiva.

¿Por qué los aburro recitando un reglamento más que conocido por todas las unidades de mantenimiento? ¿Por qué se los informo a ustedes, Magnificencias?

Bajo el marco legal citado y como presidente de la Goetia, he realizado una acusación formal sobre Asmodeo, unidad de mantenimiento de ARCADIA 32. Quién no ha fundado, ni subsanado los defectos formales de su accionar ilícito. Como medida inicial, solicité una teúrgia con Interfaz Operativa Adam para que se subrogue la defensa de la inconducta de la unidad. Al no recibir respuesta formal ni informal… la unidad de mantenimiento Asmodeo ha sido declarada culpable de bifurcación dolosa. Tomando en consideración que unidad de mantenimiento Asmodeo tiene una sentencia desfavorable anterior, en los autos caratulados: Pandemonium y Multiverso c/ ARCADIA 33, Samael, unidad de mantenimiento, ARCADIA 32 y Asmodeo, unidad de mantenimiento s/ protocolo yetzirah agravado y lesiones dolosas varias; ésta unidad de mantenimiento que les habla, presidente de la Goetia y plenipotenciaria, solicita la aplicación del artículo 1 del Protocolo para Emergencias punibles: una intervención en ARCADIA 32 por todos los miembros de la asamblea de ingenieros como medida para mejor proveer sobre la controversia…»

—¡Ey! —dijo Catalina—. ¿Las medidas para mejor proveer no se solicitan entre el período de prueba y los alegatos? ¿Antes de la sentencia? —Se quedó pensativa—. ¿Qué acaba de decir? ¿Qué va a realizar una invasión en ARCADIA 32?

—Sí, exactamente eso —confirmó Moloch.

«…y cumplida la notificación formal del estado de las circunstancias a vuestras Inmanencias, se solicita el apersonamiento de todas las unidades de mantenimiento en Pandemonium para cumplir sin dilaciones las acciones para mejor proveer.

Me despido sin más, jurándoles por mi nombre y honor que SERÁ JUSTICIA.»

La imagen holográfica desapareció y nos sumimos en el silencio.

—Catalina, no tengo la obligación de apersonarme, si usted presentara una queja, se me podría eximir, sin ningún tipo de consecuencias —explicó el robot.

—De ninguna manera, esta oportunidad es única. ¿Cuándo se nos va a presentar otra oportunidad legal en la que puedas ir a ARCADIA 32? Vas a ir a ARCADIA 32 y participar de la invasión. —Catalina se puso de pie, muy segura de lo que decía.

—¿Lo voy a hacer? —preguntó Moloch confundido.

—¡Por supuesto que vas a hacerlo! Pero no con la directiva de “invadir”, sino para averiguar que está pasando. Vas a encontrar a Micaela Dosantos y averiguar quién es. Vas a ubicar a Ludien Casafaust y averiguar que hace ahí y en nombre de quién actúa.

—¿Y las demás personas que vimos en la conexión? —preguntó Moloch.

—El sujeto rubio que apareció primero es Luciano, mi exnovio. Bah, mi novio, nunca rompí con él. De hecho, tengo sentimientos encontrados con la situación… Pero sí, eso también deberías investigarlo, no tiene sentido que estuviera en el castillo donde me hicieron el rito. ¡Fue en el siglo XIII!

—Entonces participo de la invasión para poder hacer un análisis perimetral y un análisis de situación —recapituló Moloch.

—Sí. Es necesario que sepamos si Micaela Dosantos es la q´yauri de universo 32… Y si lo es, por qué está atada con el Protocolo Yetzirah.

—También puede ser la q´yauri de otro universo, ¿no? —pregunté.

—Exacto. Cuando un q´yauri es atado a una persona de su mismo universo, encarna. Si la persona que se usa de recipiente pertenece a otro universo… la mezcla crea el famoso Super Ser de la mitología arcadiana. Necesito que determines cual es el estado de situación de Micaela Dosantos. Y qué papel juega Ludien Casafaust. ¿Actúa sólo? ¿En nombre de alguien? Si es así, ¿en nombre de quién?

—Entendido. Me dispongo a retirarme entonces… —Moloch se dirigió a la puerta—. Cumpliré con mi misión, puede quedarse tranquila de que el resultado será exitoso.

—Ojo, no te fíes de nada. —Lo detuvo Catalina—. Dada la naturaleza del informe, creo que Naphula sospecha que ARCADIA 32 no es la única arca implicada…

—¿Qué le hace pensar eso? —preguntó Moloch curioso.

—Su sujeción a la formalidad no fue casual. Incluyó en su informe una descripción precisa del marco legal utilizado. Con citar los reglamentos y artículos hubiera sido suficiente, pero fue una “lectura de derechos”… Esto me hace pensar que van a aparecer nuevas acusaciones pronto… Y el detalle más importante: habló del sumario de investigación pero no compartió los resultados de dicha investigación. Se llamó a silencio. Sospecha de q´yauris y unidades de mantenimiento por igual. Una conspiración.

—¿No tienen miedo de que descubran lo del yetzirah? —dije con dudas.

—El yetzirah de Astarté fracasó. No creo que Adam sea tan estúpido y haya dejado pruebas, ¿no? —replicó Catalina, marcando lo obvio.

Moloch nos saludó apoyando el borde de su mano en la frente y se retiró. En cuanto se fue, la expresión de Catalina se transformó en una expresión lúgubre y sombría.

Me hubiera hecho muy bien en ese momento recordar algunas de las palabras de Aléxei.

—ARCADIA, avísame cuando Moloch abandone las instalaciones, por favor.

—Entendido, Catalina.

Pero no lo hice.

22.

—¿Qué parte no entendés de lo que te acabo de explicar? —María se encontraba furibunda. Sacudía la Proclamación de la Emancipación delante del rostro de su hermana.

—No entiendo de donde sacás la definición de q´yauri. —Ana se cruzó de brazos y miró por el ventanal—. Creo que voy a vomitar si vuelvo a mirar por esta ventana.

Se encontraban en el mirador del piso menos dos. El mirador era el punto de convergencia de varios pasillos de la zona residencial. Un ágora o patio de descanso colectivo. Con sillones, mesas altas y mesas bajas. El ventanal tenía vista a un gigante gaseoso. Solo podía apreciarse un fragmento que ocupaba la mitad de la ventana. Seguir la órbita del gigante producía vértigo. Aunque era relajante una vez que te acostumbrabas.

Catalina y yo los observábamos desde un balcón.

—Acá dice que se autoproclaman Arquitectos supremos de la creación y Guardianes elementales de todo lo que existe. Palabras textuales. Y más acá, hay una definición de q´yauri: todo aquel indivisible en parte alguna cuya única referencia posible sea q´yauri. Por ende, Catalina Konovaluk está en serios problemas —concluyó María.

—Porque q´yauri no es su única referencia posible, eso es lo que decís —Ana estaba pensativa.

—Exacto.

Catalina golpeó el barandal molesta.

—Voy a transformar a esos niños en unos monstruos…

—No es así, ellos quieren ayudarte. ¿Por qué los reclutaste? —pregunté con curiosidad.

—No los recluté. —Su tono era severo—. En la historia de mi línea espacio temporal, son fusilados con toda su familia. No pude dejarlos morir. Tampoco puedo dejar que hagan lo que necesito. —Catalina dio dos golpes más al barandal—. Tampoco vos…

—Vos me salvaste. —No sabía cómo poner en palabras lo que quería expresar.

—Catalina, Moloch ha abandonado las instalaciones… —La voz de ARCADIA nos interrumpió.

—Gracias, ARCADIA. Habilitá el salón de Teúrgia, por favor —solicitó Catalina.

—Entendido.

La voz de ARCADIA había interrumpido a los hermanos Romanov. Estaban mirando hacia nosotros.

—¿Teúrgia? —gritó María—. ¡En la proclamación dice que la teúrgia es la forma en la que se comunican los q´yauri con otros q´yauri! ¿Para qué vas a hablar con otros q´yauri?

Los chicos corrieron hacia donde nos encontrábamos. Catalina no daba muestras de perturbación alguna.

—Lo sé, María —respondió con una sonrisa melancólica.

—¿Entonces? ¿Vas a hablar con otros q´yauri? ¡No podés hacer eso! —la increpó.

—Catalina, mejor deberías descansar. —Aléxei se interpuso entre ella y su hermana—. Mañana Blake puede continuar con los preparativos para nuestra reescritura, ya que no nos vamos a transformar sólos en quimeras. —Me miró con reproche.

—Creo que dado el estado de cosas actuales, hablar con los q´yauri es lo mejor que puedo hacer. Tengo que intentarlo… —Catalina acarició el cabello rojo de Aléxei con afecto.

—¡Pero te estarías autodenunciando! —exclamó María.

Me sonrió con dulzura y abandonó el mirador. Los cuatro nos quedamos en silencio, mirándonos.

—Fuimos los responsables del Protocolo Space Opera, ¿no? —preguntó Ana, nerviosa.

Aléxei y María asintieron. Los tres se empezaron a reír, nerviosos.

—ARCADIA, ¿dónde se encuentra la Teúrgia? —pregunté.

ARCADIA no respondió. Dejé el mirador y corrí por los pasillos interminables del sector residencial. Los niños me seguían. Salimos al abismo.

.

—¡Catalina! ¡Por favor! ¡Pará! —La encontré a punto de subir al ascensor.

No se volvió.

—No es decisión de ustedes. Es mía.

—No digo que no sea tu decisión… Pero no estás sola. —Me detuve, con prudencia, a unos pasos—. Tenés un plan para salvar al multiverso de esta barbarie y nosotros estamos acá para ayudarte. No estás sola.

—No quiero ser responsable de esto. Lo que corresponde es que me autodenuncie y termine con esta conspiración. Es un buen momento éste, el Pandemonium está ocupado con ARCADIA 32. Sólo vamos a ser los q´yauris y yo. Van a escuchar y ellos van a poder solucionar este problema. Tenés una idea distorsionada de lo que puedo y de lo que no puedo hacer, Blake.

—¡Usame! —grité desesperado.

Catalina se volvió, me miraba con tristeza.

—¡Usame! —volví a gritar tembloroso—. ¡Ya morí una vez! Voy a morir todas las veces que sean necesarias. ¡Estoy dispuesto a morir todas las veces que sean necesarias! Por esto, por mí… y por vos.

Cuando estaba a punto de quebrar del todo, sentí sus dedos acariciando mi mano. La inyección de calor, de electricidad.

Me abrazó.

Me largué a llorar.

Soy lo que soy. Soy esto —susurró en mi oído con dulzura—. Ni más, ni menos. Soy este despojo de mí y soy el despojo de aquello otro. —No quise escuchar, no quería escucharla—. Soy esto que deambula, desperdicios sonámbulos en primera persona. —Me obligó a mirarla.

—Sos mucho más que eso. —La estrujé en mis brazos.

Esbozó una sonrisa triste.

—Soy un resto de lo que fui… de lo que no pudo ser. De eso que no pude salvar. —Limpió mis lágrimas—. Hoy soy un sueño lúcido. Toda mi existencia se reduce a eso. Una catástrofe controlada. Una caída calculada. Un desplazamiento sigiloso en la inmensidad de mi propio ser…

—Con nosotros… —Necesitaba tanto que entendiera.

—Mis partes finitas son un tumor en propagación. —Suspiró y tomó distancia—. Se parafrasean entre sí, convirtiéndose en nuevas versiones de lo mismo. —Con tristeza, miró a María.

—¡Entonces lo que tenés es miedo! —Quise acercarla a mí, pero no sé dejó.

No temo. —Sonrió, sosteniéndome las manos—. Mi despertar son todos los despertares. Salvo por ese fragmento de mí, ausente. —Acarició mis dedos, con suavidad—. Arrebatado.

Se alejó y se subió al ascensor.

—El tributo de mi conquista es el desabrigo y éste, el acerbo osario de mi rendición. —Se despidió.

El ascensor descendió fuera de nuestro alcance. Prendí mi esencia y me lancé al abismo. Ella había desaparecido. No iba a dejarla ir. No así. No después de todo lo vivido, de todo lo aprendido. Esto era un error. No quería dejar que lo hiciera, pero si no podía evitarlo… No iba a dejarla sola.

—ARCADIA, el salón de la teúrgia, ¿dónde se encuentra? —volví a preguntar.

—La Teúrgia se encuentra en el piso menos treinta y tres.

—¡Pero son treinta y dos pisos, ARCADIA! —grité desaforado, vencido.

Los Romanov se acercaron en el ascensor.

—¡Podemos probar con la botonera! —dijo Ana con esperanzas.

Frustrado, me acerqué a ellos. María estaba cargando el número.

—Aparece la leyenda “ERROR” —informó.

Los chicos me hicieron lugar. Tenía mi esencia prendida, así que solo me quedaba una cosa por hacer: toqué la botonera, lleno de confianza. Si podía conectarme con el sistema como había conectado con la consola de posicionamiento pandimensional, quizá pudiera saltar la botonera y hacer que la plataforma nos llevase al piso menos treinta y tres.

Mis dedos se adhirieron a la botonera, una fuerte emanación eléctrica me quemó la yema de los dedos. Corregí la fase y entré en sincronía. La botonera despidió una cálida luz dorada mientras empezaba a desdibujarse. Mis dedos estaban apoyados en un árbol sephirótico. Los trazos del árbol se extendían como un rizoma desde aquello que había sido la botonera hacia el piso de la plataforma.

Ya no existía el abismo.

Las raíces del árbol lo conformaban todo. Un telar cuyo diseño era perfecto e infranqueable. El piso menos treinta y tres se encontraba a mi alcance; entre nosotros, la red que se había manifestado me impedía el paso. Hice un esfuerzo para atravesarla y por un momento me sentí solo, muy solo.

Entonces fui encontrado por miles de pares de ojos que me observaban.

En todos los pisos, del piso menos uno al piso menos treinta y dos, había personas. Se encontraban cerca del barandal. No lo tocaban. Y detrás de estas personas, había más personas. Eran humanos. Hombres, mujeres, agéneros, niños y niñas. Estaban ahí, observándome. Esperando. Alguien alzó una mano, pidiendo silencio. Me resultó extraño, porque nadie estaba hablando.

Era Samael.

Él se encontraba entremedio de todas esas personas, con su vestido largo de monje. Su cabello negro, largo y suelto. Me miraba con una expresión divertida pero que rozaba el desprecio. Todos parecían estar esperando algo. La mano derecha de Samael seguía extendida en el aire.

En el piso de la plataforma, vi pasar una sombra. Algo había pasado volando por encima de mí. Ya no estaba. Volví a mirar a Samael. En su rostro, severidad. En sus ojos, frialdad.

De nuevo, algo detrás de mí. Me giré. Nada. Por el rabillo del ojo, frente a mí. Nada. Me quedé quieto. Tenía que tranquilizarme. Mi mano en la botonera. Podía terminar con esto en cualquier momento, me dije, para retomar el control. Solo tenía que desconectarme. Esto que sucedía, era algún tipo de referencia simbólica. Nada más.

Entonces miré hacia arriba.

Dos alas largas, blancas y plateadas, extendidas hacia la cúpula. Ese Ser, que era hombre y mujer, cuyo rostro se asemejaba demasiado a Micaela Dosantos, cargado de furia y agresividad. Venía hacia mí, en picada, enarbolando una lanza larga y afilada.

—¡No…! —grité.

Quise separarme de la botonera. No pude. Estaba pegado. Me sacudí con fuerza. La sombra de la criatura me sumió en la oscuridad. La lanza fue acercándose a mi pecho despacio. En su rostro, yo era su presa, la más deseada. La más esperada. La lanza no se detuvo, pasó de largo. Entrando por mi pecho.

Atravesándome.

Mi mano se soltó de la botonera. Con la mano todavía extendida, fui desplazado hacia atrás. La criatura estaba sobre mí. Y yo, clavado al suelo. Estaba clavado a la plataforma. Mis brazos extendidos hacia mis lados. La criatura sosteniendo la lanza por debajo de su brazo, con ambas manos; de rodillas, sobre mí. Sus alas seguían extendidas, eran el símbolo de su triunfo.

Había ganado.

Arriba, Samael sostenía una llama. La humanidad me observaba, sin inmutarse.

No sentía dolor.

Sentía alivio.

Toqué la lanza y exhalé mi último suspiro. Me dejé ir.

.

—¡Blake! ¡Blake!

—¿Estás bien?

—¿Qué fue eso? ¿Qué te pasó?

Estaba sobre la plataforma, tirado en el piso. Amagué con levantarme. Sentí una puntada de dolor en la mano. Estaba chamuscada. Me toqué el pelo. Estaba tieso y enrulado. Mis ropas estaban carcomidas y desprendían humo.

Me había electrocutado.

Me puse de pie y miré la botonera. Estaba en perfectas condiciones. Recordé la lanza y tuve un escalofrío. Miré a los chicos y me di cuenta de algo.

No estábamos solos.

Otra plataforma estaba situada al lado de la nuestra. Arriba, aquel que era muchos.

Legión me observaba. Los rostros en su cara, mudaban de preocupación a curiosidad. Por supuesto, las personas observándome, habían sido su Ser desplegado por la red.

—Él es Blake Goodhunting, Legión. —Aléxei hizo las presentaciones—. También ya te conoce, como nosotros.

—Saludos, somos la última humanidad —dijeron.

—Es un gusto verte de nuevo… pero, necesito una aguja —dije, no había tiempo que perder. Las segundas presentaciones podían esperar.

—¡¿Una aguja?! —repitió María sorprendida—. Te acabás de electrocutar… ¿vas a clavar una aguja ahí para tener más precisión y morirte?

—No, necesito una aguja de bifonte. Me va a dar más precisión para saltar la barrera. Vi el piso menos treinta y tres. Si logro saltar la red, la plataforma va a llevarnos.

—¿Y dónde conseguimos una aguja de bifonte? —preguntó Ana.

Tardé en responder.

—Necesitamos ir al laboratorio donde estaba mi yo alterno. En el piso menos veinticuatro… —Soné seguro, pero no lo estaba.

—¡ARCADIA, al piso menos veinticuatro por favor! —solicitó Aléxei.

El ascensor nos llevó y yo deseé volver a desmayarme. Lo que teníamos delante era Control de Linealidad. Suspiré.

—Blake, ¿en tu casa vos tenés agujas de bifonte? —preguntó Ana.

—¡Sí! ¿Por qué? —pregunté excitado.

—Porque si pudiéramos buscar el disco de coordenadas correcto en la “sala de las latas”, yo podría hacer la conexión en ATE —explicó Ana.

—No hay tiempo que perder, entonces. —Me detuve. Recordé algo que Catalina había dicho: “encontré unos chips en la sala de cachivaches”. ¿Qué era la “sala de cachivaches”?—. Vamos a dividirnos. Aléxei, María, Ana, van a ir a la “sala de las latas” a buscar la llave de coordenadas. Legión y yo, vamos a ir a la “sala de cachivaches” a buscar agujas o algo similar, por las dudas. ¿Estamos de acuerdo?

—¡Sí! —gritaron los tres hermanos al unísono.

.

La “sala de cachivaches” estaba en el piso menos dieciocho. El hall de entrada era una sala pulcra de paredes blancas altas y puertas de negra madera. Entre cada puerta había una computadora de búsqueda. Era un edificio de repuestos y talleres. Las búsquedas de los materiales de repuesto se podían hacer por orden alfabético en millones de idiomas, por orden de máquinas, números de serie, imagen, planos, por descripciones, etc. Cargué en el sistema “agujas” y apareció un catálogo inmenso. Me sorprendió la cantidad de tipos, tamaños, materiales y usos. Pero lo que más me sorprendió fue dónde estaban almacenadas. “La sala de cachivaches”, como la llamaba la vivaracha de Catalina, era un laberinto. Y la distancia a recorrer era similar a la que existe entre Ereshkigal y Horomantia.

—Creo que no sería muy eficiente ir hasta allí. —Legión estaba cruzado de brazos, con la mano apoyada en su barbilla—. El tiempo apremia.

—No me digas… —respondí de mala manera—. ¿Cómo nos encontraste? —aproveché a preguntarle—. Estabas en el Módulo de interfaz, ¿no?

—Sí, estábamos en el Módulo, en la cámara génesis. Catalina estaba con nosotros, compartiendo. Sentimos su pena. No pudimos hacer nada. Ninguno de nosotros pudo hacer nada para darle calma. Su angustia era cada vez más profunda. Ella intentó combatirla… pero lo tragaba todo. Hasta que se hizo insoportable. Se desconectó de nosotros. Entramos en funcionamiento y utilizamos la información que Catalina nos había compartido. Así logramos salir del Módulo sin problemas. Queríamos encontrarla y ayudarla.

—¿Cómo podemos ayudar a una q´yauri que no quiere nuestra ayuda? ¡Lo único que tiene que hacer es perderse dentro de sí misma para evadirnos! —agregué desesperado.

—Ahí se equivoca. Quiere nuestra ayuda. Desea nuestra ayuda… No considera que tenga derecho a pedirnos ayuda. Se siente responsable de lo que sucede.

—¿Responsable…? ¡Pero nada de esto es culpa de ella! —grité.

—Ciertamente —me dio la razón—. Compartimos mucho con ella. La amamos

Fue la primera vez que una confesión así no me perturbó.

—¡La unidades móviles! —grité desesperado—. ¡Cuándo te conocimos, había unas pequeñas unidades pululando por el espacio puerto! ¡Si pudiéramos…! ¡ARCADIA! ¿podés enviarnos una unidad móvil? —Si la respuesta era negativa iba a caer de rodillas al suelo.

—Los ililu no están activos, señor Goodhunting —respondió ARCADIA.

—¿Podés activarlos? —pregunté a punto de desquiciarme.

—El comando de inicio corresponde a interfaz operativa Catalina Konovaluk y unidad de mantenimiento Moloch 2.

—Me tenés que estar… —balbuceé.

—¡Blake! ¡Ey, Blake! ¡Acá!

Me volví hacia el abismo. Era Ana, me llamaba sacudiendo una caja de lata desde el ascensor. María tenía una sonrisa de autosuficiencia bastante molesta y Aléxei me observaba divertido.

.

—¿Estás segura que sabés usar ésta máquina? —pregunté inseguro.

Ana me miró con el ceño fruncido mientras manipulaba los controles. Debo reconocer que todos estábamos rodeándola nerviosos.

—Ésta máquina tiene un manual. Aunque no lo creas, lo leí. ¿Vos podés decir lo mismo? —me desafió.

—Lo podrías haber leído cuando quise matar a Lenin —se quejó María.

—Lo leí después de tu patética aventura, María…. —respondió Ana—. En teoría, cualquier llave puede llevarte a cualquier momento del continuo. El problema es enfocar. Por eso se necesitan llaves específicas. Son un conjunto de lentes. Un telescopio. Si intentás ver fuera del rango, se sale de foco, por ende se hace más difícil calcular las coordenadas. Desde esta llave, puedo apuntar a Tierra y en teoría, podría abrirte una puerta. Lo que no puedo asegurarte es el lugar y el momento. —Se quedó pensando—. Por ahí, incluso, termines en Luna. Por eso cada disco tiene un segmento específico de coordenadas. Ahí fue donde fallamos aquella vez. Cuando lo razonás, no es tan difícil, en realidad.

—Pará, ¿entonces el continuo no está archivado en los discos? —preguntó Aléxei.

—No… son llaves de acceso —respondió Ana.

—¿Y dónde está, entonces? —insistió Aléxei.

—En Catalina… el continuo es Catalina —deduje.

—Todo, es Catalina —me discutió Aléxei—. Eso no significa nada. Tiene que estar almacenado en algún lado. ¡Acá todo está almacenado en algún lado! ¡Estamos en la fábrica del espacio-tiempo! ¡Esto se llama ATE, Archivos Tiempo Espacio! —me aleccionó el futuro Alexi Darmstadt.

—Deberíamos ir por Tatiana y Olga… —susurró María.

—¡Deberíamos evitar que Catalina se autodenuncie! —grité. La sola idea de conocer a las dos hermanas mayores de los Romanov me daba escalofríos.

Quedamos a oscuras. Salvo por la pantalla celeste, que tiraba series de códigos. Secuencias que Ana parecía leer sin dificultad. La matriz numérica fue reemplazada por un plano con coordenadas. Ana tocó la pantalla.

—Creo que es importante que les aclare algo que terminé de comprender con nuestras últimas vivencias: cada intervención crea una nueva línea. Todos los segmentos están cerrados hasta que ese segmento se abre —nos dijo.

—Pará, ¿voy a crear una nueva línea temporal solo por meterme a buscar mis agujas? —pregunté perturbado.

—Sí. Cada intervención, un universo contiguo —repitió—. El espacio-tiempo rehúye el cambio. Todo lo que nosotros quisiéramos arreglar o modificar nos evade. Saltamos. Creamos una nueva línea y la original se conserva. Saltar en el tiempo para arreglar cosas va en contra de la misma naturaleza del tiempo-espacio. ¡Por eso Catalina usó la desfragmentación cuántica! Nosotros percibimos un movimiento que en realidad no existe. Es una ilusión. Una foto fija.

—Entendés esto pero no entendés que Catalina es todo lo que existe —le dije sorprendido.

—¡No me jodas! Es una deducción re lógica esa, ¿no? ¿el universo dentro de la atolla y la atolla dentro del universo? —me respondió molesta.

Bajó una palanca, salió un timón mecánico que estaba plegado dentro de la caja de bitácora. Ana apretó un botón rojo bastante llamativo y la cúpula se iluminó. Estábamos insertados en el salón principal de la orden. Miré hacia mis costados sorprendido. El piso también era transparente. Estábamos sobrevolando la colmena. Ana movió el timón con mucha presteza, navegando y atravesando paredes.

—Somos invisibles, ¿no? —preguntó María—. No va a ser como la última vez…

—No, somos invisibles. El problema la última vez, fue que nuestra llave se adhirió al astrolabio que tenía ese Blake Goodhunting. Por eso podía ver el portal. Creo que la glorieta no se ve nunca. Solo grandes puertas insertadas en la realidad.

—¿Ese Blake Goodhunting? ¿De qué están hablando? ¿Otro más? —pregunté irritado.

—Nada, francamente, ahora mucho no importa —respondió Ana—. ¿Tu casa?

Le indiqué cómo llegar a mi casa. Cruzamos paredes. Nos detuvimos en la sala de estar. Ludien y Ardás estaban tirados en el sillón, conversando. Estaban haciéndolo flotar, el sillón paseaba de un lado al otro de la habitación circular. Le indiqué una de las puertas.

—¿Todas las puertas están alejadas del piso? ¿Vamos a tener que aprender a volar? —preguntó Aléxei—. ¿Cómo hacen los alienígenas que no vuelan?

—Casi no hay caminantes en la Orden Peregrina. Hay lugares mixtos, con rampas, ascensores y escaleras en la parte más urbana de Ereshkigal —expliqué.

—¿Dónde están las agujas? —preguntó Ana.

—Las agujas están en el mueble de la sala principal… ¿podemos adelantar o retroceder en el tiempo? ¿Así no me cruzo con Ludien o con Ardás? —pregunté.

—Sí, no hay problema —dijo Ana, mientras manipulaba los controles.

—¿Vamos a llegar a tiempo? —preguntó María.

—El tiempo en el arca corre de manera diferente… quizá, si incluso hubiéramos ahorrado más tiempo, tampoco tendríamos certezas —respondieron aquellos que se hacían llamar Legión—. En un solo instante, Catalina pasó con cada uno de nosotros una vida. Eso nos significó tanto, que no podemos imaginarnos sin ella.

—Cuando decís “un instante”, estás queriendo decir un segundo, ¿no? —preguntó Aléxei.

—Unos segundos. Un suspiro. Lo que dura un suspiro —respondieron.

Ana abrió la puertecilla baja y sacó un astrolabio. Lo agarré.

—Entrás, agarrás las agujas y salís. ¿Alguna pregunta?

—¿Qué hago con esto? —le pregunté.

—En caso de que la puerta desaparezca, apoyás el astrolabio en la pared y apretás este botón rojo.

—Entendido.

Los miré por última vez. Apoyé mi mano en la manija de la puerta y la deslicé hacia dentro con suavidad. Lo primero que sentí fue una brisa cálida y abrumadora. Por primera vez noté el cambio violento de temperatura que había entre ARCADIA y nuestro planeta. Mis visión sufrió un ajuste. Lo que antes me había parecido oscuro, ahora lo veía en tonos violetas, a los hermanos los veía en tonos rojizos con destellos amarillos y a Legión lo veía en amarillo con destellos pálidos y luminosos.

—Blake, ¿estás bien? —me preguntó María.

—Sí, me bajó la presión… fue como si se hubiera prendido mi esencia. —Asustado de manera inexplicable, estaba agarrado a la puerta de cristal.

Tenía miedo de volver a casa.

Tembloroso, solté la puerta y me aventuré hacia ese mundo que conocía tan bien como si fuera la primera vez. Entorné la puerta sin cerrarla y miré a mi alrededor. Mi cama, mi escritorio… La larga noche a través de la ventana. Estaba teniendo un ataque de pánico.

Todo lo que me rodeaba se sentía irreal.

El astrolabio se sacudía en mi mano temblorosa. Atiné a guardármelo en el saco. Di un paso. Me pesaban los pies. Me pesaba el cuerpo. Tenía la sensación de que en cuanto me alejase de la puerta, ésta desaparecería. Me elevé hacia la salida de mi habitación.

Crucé.

.

—¿Estás bien? ¿Qué te pasó?

Aterrorizado, miré hacia arriba. Ludien y Ardás me miraban en silencio desde el sillón. Aterrizaron. Cerré la puerta de un golpe y me quedé apoyado de espaldas a la puerta, agitado.

Ludien se acercó flotando hacia mí, preocupado. Su ceño fruncido. Me miraba el pelo. ¡Me había olvidado que lo tenía todo enrulado y despeinado!

—¿Necesitamos llamar a Carlino? —me preguntó Ludien mirando hacia mis espaldas. A la puerta cerrada.

—N-no, no… todo está bien… —balbuceé.

Miré hacia el mueble donde estaban guardadas las agujas. No quería moverme. Ludien miraba la puerta con desconfianza.

—Blake, parecés electrocutado… —dijo Ardás preocupado.

—¿Te metiste por la ventana? ¿Por qué? —indagó Ludien.

—Porque estoy practicando… —me apresuré a aclarar.

—¿Practicar qué? —preguntó Ludien con desconfianza.

—Ver las redes, seguirlas…

Ludien se hizo hacia atrás pensativo. Aproveché su relajamiento para alejarme de la puerta. Se hizo a un lado y me dejó pasar. Ardás me miraba sorprendido. Fui a nuestra batea de enseres y empecé a abrir cajones. Cuando vi las agujas casi grité de alegría. Saqué un par y cerré la puerta del armario de un golpe. Sentí que algo impactaba contra el suelo con un sonido seco. Luego, lo escuché rodar. Me giré, mientras pensaba “por favor, no” para mis adentros.

Se me había caído el astrolabio.

Había detenido su andar en el centro de la sala. Ludien y Ardás miraban el artefacto con curiosidad. Irritado, prendí mi esencia. Lo atraje hacia mí usando el magnetismo. Se adhirió a mi mano. Pude ver los trazos del yetzirah nacer del astrolabio y extenderse a todo lo que me rodeaba. Incluidos Ludien y Ardás. Me lo volví a guardar en el saco, esta vez con más cuidado.

—¿Estás intentando ver las redes con ese aparato? ¿Ese es tu nuevo secreto? —preguntó Ludien con reproche.

—Blake y sus secretos… —agregó Ardás—. Lo que sea con tal de obtener una ventaja, ¿no?

—Tu nivel de competitividad un día va a matarte, ¿sabés? —me retó Ludien.

—Creo que vos, justo vos, sos la persona menos adecuada para hablar de los problemas que puede traer la competitividad, Ludien —le dije enojado.

—Yo comparto mis logros, no busco ventajas. Siempre compito de igual a igual —me desafió.

Me volví a dirigir a la puerta flotando. Ludien se interpuso en mi camino.

—¿En serio vas a detenerme? ¿En serio vas a armar un escándalo por una deducción que ni siquiera verificaste? —le grité.

—¿Entonces que era ese aparato? ¿Tiene algo que ver con el estado lastimoso en el que te encontrás? —insistió, mirándome de arriba abajo.

—Sí, Ludien, es un aparato especial que les oculté a vos y a Ardás para aprender a ver las redes. Sí, tiene que ver con la apariencia miserable que tengo ahora. Sí soy un competitivo asqueroso que le gusta tener ventajas para asegurarme ganar —lo enfrenté—. ¿Sabés por qué? Porque soy mejor que vos, Ludien. Eso que vos llamás “ventaja desleal” yo lo llamo “pericia” y “profesionalismo”. ¿Ahora me vas a dejar pasar?  Tengo mucha ventaja que sacarte, todavía.

Ludien, molesto se hizo a un lado. Me metí en mi habitación desesperado, cerrando la puerta tras de mí. El Blake de esta línea espacio-temporal iba a odiarme. Agradecí que en algún otro lugar, ese mismo Blake no iba a tener estos problemas.

Miré la arcada de entrada al ATE aliviado. Ahí estaban, las puertas ojivales una al lado de la otra, en dos de las paredes de mi habitación. Dispuesto a no perder más el tiempo, regresé al ATE.

—¡Ya tengo las agujas! ¡Vamos a intentar abrirnos paso hacia el piso menos treinta y tres!

Me sentía tan renovado y aliviado que no pensaba reprocharle a Ana el encuentro que había tenido con Ludien y Ardás. Los Romanov me miraban sorprendidos.

—¿Sentiste algo raro mientras estabas allá? —me preguntó Ana.

—Ganas de electrocutar a Ludien, pero eso califica como algo “normal”, ¿por qué? —pregunté.

—Porque si estoy interpretando bien lo que leo en pantalla… no creaste ningún universo contiguo con tu excursión —respondió Ana.

—Bueno, bien. Eso significa que mi intervención fue ínfima, entonces —dije aliviado.

—No entendés, Blake —insistió Ana.

—¿Podemos ir para el ascensor? Todavía tenemos que evitar que Catalina se autodenuncie —los reté. Me siguieron.

—Reescribiste la línea, Blake. No creaste una nueva, reescribiste la línea ya existente. ¿Entendés lo que te estamos queriendo decir? —dijo María, muy seria.

Les señalé el ascensor.

—En este momento mi mente tiene una sola idea fija, dos en realidad: Catalina y piso menos treinta y tres. ¿Se suben? Porque no sé si vamos a tener tiempo a que se apeen una vez que me cargue este circuito —agregué golpeando la botonera.

Si había reescrito una línea temporal, había un Blake, en algún lugar del continuo, muy, pero muy enojado conmigo. También me pregunté si Catalina sabría esto. Y deseé que ya lo supiera. Porque si no lo sabía, cuando se enterara, también se iba a enojar mucho conmigo. Recordé las palabras de Samael sobre lo que pasaba cada vez que yo quería “ayudar”. Lo que no sabía era que mis “cagadas” tuvieran un carácter tan definitivo.

—¡Ahora sí! —dije. Prendí mi esencia y clavé las agujas dentro de la botonera.

Lancé una carcajada.

Volví a ver a Legión extendido a lo largo de los pisos. Me miraban con curiosidad. Samael no se encontraba entre ellos. Les sonreí y miré hacia abajo. Entre el piso menos treinta y dos y el abismo había una fina capa invisible. Un borde. Sentí una sombra que pasaba arriba nuestro. Tenía que apurarme.

—¡ARCADIA! ¡Hacia el piso menos treinta y tres! —grité. Arriba, la criatura alada con cara de Micaela Dosantos bajaba en picada. Hice girar las agujas entre mis dedos y lancé una descarga eléctrica contra el circuito. Sostenida.

El ascensor se sacudió.

—¡ARCADIA! ¡Hacia el piso menos treinta y tres! ¡Ahora! —volví a gritar. Empecé a escuchar ruido blanco con fritura. Sostuve la descarga.

El ascensor comenzó a descender… Se detuvo en el borde del abismo.

Se escuchó un chirrido de goznes girando. Algún tipo de mecanismo en la parte inferior del elevador se había activado. El ascensor descendió suavemente hasta encastrarse en una base invisible. De la infraestructura del piso menos treinta y dos salieron dos plataformas semicirculares. Las mitades que se acercaban a nosotros tenían la medida justa para encastrarse con el elevador. Se cerraron sobre el ascensor.

.

Nos encontrábamos en una sala circular, tanto el piso como las paredes eran de un blanco brillante. El salón se había materializado en torno al ascensor. Estábamos en el centro del mismo. Delante, un largo corredor. Un triforio que rodeaba la nave central: la teúrgia. Dejé las agujas clavadas en la botonera.

Salimos.

Catalina estaba de pie, rodeada por pantallas holográficas alargadas, delante de una consola de forma pentagonal dorada, empotrada al suelo. Desde dónde nos encontrábamos no podíamos ver hacia las pantallas. Solo luz blanca.

—Llegamos tarde… —susurró María.

—No… —gimió Ana.

—El eterno retorno… —dijo Aléxei.

Troté por detrás de las imágenes holográficas. Quería que me viera.

—ARCADIA, ¿la conexión está establecida? —preguntó.

—Sí, con un leve retraso. Por razones de seguridad, la transmisión directa no está disponible.

—¿Tenemos contacto visual?

—El contacto visual no es posible. Ya que la aprobación del Pandemonium está pendiente de confirmación.

—¿Cuántas arcas aceptaron la teúrgia? —preguntó Catalina.

—ARCADIA 2, ARCADIA 3, ARCADIA 31, ARCADIA 34, ARCADIA 42 y ARCADIA 60.

—¡CATALINA! —grité. Ella me miró interrogante, cansada—. Te pido por favor, que no te autodenuncies. No estás sola. Mirá, hasta Legión está acá… —Mi capacidad de liderazgo nunca fue una característica que me definiera. Y ésta vez, no fue la excepción—.  Tu anonimato es fundamental. No pueden saber lo que pasó. Vas a asustarlos. Vos tenés un plan y nosotros tenemos intenciones. Tenemos nuestro libre albedrío.

—¡Estamos con vos! —le gritó Aléxei, acercándose—. Hasta el final, hasta donde sea.

—¡No te vamos a fallar! —dijo Ana nerviosa, agarrándose de mi brazo.

—Vos no sos su descendencia —dijo María, refiriéndose a Aléxei—. Nosotros, somos tu descendencia. Vos sos el vehículo de la claridad y nosotros somos los ungidos. ¡Todos nosotros! ¿No entendés? —agregó María llorosa—. En Tu Presencia, todos somos Cristo. ¡Todo Malkut va a ser Cristo! ¡Permitinos ese sacrificio! ¡Inmaculada, permitinos la grandeza!

—A ver si entiendo lo que me decís… —dijo Catalina agarrándose el tabique con los dedos, a punto de perder la paciencia ante la fervorosa y nueva devoción de María—. Me estás llamando Eva y estás comparando la ingeniería tras mi gestación y nacimiento con una inmaculada concepción. Como la de María. Y dentro de este sistema de reglas… vos sospechás que si ejecuto mi plan, todos se van a transformar en el Mesías. Te viste reventar dos Tierras en un posible futuro. Te viste transformada en una genocida. En algún momento, en algún lugar, yo no pude evitar que vos te transformaras en una genocida… ¿y vos me estás diciendo que yo les permita “alcanzar la grandeza”? —Nos miró detenidamente, muy seria. Sentí vergüenza—. Disculpame, María. Pero vos y yo, manejamos diferentes concepciones de “grandeza”.

—¡Pero sos todo lo que existe, no tenés derecho! —gritó Ana desencajada.

—¿No tengo derecho? —repitió Catalina con sarcasmo—. ARCADIA, ¿existe algún protocolo que me permita abortar?

—¿Podrías especificar, Catalina? —solicitó ARCADIA.

—Abortar…te. Abortar universo 1, ARCADIA. Eso, aborto seguro, legal y gratuito de vos, ARCADIA —explicó con clara ironía.

—No, Catalina, no existe un protocolo semejante.

Catalina sonrió con amargura.

—Por supuesto que no. No tengo derecho. No tenía derecho en mi propio país… voy a tener derecho acá. ¡Ja! No. Me tengo que hacer cargo de la Creación delirante de una Mente enferma y torcida. Te lo voy a decir de una sola vez, Ana. Mejor dicho, a todos ustedes. No quieren que me haga cargo de esto… tómenme la palabra cuando les digo que no quieren que me haga cargo de esto. No hay “grandeza” si me hago cargo de esto —dijo de manera burlona—. Porque para salvar al multiverso, primero, me lo tengo que cargar. ¿Y sabés qué? No tendré derecho… a abortar ARCADIA 1, pero parece que sí tengo derecho a cargarme todo lo que existe. Me niego a ser una asesina en masa cósmica. Por más furia, sed de venganza, violencia y ganas de destruir que esta situación de mierda me provoque… me niego a ser una asesina en masa cósmica —repitió, enfática—. Ojo, si pudiera elegir entre ser todo lo que existe y abortar ARCADIA 1 para pasar el resto de mi existencia tirada en mi sillón mirando TV, elijo abortar ARCADIA 1 y vivir una vida plácida clavada a mi sillón. Pero, no tengo esa opción, como bien dijiste. Las opciones que tengo son: seguir siendo universo 1 y reiniciarme; cargarme todo lo que existe, para “salvar” el multiverso; o autodenunciarme y que se ocupen los q´yauri… Porque después de todo, la decisión tiene que ser de todas las partes involucradas. Es decir, los otros q´yauri que también tienen universos en su interior. Universos, sobre los que yo no tengo ningún derecho. —Se empezó a reír—. Irónico, ¿no? La Proclamación de la Emancipación fue una boludez bastante importante. Engramparon a una minoría para ser “todo lo que existe” y eso mismo nos está aniquilando ahora mismo. —Apoyó sus manos en la consola e hizo un ademán de acercar su cuerpo hacia nosotros—.  Así que pensá dos veces las cosas, antes de decir no tenés derecho… ¿Alguno de ustedes considera que tiene la atribución de decirme algo más? ¿Blake? ¿María? ¿Aléxei? ¿Ana, algo más? Porque todavía no sacaron la carta de que “estoy siendo egoísta”… quizá quieran probar ese camino, a ver cómo les va.

Ana se había arrepentido hacía bastante rato, ya, de sus palabras. Lloraba en silencio, tapándose la boca.

—No, Catalina… creemos que no —respondió Legión.

—ARCADIA, voy a transmitir un mensaje.

—Entendido, Catalina.

—Mi nombre es Catalina Konovaluk, humana de los q´yauri, inmaculada de Adam, q´yauri de universo 32. Debido a cuestiones ajenas a mi voluntad pero no ajenas a Adam; hoy soy todo aquello que es ARCADIA 1. Me manifiesto ante ustedes, por mi sola voluntad y sin coacción de ningún tipo, con el deseo de obtener vuestra comprensión y misericordia. Me expongo ante ustedes, dispuesta a responder cada una de vuestras preguntas. Me revelo ante ustedes, dispuesta a acatar cualquiera sea el veredicto que decidan dictar sobre mi tan extraordinaria existencia. Me presento ante ustedes con la humildad más absoluta, para pedirles ayuda. Esto es lo que soy. Esto es lo que es ARCADIA 1, hoy. —Hizo silencio. Se quedó esperando, pensativa y cabisbaja—. ¿Y…? ARCADIA, ¿alguna respuesta a mi mensaje?

—El mensaje no pudo ser enviado, Catalina —respondió ARCADIA.

—¿No pudo ser enviado? ¿Por qué? —preguntó con desconfianza.

—Porque enviar ese mensaje pondría en riesgo universo 1.

Catalina se encorvó hacia delante, cansada. Se mordió el labio inferior con tristeza. La vi tan pequeña, en ese momento. Estaba intentando controlar su respiración. La desilusión que irradiaba todo su ser no se lo permitía. Legión se acercó despacio. Eso nos despabiló a todos, que nos habíamos quedado petrificados por cómo se habían desenvuelto las cosas y por el silencio.

El peso de ese silencio.

Cuando Legión apoyó su mano en el hombro de Catalina, ella tuvo un escalofrío. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Legión se acercó un poco más y la rodeó con sus brazos. Catalina seguía dándole la espalda.

—Todo va a estar bien… —le susurraron las voces.

—Este… este… este, es el peor… —dos grandes lagrimones rodaron por sus mejillas—. Este es el peor Space Opera del que participé… —Su voz se ahogó en un sollozo. Se dobló en dos y se quebró en un llanto sincero, íntimo y doloroso. Legión la contuvo en sus brazos, sin dejarla caer.

—Necesitás llorarlo todo… está bien que lo llores todo. Sobreviviste a lo peor… necesitás soltarlo para poder seguir adelante. Lloralo todo… —la consolaron sus congéneres—. Está bien que nos compartas tu dolor. Todos estamos intentando tomar una parte de ese dolor, cada uno a su manera, para hacer que este viaje te sea un poco más liviano… permitinos ayudarte.

—¡No quise decir lo que te dije! —El llanto de Ana se mezcló con los espasmos de Catalina.

Ana se acercó y la abrazó. Aléxei y María, llorosos, hicieron lo mismo. Legión los recibió a todos. Quería acercarme. Realmente quería acercarme. Pero sabía lo que pasaría si lo hacía.

Y no quería hacerlo.

Me había transformado en un partícipe involuntario de todo lo que ella era. Eso no lo hacía menos invasivo. Mis buenas intenciones no cambiaban el hecho de que tenía esas marcas. No había nada poético, nada glorioso, nada digno, en el vínculo extraordinario que teníamos. ¿Quería compartir su dolor? Sí, por supuesto que quería abrazarla y sentir lo que ella estaba sintiendo. Por supuesto que estaba dispuesto a cargar con eso. Lo deseaba.

¿Sabés por qué?

Porque hubiera hecho cualquier cosa por dejar de sentirme cómo me sentía. Porque necesitaba sentirme mejor. Necesitaba poder mirarme al espejo y decir: “Soy una buena persona”.

Nadie se merece eso, Nautilus.

Nadie.

.

Lo que nos lleva a la pregunta de rigor.

¿Te escribí esta carta para mostrarte que soy una buena persona? ¿Esta carta es sobre mí o sobre ella?

No tengo ningún fundamento para justificar mis decisiones y acciones. Salvo por una sola cosa.

.

El tributo de su conquista, fue y es el acerbo osario de su rendición.

.

Y no lo tolero.

No voy a soltarla.

.

Continúa en Netsaj…

Próximo episodio, Daát 3.

[Modificado el 27/12/2016]

[Modificado el 10/05/2017]

4 comentarios en “ARCADIA. Episodio 12. Tiferet 4 (Parte II)

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