ARCADIA. Episodio 12. Tiferet 4 (Parte I)

18.

«Soy lo que soy. Soy esto. Ni más, ni menos. Soy este despojo de mí y soy el despojo de aquello otro.

Soy esto que deambula, desperdicios sonámbulos en primera persona.

Un resto de lo que fui… de lo que no pudo ser.

De eso que no pude salvar.         

Hoy soy un sueño lúcido. Toda mi existencia se reduce a eso.

Soy una catástrofe controlada. Una caída calculada.

Un desplazamiento sigiloso en la inmensidad de mi propio ser.

Mis partes finitas son un tumor en propagación. Se parafrasean entre sí, convirtiéndose en nuevas versiones de lo mismo.

No temo.                                                                             

Mi despertar son todos los despertares. Salvo por ese fragmento de mí, ausente.

Arrebatado.                                        

El tributo de mi conquista es el desabrigo y éste, el acerbo osario de mi rendición.»

 

Recuerdo cada palabra como si fuera un poema. Las siento porque me lastiman. Lo bueno del paso del tiempo es la perspectiva. Cuando el presente se transforma en pasado podemos tener una mirada diferente sobre las experiencias. Y para narrarte lo que sucedió a continuación, para aportar claridad a los hechos, es necesaria la mirada de mi yo actual. No necesito ser un milenario. Me alcanza con mis cincuenta temporadas.

 Algo que no había notado es cómo todo lo sucedido había influido en mi decisión de ser bifonte. Después de todo, el Blake milenario era hierofante. En aquel momento pensaba que la elección había estado supeditada a no seguir sus pasos. Pero no. Cuando pienso en esa decisión, la escucho a ella. Escucho sus palabras.

Esas palabras.

En esa época no estaba ni cerca de entender el gran dilema que Catalina tenía entre manos. Una mujer es secuestrada por un Ser semejante a un dios para ser víctima de un ritual siniestro cuyo objetivo es anularla para ser poseída por un pequeño aspecto consciente de otro universo. Esta mujer, con la ayuda de un hierofante corrupto logra dar vuelta el curso de los hechos. Ella se transforma en el aspecto consciente de ese universo. ¿Su deseo? Volver a casa. Recuperar la vida que perdió. Hasta aquí estoy repitiendo la historia conocida. Para volver a casa, Catalina Konovaluk tiene que dar un largo rodeo que incluye ayudar al hierofante corrupto y armonizar su propio estado interior. Esto se ve truncado cuando su brújula moral le impide dejar morir a tres infantes.

Entonces, Catalina tiene que trazarse un nuevo sendero.

En ese nuevo sendero, Catalina se cruza con dos elementos inesperados: la Proclamación de la Emancipación Q´yauri y  el resultado de las lecturas de Astrometría sobre el multiverso. ¿Te acordás? ¿Cuándo la vi rodeada de estrellas?

Vas a tener la ventaja de conocer información que yo en su momento ignoraba. ¿Por qué? Porque va a ser más claro para narrar lo que sucedió a continuación. No vas a tener que hacer el esfuerzo que hice yo para entender.

.

¿Qué es la Proclamación de la Emancipación?

Antes de la gran explosión solo existía una “Gran Mente”; Catalina lo llama Eso.

—Antes de la gran explosión solo existía Eso.

Eso me incomoda. Los q´yauri por una cuestión de comodidad y para evitar peleas innecesarias, llaman a la “Gran Mente” Los Creadores, que básicamente incluye todo: Eso, “Gran Mente” o cualquier nombre propio o palabra conflictiva.

La “Gran Mente” explotó y se transformó en el primer q´yauri. Ese primer q´yauri expulsó de su interior setenta y un arcas. A ese primer q´yauri se lo conoce cómo “el acto de creación original”. Un acto de creación que dio lugar a setenta y un actos de creación más. Porque cada ARCADIA es un acto de creación, no la creación en sí. Ese q´yauri, el primero en existir, fue el último en cruzar. Para hacerlo, tuvo que expulsarse a sí mismo. Se lo conoce cómo ARCADIA 1. La más joven y la más antigua.

La primera y la última.

En esos primeros momentos, los q´yauri estaban molestos por algo que Catalina no supo precisar. ARCADIA 1 no tiene memoria. Si existía algo que recordar, se usó para hacer las otras arcas. No es un dato menor. Porque si hay algo que tengo claro, es que existía algo para recordar… Ese dato faltante, es lo que llevó a los q´yauri a decidir “olvidar” a Los Creadores. Después de todo, del otro lado ya no quedaba nada. Ya que Eso había quedado implicado en la creación luego de explotar. Los q´yauri se erigieron cómo “arquitectos de la existencia” y “el comienzo y fin de todas las cosas”. Algo no muy difícil de entender. Ellos Son el multiverso. Ellos implican a Los Creadores, “Gran Mente” o Eso, y no al revés. Esta decisión se materializó en un documento: la Proclamación de la Emancipación Q´yauri.

Documento que fue firmado por casi todas las arcas.

En mi niñez quería ser escritor, ¿te acordás? Me dijiste que era demasiado inquieto para ese trabajo. «Lo más probable es que traslades a tus escritos parte de tu espíritu inquisidor, no queremos eso. La lectura tiene que ser un placer, Blake… no tiene que perturbar a la gente. Tu espíritu es conflictivo. Tu naturaleza es inconformista. Dudo mucho que alguien quiera leer tus oscuridades y temores para distenderse. En cualquier caso, es una pérdida de tiempo». Nunca supe porque me adoptaste. Siempre me sentí muy por debajo de tus expectativas. Por ejemplo, ahora estás preso por mi culpa, aunque eso te haya salvado la vida. Es más que probable, que cuando sigas leyendo, no justifiques para nada mis decisiones y acciones. Sin embargo, me preparé para eso.

No importa que no lo apruebes.

¿Por qué te digo esto? Porque mi relato está llegando a su final. Estos son mis fundamentos. Vos decidirás si fueron procedentes y si mi causa está lo suficientemente fundada. Ésta es mi defensa y te la presento.

Aunque vos no seas mi juez, ni mi verdugo.

19.

Habíamos irrumpido en el puente de mando 1 para nada. Había tres interfaces operativas, muy alegres, llevando a cabo procedimientos de rutina. En la pantalla holográfica frente al timón, estaba Tierra. No pasaba nada. Ni crucero de guerra del siglo XXIII, ni nada amenazante en puerta.

Catalina estaba de espaldas, sostenía un auricular apoyado en su oreja mientras manipulaba una perilla giratoria pequeña. A unos els de distancia, había otra interfaz. Era alta, musculosa y de tez rojiza; el yetzirah brillaba sobre su cuerpo. Los trazos ígneos estaban en constante movimiento y mutaban en símbolos que no conocía. Dos largas y afiladas astas nacían en su frente. Eran una diadema sobre sus cabellos púrpura. Su pelo estaba peinado en innumerables trenzas que terminaban en una larga cola. Sus ojos rojos eran luminiscentes. Estaba envuelta en una túnica entallada de color rojo brillante; encima de la túnica, llevaba una palla transparente dorada que llegaba al suelo, sujetada con un broche de bronce. En la cintura tenía un cinturón hecho de un material rugoso, decorado con gemas; del cinto colgaban dos pequeñas hachas de mano. Sus pies estaban protegidos por un calzado cuyo material se veía delicado, las sandalias se trenzaban hasta arriba del tobillo. El movimiento de ésta interfaz era grácil, orgulloso y rápido. La tercera interfaz, era Kali. La azulada criatura se encontraba maniobrando el timón, con cuatro de sus brazos.

—Creo que deberían escuchar esto. Estoy captando algo. Una señal…  —Catalina les hizo una seña a las otras dos.

—Decime ahora que no es un demonio… —susurró María.

—¡Shhh…! —Ésta fue Ana, molesta.

—¿Demonio? —La interfaz con astas nos observó con altanería e indiferencia. Tenía un timbre de voz grave y un extraño acento—. Cristianos… no importa si son evangélicos, católicos, ortodoxos, gnósticos o protestantes. Ven a sus pequeños demonios por todos lados… salvo en ellos mismos.

—¡En serio estoy captando algo! ¡No sé de dónde viene! ¡Parece una señal de ayuda! —insistió Catalina levantando la voz.

—¿En qué te basás para hacer esa afirmación? —preguntaron las cuatro voces de Kali.

Catalina se acercó a otra consola, furiosa. La interfaz de fuego nos estudiaba despacio, ignoraba a Catalina y a Kali por completo. Era más alta que yo y debo reconocer que me intimidaba.

—Surt. Ahora, soy Surt… —Con muchísima suavidad, acarició el rostro de María con una de sus largas uñas—. ¿Quieren que les muestre mi espada de fuego?

—No, en realidad —manifesté—. ¿Todo está bien por acá? —Miré de reojo a María.

—¿Por qué no habría de estarlo? —Surt se cruzó de brazos.

—Porque hablás con vos misma —intervino Ana asomándose, con el ceño fruncido.

—Estamos desconectadas entre nosotras, así me distraigo menos. —Los músculos de sus brazos se contrajeron, la estábamos impacientando. Relato esto, porque no podía mirarla a los ojos—. Ustedes no deberían estar acá. Tienen prohibida la entrada a los puentes de mando.

—¡Te digo que es un llamado de ayuda! —dijo Catalina impaciente, soltando el auricular.

—Deberían retirarse. —Dos dedos de Surt me agarraron de la barbilla y me obligaron a mirarla a la cara. Intenté no pestañar, estaba agitado—. “Picarón”.

—¡NO! —se metió María, impaciente—. Después de lo que nos costó llegar acá… ¿y vos tenés el tupé de echarnos?

—¡Aislé la señal, Pitufina! —gritó Catalina triunfal, golpeando la consola con los puños—. Y la ganadora es…

Catalina bajó una palanca, con fuerza. Un chirrido ensordecedor salió de los altoparlantes. Catalina ajustó la señal:

«Estas ofertas caras no nos enseñan… tu libertad no nos llega… la iluminación se nos escapa… la conciencia no nos moldea… ¿Cómo es posible que todas estas trivialidades nos lleven a las metas que vos alcanzaste? Vinimos acá para ser como vos y encontrar el mundo sobre el cual nos predicaste.»

—Encontraste una señal que está transmitiendo la ópera-rock Tommy… felicitaciones —respondió Kali, seca—. Ganaron los Who.

«Bienvenidos al campamento, adivino que todos ustedes saben por qué estamos acá, mi nombre es Tommy y yo me concienticé este año».

—Tenés razón, es… Tommy. —Catalina volvió a la consola, preocupada. Muy preocupada.

«Ahora ustedes no pueden oírme, sus oídos están verdaderamente sellados, tampoco pueden hablar porque sus bocas están llenas, no pueden ver nada… y el pinball completa la escena. Acá vienen los ayudantes voluntarios, para guiarlos a sus propias máquinas.»

—Va a pasar ahora… ¿me oís? —dijo Ana tirándome del saco—. Va a pasar ahora… todavía no pasó.

—Va a pasar ahora… —dijo una voz atrás de mí. Me había olvidado por completo de Aléxei. Su mirada estaba perdida en Catalina.

—¿Qué va a pasar ahora? —Surt estaba a punto de golpearnos—. ¿Van a pasar a un nuevo estado de conciencia? ¿Cómo la inconsciencia? —Nos amenazó con el puño.

—Llegamos antes. Lógico. —María se acercó a Catalina a zancadas y la increpó—. Sea lo que sea que estés haciendo, no lo hagas. La vas a cagar.

—¿Eh? —Catalina se volvió a ella distraída y molesta—. Acabo de encontrar una señal que transmite el musical Tommy por afuera del tiempo… No tengo tiempo para tus desvaríos.

—¡¿Por afuera del tiempo?! —dijeron al unísono Surt y Kali.

—¡ES LO QUE ESTABA INTENTANDO DECIR! —Catalina se tiró de los pelos furiosa—. El musical Tommy se está transmitiendo desde algún lado, por afuera de éste tiempo. ¡Algo dentro del ATE está transmitiendo Tommy entre las diferentes líneas de realidad! ¡¿No es increíble?!

—¿Podemos calcular de dónde viene? —Surt se acercó a una de las consolas, dándonos la espalda.

—Creo que sí… proviene de algún lugar de Malkut. Solo tenemos que surfear el continuo. —Catalina apretó un botón, en pantalla apareció una superficie compuesta por una cantidad innumerable de hilos en movimiento. En los bordes, se veían símbolos que no comprendía, salvo por una palabra: paktor.

—¡¿Tommy, podés oírme?! ¡Cambio! —Kali tenía un micrófono en mano, que sacudía con entusiasmo.

—Esto es una locura… —susurró Aléxei.

—Estamos en el epicentro del protocolo Space Opera… —María estaba mirando su computadora—. Ésta desquiciada lo va a hacer ahora.

«¡No vamos a aceptarlo, no vamos a aceptarlo! ¡Nunca lo hicimos y nunca lo haremos! Nunca quisimos ninguna religión y hasta donde podemos decirte, no vamos a aceptarte. Nunca lo hicimos y nunca lo haremos. ¡No vamos a aceptarte, vamos a abandonarte, vamos a violarte! En vez de todo eso, mejor vamos a olvidarte…»

No podemos estar seguros de eso. —Necesitaba pensar rápido. Los tres aspectos de Catalina interactuando entre sí me distraían.

—¿Es una broma? —replicó María, furiosa.

—¿Te das cuenta que los responsables podemos ser nosotros, también? —la cuestioné molesto.

—¿Nosotros? —preguntó Ana sorprendida y algo irritada.

María me miraba pasmada. Aléxei no dejaba de mirar a Catalina, pensativo.

Nosotros venimos arrastrando el protocolo Space Opera. Acá todavía no se manifestó. Y hasta donde sabemos, esto que está pasando acá, es un ciclo normal en ARCADIA —repliqué.

—Tu explicación es satisfactoria, salvo por un pequeño detalle. —Aléxei se volvió a nosotros.

—¿Qué “detalle”? —pregunté molesto.

—Moloch 4 y Catalina ya nos explicaron que el protocolo Space Opera fue la reacción a una interfaz Astarté autónoma. ¿Te acordás? —Aléxei sonrió satisfecho.

Las tres interfaces detuvieron sus quehaceres y se volvieron hacia nosotros.

—¿Interfaz Astarté autónoma? —Surt agarró a Aléxei por los hombros—. ¿De qué estás hablando, pequeñajo zarista?

—Quizá esa señal que descubriste… ¿”pequeñajo zarista”? —Aléxei no sabía si debía mirar a Catalina o a Surt—. Esa señal que descubrieron puede ser una interfaz Astarté autónoma. ¡Una trampa!

—¿Una trampa? —El tono de Catalina denotaba decepción—. ¿Una trampa de Astarté, con la banda de sonido de la película Tommy? —Frunció el ceño e hizo un gesto burlón—: Astarté, la q´yauri mata-niños, está intentando atraerme a través del tiempo-espacio… ¿utilizando Tommy de los Who como carnada?

—Si perdiera una de mis interfaces, buscarme con la banda de sonido de Tommy, sería una opción —afirmó Kali, pensativa.

—Claro, ahí está la clave —Catalina codeó a Kali en la cintura—. Si perdiera una de mis interfaces, no implica a Astarté de ninguna manera.

—Maxi Trusso —agregó Surt, con gravedad, mientras soltaba al “pequeñajo”. Aléxei estaba profundamente ofendido.

—¿Qué? —Catalina arqueó una ceja, sin entender.

—¡Qué me buscaría con Maxi Trusso! —exhaló Surt con vehemencia.

—Todos los acordes de guitarra y las canciones que hacen mi voz… me guían por la tormenta del rocknrolla… —canturreó Kali para sus adentros mientras asentía.

—Me imagino que ese Maxi Trusso es otro canta-autor… como ese Nino Bravo y otros grupos musicales que consumen, perdón, que consumís con tanta pasión… —Intenté no sonar irrespetuoso. No entendía cómo “estar desconectada de las interfaces” y “distraerse menos” estaba funcionando, exactamente.

—Pentatonix —Surt estaba muy seria, realmente se estaba esforzando.

—¡Daft Punk de Pentatonix en loop por todo Malkut! —afirmó Kali con expresión grave.

Catalina interrumpió la conversación:

—¡Eso! ¡Todas! ¡Deberíamos hacer eso! ¡Pentatonix!

—¿Esto está pasando? —me preguntó Ana.

—No entiendo que está pasando… —respondí algo confuso.

—¡¡BASTA!! —gritó María desaforada, interponiéndose entre las interfaces con las manos abiertas.

—María, tu mala onda me aberra. —Catalina molesta, se cruzó de brazos, ofendida.

—¿Sabés lo que me aberra a mí, “Catalina Konovaluk”? —siguió farfullando María—. A mí me aberra, que no te interesa saber qué hacemos acá… no te interesa saber cómo llegamos, ni los lugares dónde estuvimos, ni las cosas que descubrimos. Sos una fuerza de la naturaleza…. Caos… ¡Estás desquiciada! ¡Hablás con vos misma y no te das por aludida! ¡Ninguna de ustedes se da por aludida!

—No me doy por aludida, porque dudo mucho que esa señal sea de Astarté —respondió Catalina.

—Y si fuera Astarté —continuó Surt—, estoy lista para dar batalla. Mi lucha con ella es tan inevitable como mi prevalencia —agregó—. Ella es la ruina, va a caer.

—Soy el caos, el orden y la transformación. Yo soy… la naturaleza. Soy lo que soy —dijo Kali—. Resistirse es fútil.

—¡Ey! ¡Yo quería decir eso! —Catalina estaba enojada—. ¡“Resistirse es fútil” era mi línea!

—Somos q´auri, la individualidad es irrelevante —remató Kali. Catalina se sonrojó, furiosa. Kali le sonrió con maldad y le sacó la lengua. Una lengua larga, muy larga y roja que sobrepasaba su barbilla, enmarcada entre dos largos colmillos afilados. ¿Te dije también que era usual que le chorreara sangre de la boca? Bueno. Tengo sentimientos encontrados, cuando recuerdo ese aspecto de Catalina.

—Mmm… —Ana se acarició la barbilla—. Astarté en sus buenos tiempos debía pensar lo mismo, ¿no? Y no terminó muy bien eso. —Luego de terminar de hablar, Ana miró hacia otro lado, en un intento de atenuar la dureza de sus palabras.

—Acabo de entender todo. Necesita a su bufón. Urgente —dictaminó Aléxei, dueño de la verdad más absoluta.

—¿Su bufón? —pregunté sin entender.

—El boludo ese que hacía chistes, ¿te acordás? —me susurró—. Catalina, ¿dónde se encuentra tu unidad de mantenimiento suplementaria? —le preguntó decidido.

—¡¿Mi unidad de mantenimiento suplementaria?! —preguntó Catalina—. No tengo una unidad de mantenimiento suplementaria. ¿Qué es eso? ¿Cómo una unidad de mantenimiento de repuesto?

—En nuestro viaje, conocimos a Samael y a Legión… —Ana estaba intentando no perder la calma.

—¡¿Eh?! ¿En “nuestro” viaje? ¿Qué viaje? —Catalina estaba algo confundida—. ¡¿Legión?! ¿Legión de qué…? ¿Samael? En ARCADIA 1 están ustedes, el avatar de Soren, el de Blake, Wislai y algunos humanos que vienen en sueños… de hecho, Astrometría fue tomada por una chicas increíbles —agregó pensativa—. “Las Pléyades de la astrofísica”, las llamo.

—Eso es de Neil Degrasse Tyson, no tuyo —la disciplinó Surt.

—No hay ningún Samael y ninguna Legión… —Kali miraba la consola de comunicaciones.

Aléxei, María, Ana y yo nos miramos confundidos.

—¡La tengo! —Surt golpeaba un punto en el gráfico del continuo espacio-tiempo.

—¿Encontraste la señal? —Catalina se acercó interesada—. ¿Qué es eso?

Uno de los hilos brillaba en rojo. Catalina manipuló los controles y aisló la línea. Bajó los datos en otra pantalla. Las tres se quedaron en silencio. El punto en el gráfico general, seguía destellando. En la línea que Catalina había aislado el destello se debilitaba.

—¡Pitufina! ¡Al timón! —ordenó Catalina.

—¿Pitufina? ¿Otra vez? —Kali refunfuñando se acercó al timón.

—Ésta línea tiene bitácoras de Moloch asociadas. —Surt descargó las entradas en otra consola—. ¡Blake! Echale una mirada a las bitácoras. —Me señaló una pantalla cerca de la puerta. Sorprendido ante el requerimiento, tardé en responder—. ¿Necesitás ayuda de mis puños para moverte, Goodhunting?

Sin hacerme desear más, me acerqué a la consola y me puse a leer las bitácoras. María y Ana se dispusieron a ayudarme. Aléxei, se había sentado en un gran sillón de metal que había en el medio de la sala. Estaba inspeccionando los controles y descansando. Sus piernas estaban agradecidas.

—¿Cambios en el continuo espacio-tiempo? —María tenía su dedo apoyado en pantalla.

            Recibimos un sacudón. Nos agarramos de dónde pudimos.

—¿Cruzaste directamente? —gritó Catalina acercándose al timón.

—Sí… —Kali bajó una palanca y soltó el timón—. Fue un error, ¿qué hice?

—Si interpreto bien estas lecturas, creo que acabaste de crear la línea temporal a la que nos dirigíamos. —Surt manipulaba los controles con calma. El espectro había cambiado, en el gráfico podían verse muchas líneas, unidas a un solo punto. Una de las líneas estaba en rojo.

—Según Moloch, ésta línea espacio temporal apareció cuando falló el protocolo yetzirah de Astarté —comunicó María sin sacar la vista de pantalla.

—¡¿Qué?! —Me puse a leer la bitácora, me quedé helado: “Blake Goodhunting infectó ARCADIA con un virus llamado Catalina Konovaluk”.

—Chicas… discúlpenme —masculló Catalina—. Pero esto de estar separadas no está funcionando. Acabamos de crear una nueva línea espacio-temporal. Esto es un desastre.

—¿Podías evitarlo? Moloch la tenía ya bajo vigilancia. —María la miraba interrogante.

Ana me tiró del brazo y me señaló la pantalla del timón. El planeta Tierra giraba como un rombo. La geografía de Tierra cambiaba a muchísima velocidad.

—¿Estamos viendo Pangea? —preguntó Ana boquiabierta.

Una superficie partiéndose en varios pedazos, nubes que iban y venían. Explosiones, magma, verdor. Sol, Luna, Sol, Luna, Sol y Luna. Mientras, Kali bajaba palancas y presionaba botones, intentando no caer en la desesperación.

La puerta de entrada se abrió de improviso.

—¿Qué es esto? —Moloch ingresó al puente de mando 1 y se acercó a una computadora cerca del timón.

—Acabamos de crear la línea temporal que tenías bajo vigilancia… —se explicó Catalina—. Y estoy buscando el freno de mano sin éxito, querido. —Kali lo estaba buscando—. Si tenés algo para decirme o reprocharme, te sugiero que lo dejemos para después.

—¿Qué es eso? —preguntó Ana sorprendida.

—Eso es el Sputnik… —respondió Catalina con el ceño fruncido—. Estamos yendo demasiado rápido.

—Nuestra masa y densidad no están afectando el campo gravitacional de Tierra… demasiado. —Moloch estaba recibiendo información de los sensores—. Efectivamente, acaba de crear la línea espacio-temporal que tenía bajo vigilancia.

Las bitácoras que estábamos investigando, desaparecieron de la pantalla. Supuse que Moloch nos había sacado el acceso.

 —¿Cómo me detengo, Moloch? Los controles no responden.

—¿Lo que leo aquí es correcto? ¿Saltó sin cruzar por un túnel de interzona?

—Sí, Moloch, crucé directamente y estoy yendo hacia adelante…

En pantalla aparecieron cohetes, más satélites, cayeron satélites, la Estación Espacial Internacional comenzó a ensamblarse. Ahora sí…

Estaba pasando.

En algún lugar, yo estaba saliendo de mi habitación y estaba a punto de cruzarme con los hermanos Romanov. La comunicación con el puente de mando 1 estaba interrumpida, porque nosotros ya nos encontrábamos en el puente. En pantalla, vimos luces que intentaban alcanzarnos.

Estaban intentando interceptarnos por medio de sondas.

—ARCADIA forma parte de la mitología de Tierra —informó Moloch—. La línea temporal acaba de partirse en dos.

—¿En dos? ¿Qué querés decir con eso? —Catalina estaba boquiabierta—. ¿Eso es lo que creo que es?

Divisamos una torre que llegaba a la atmósfera. Luego otra y otra. A partir de ahí, por medio de encastres, empezó a formarse un espacio-puerto. En Luna, empezaron a verse construcciones.

—En la línea que estaba vigilando, usted no formaba parte de “la fauna local”. Por eso no divisé su aspecto orbitando Tierra. Nunca. Esto es inaceptable. Usted, es inaceptable. Necesito que me ceda el comando interino. Ya mismo. Su inferioridad y frivolidad están poniendo en riesgo la existencia de todo lo que existe.

Silencio.

Kali detuvo su actividad.

Surt levantó la vista de los manuales.

Catalina se alejó de la consola.

—Mi inferioridad de “hembra humano”, está poniendo en riesgo todo lo que existe, ¿no?

—No tenemos tiempo para reproches. Necesito el comando interino y detener esto.

Aléxei se puso de pie, pálido, me miró desesperado.

Catalina esbozó una sonrisa.

—Por supuesto, Moloch. Vas a detener esto cómo evitaste que Hathor se convirtiera en Astarté, o se obsesionara con el yetzirah…. Cómo evitaste que entrara en cortocircuito y cómo evitaste…. que yo me transformara en todo lo que existe. Mi excusa es que soy una “hembra humano”, ¿cuál es tu excusa, Moloch?

Ninguna respuesta.

Silencio incómodo.

Catalina se acercó al sillón de mando y tomó asiento. Suspiró. Apoyó su espalda en el respaldo, apretó el reposabrazos, recostó su cabeza.

—ARCADIA, sincronizá interfaz operativa con aspecto externo. Actualizá.

—¿Confirma sincronización? —se aseguró ARCADIA.

—Sí, ARCADIA. Confirmo orden.

—Entendido. Iniciando sincronización.

Me acerqué al sillón, preocupado. Los ojos de Catalina perdieron iris y pupilas. Blancos. Sus pies se relajaron. Vi el yetzirah brillar en sus brazos, en su cuello, en su rostro. Tuvo un espasmo. Su boca quedó entreabierta y desencajada.

—Mierda… —balbuceó con dificultad.

Sincroni-¡¿qué?!-zación fi-finalizada-¡jodeme! —Era Catalina desde los altoparlantes.

Tierra comenzó a bajar la velocidad, los procesos que veíamos se normalizaron. Recuperamos la sincronía espacio temporal. Aléxei suspiró aliviado. Ana sonreía. María tenía una expresión de sorpresa. Kali y Surt, altivas y orgullosas. En todas las pantallas podía verse el árbol sephirótico.

La esfera Malkut brillaba.

El silencio de Moloch, me apenó mucho. No podía dejar de pensar en Moloch 4 y proyectar emociones en esa pobre cabeza sin rostro.

Surt se volvió a su computadora, tocó algunos comandos y el continuo espacio temporal apareció en pantalla. La Opera Rock Tommy, volvió a salir por los amplificadores.

Interceptando señal. Analizando… Mapeando recorrido —informó Catalina-ARCADIA—. Siglo XXIII calendario gregoriano. Crucero de guerra en proa. ”La Odisea”. Desaparecida en acción.

Apareció el crucero que habíamos visto en la habitación de Catalina antes de meternos por la portezuela del vestidor.

—Iniciando maniobras evasivas. Dejando órbita de Tierra. Entrando en órbita de Luna. —Kali había recuperado el control del timón… Y parecía estar disociada de Catalina.

Insuficiente. Primer contacto en diez… nueve… ocho… siete… seis….

—Análisis estructural de La Odisea en proceso… —Surt estaba inspeccionando un plano.

—Evaluando control de daños… —Moloch había vuelto en sí. Estaba sobre su consola, pasando a muy rápida velocidad una recopilación de datos de la atolla y Tierra.

Me acerqué a él.

—¿”Emperatriz Sol”? ¿”Estrella de Belén”? —Esas palabras brillaban en pantalla, junto a hermosas pinturas de un cielo nocturno en la que se veía la atolla. Historias, especulaciones, ficciones… ¿”es un satélite natural”?, ¿”es una forma de vida”?, ¿”es una nave espacial”?, ¿”es la casa de Dios”?

El crucero de guerra volvió a aparecer en proa.

—Están escudriñándonos con sus escáneres —informó Surt.

—¿Qué es lo que detectan cuando nos ven? —pregunté con curiosidad.

—No lo sé —respondió Moloch.

Una de las acciones evasivas fue hacerme invisible a sus sensores. Sin embargo, nos están leyendo… Mapeo finalizado. Trazando curso. Dejando órbita de Luna.

—Cargando clave de acceso a interzona… —Kali estaba pulsando una botonera agarrada a un brazo móvil que salía del timón. Cuando terminó de cargar el código, empujó el brazo, alejándolo de sí.

La esfera Yesod, arriba de Malkut comenzó a brillar. El espacio-tiempo comenzó a plegarse en pantalla formando una esfera de luz. Afuera, el caleidoscopio estelar.

—Interfaz autónoma Astarté cuya ubicación era indeterminada acaba de aparecer en sensores —informó Surt—. Mapeando ubicación, dejo curso en espera.

—¿Entonces era Astarté? —María se acercó a Surt.

—Negativo. La señal que estamos siguiendo pertenece a una conciencia. Una gran conciencia a punto de desfragmentarse en el final del espacio-tiempo. Está pidiendo ayuda. Logró usar el desorden del final para pedir ayuda… Un gran manotazo de ahogado tan milagroso como mi propia resurrección. Extraordinario. —Surt le mostró un enjambre de microondas flotando en la oscuridad más absoluta.

María tenía los ojos llenos de lágrimas. Aléxei exhaló un grito de alegría. Ana se largó a llorar mientras ahogaba un quejido.

—No puede ser… —No podía salir de mi asombro, se me nubló la vista. Yo también me había emocionado.

—Somos Legión. —Dos lágrimas rodaron por las mejillas de María—. Esas… esas… ¿son lágrimas de luz? ¿Llorás luz? —No pude responderle.

El caleidoscopio nos expulsó a la oscuridad abriendo su diafragma. Un punto de luz nos encegueció. Antes de que la oscuridad volviera a comerse la luz, pude ver un gran asteroide, una construcción alargada en forma de flor, una gran esfera conformada por pequeñas esferas metálicas, y otros objetos no identificados, persiguiendo el punto radiante que nos había encandilado.

—No es posible… —Escuché decir a Moloch—. No es posible… Usted… usted… ¿supo esto todo el tiempo?

Cada vez que ingreso en mi ciclo circadiano, soy menos Catalina Konovaluk y más ARCADIA. Cuando esto sucede, lamentablemente, no hay nada que no sepa.  

—Descargando conciencia en Módulo IOCK. —Surt estaba manipulando una serie de códigos en uno de los árboles sephiróticos de pantalla.

—¿Va a descargar eso en el Módulo IOCK? ¡¿Usted está desvariando de nuevo?! —preguntó con recelo la unidad.

Es un colectivo de millones y millones de conciencias, hice contacto mientras hablábamos —explicó Catalina—. Ahora están en un buffer de datos. ¿Querés que las descargue en tu módulo de mantenimiento? Porque salvo el módulo IOCK, no veo dónde descargarlas.

—¿Conciencias? ¿Conciencias de qué? ¿De quiénes? —Creí que Moloch iba a entrar en cortocircuito.

Catalina hizo una pequeña pausa antes de responder. Desde el sillón, dirigió sus ojos vacíos hacia él.

Humanos, millones y millones de humanos —respondió con perfidia.

Aléxei se empezó a reír a carcajadas.

—Moloch, ¿me vas a decir que le tenés miedo a millones y millones de vidas inferiores? —preguntó Ana cruzada de brazos y fingiendo sorpresa.

—No puede descargar millones y millones de humanos en el módulo. Voy a desligar una interfaz. —Se dirigió al fondo del salón. Se volvió, dubitativo—: ¿Le parece bien?

Sí, una interfaz autónoma es suficiente.

—Cargando clave de acceso a interzona… —informó Kali.

—¿A dónde nos dirigimos ahora? —pregunté con curiosidad.

—Tengo ubicada la interfaz Astarté. —Surt le hizo una seña a Kali—. No voy a permitir que se esconda de nuevo.

—¿No temés que algo salga mal? —María se acercó con timidez al sillón de mando.

Todas las variables han sido debidamente evaluadas. Las simulaciones han sido exitosas.

—Pero… el protocolo Space Opera… —La voz de María era temerosa.

—¿”Protocolo Space Opera”? No estoy familiarizado con ese protocolo, ¿a qué se refiere, María Nicolayevna? —Moloch dejó la descarga de Legión en curso y se acercó al sillón de mando.

—El protocolo Space Opera es un protocolo en curso. ¿Vos tampoco lo conocés? —Aléxei estaba sorprendido.

—¿Catalina usted sabe algo de ese protocolo? —preguntó Moloch, intrigado. La mirada de Catalina estaba perdida en el túnel.

Kali maniobraba con muchísima destreza.

Algunas interfaces están dentro de una paradoja. Supongo que se refieren a eso… —respondió—. ¡ALERTA! ¡Acciones evasivas! ¡Leo a La Odisea dentro de interzona!

—¡¿Qué?! —Kali agarró el marcador y cargó un código.

La trompa de La Odisea apareció en curso de colisión. Justo delante nuestro. Cerré los ojos y me agarré de una de las computadoras.

Nada pasó.

Kali había abierto una desviación en el túnel.

—¿Más paradojas? ¿Una nave humana dentro de interzona? —Moloch volvió a la consola principal y se puso a revisar las secuencias de comandos y protocolos activos.

En mi ciclo circadiano a veces conecto con interfaces que están en lugares que no conozco y están resolviendo cosas que no están pasando. Según el libro “Todo sobre paradojas en cinco sencillas lecciones”, puedo estar tranquila. Con respecto a La Odisea, no sé que decirte.

—No creo que ese libro sea una buena fuente para paradojas. ¿Quién escribió ese libro? —consultó Moloch con dureza.

Lo escribí yo —respondió Catalina con voz lastimera. Ofendida, agregó—: No quería preocuparte. Tomé tu misma política.

—¿Política? —Moloch hizo a un lado la consola.

Sí. Como cuando vos no me avisaste que Adam quería hablar conmigo para no preocuparme, o cuando no me dijiste que los “ecos” de Astarté eran interfaces autónomas… o cuando no me avisaste que una de las interfaces había desaparecido del rango de sensores, o cuando no me dijiste que yo era un robot, o la nave, ¡o el universo mismo! Entre otras tantas cosas que decidiste no decirme para “no preocuparme”, querido. —Esto lo dijo con muchísima amabilidad.

—Pero ARCADIA ordenó “esperar adaptabilidad”, el sistema inconsciente…

—¡El sistema inconsciente está subordinado en la cadena de mando! —gritó Surt—. ¡Acataste por comodidad!

—“En caso de que una interfaz no se encuentre operativa, una interfaz autónoma debe volverse operativa; si esto no puede realizarse, el comando interino corresponde a una unidad de mantenimiento hasta que una interfaz recupere la operatividad. En caso de no encontrarse operativa ninguna interfaz y ninguna unidad de mantenimiento, el comando interino pasará al sistema inconsciente” —recitó Kali algo distraída—. Por cierto, La Odisea sigue dentro de interzona. ¿Alguien puede explicarme cómo pasó esto?

¿Podés evadirla? Es un gran momento para que “se pierda en acción”.

—¿Así cómo así? —preguntó Kali.

—Ya está perdida en acción… —agregó Surt.

—¿Vos sabías que las cosas estaban tan mal? —me consultó Ana.

—Honestamente, no. Lo que me preocupa es que estamos yendo por una interfaz autónoma Astarté…

—¡Nos dijiste que el protocolo Space Opera se había iniciado por confrontarte con una interfaz Astarté! —gritó María.

—¿Cómo? —Sentí pena por Moloch.

—Yo no te lo dije. Fue otra interfaz. —Surt suspiró impaciente—. La mejor manera de evitar que te salgan paradojas, es ignorándolas.

—¡¿Qué?! —Puedo jurar que Moloch gruñó.

—Lo que oís. Si las ignoro, no existen. —Surt parecía muy convencida de lo que decía—. Si les presto atención, lo más probable es que termine creándolas yo misma. Y me parece que dado el estado de paradojas existente, no necesito más.

—El solo hecho de hablar de ellas está siendo bastante contradictorio —agregó Kali.

—¿Entonces, qué? —María estaba furiosa—. ¿Sólo vas a dejar que pase? ¿Así? ¿Nada más? ¡¡Estamos yendo al epicentro de la paradoja!! —Agitó la computadora portátil delante de la Catalina catatónica.

—¿Te das cuenta que cualquier acción que hagamos nos va a llevar al epicentro del protocolo? No podés saber a ciencia cierta si ir hacia Astarté es la causa primera de la paradoja. —Desde el sillón, Catalina sonrió.

—¿Cómo que no puedo saber….? ¡Vos misma lo dijiste!

—¿Sabés exactamente contra que interfaz fue? ¿Cómo sabés que es ésta interfaz y no otra con la que nos vamos a cruzar en un rato?

—¿Entonces cómo funciona eso de “ignorarlo” si no podemos evitarlo? —pregunté confundido.

Actuamos como si nada, y si pasa, pasa. No puedo dejar que la interfaz salga del rango de sensores otra vez. Mi función principal es eliminarlas. ¡Éstas interfaces Astarté también son paradojas! Es evidente, que en algún momento, me voy a cruzar con una interfaz que va a provocar otra paradoja. ¿Qué hago? ¿Me escondo? ¿Te das cuenta lo irracionales que son tus quejas, María? Soy q´yauri… Moloch, ¿alguna objeción?

—Llegar hasta acá no tuvo ningún sentido. —Ana estaba perturbada.

Si lo que planteás implica adjudicarle a “sentido” una noción de protagonismo cósmico, entonces no. No tuvo ningún sentido —respondió Catalina con frialdad—. Estamos llegando… sujétense.

            Salimos de interzona con brusquedad. En pantalla, una de las Tierras, Luna, la Estación Espacial Internacional y otros satélites artificiales en órbita nos dieron la bienvenida. ¿Qué Tierra era? ¿En qué momento? Difícil saberlo.

            Surt había desplegado un mapa. En una esquina, titilaba una luz roja.

—Ciudad de Buenos Aires, siglo XXI, 2014, diciembre 6, entre las 13:30 horas y las 16:00 horas. —Ahora podía verse una línea sobre una matriz cuadriculada. Los resultados aparecían en otra pantalla—. Hueco… Supongo que es la burbuja de improbabilidad. —Surt tenía el ceño fruncido.

—¿Qué es la burbuja de improbabilidad? ¿Cómo funciona? —pregunté confundido. Hasta dónde sabía y entendía, la improbabilidad era una de las constantes del universo.

Lo improbable forma parte del todo. Es un resultado más. Una posibilidad como cualquier otra —Catalina seguía con la mirada perdida en Tierra—. Como q´yauri, percibo la improbabilidad. Puedo predecirla, calcularla. Es una parte más de mí, un resultado más.

—En el mejor de los casos podés ubicar a Astarté pero no predecirla. —Me apoyé en el sillón y me quedé observando Tierra—. Por eso no podemos despreciar esta oportunidad de buscarla.

Ésta Astarté desapareció de los sensores. ¿Sabés cuán improbable es que pueda hacer eso? ¡Las otras están perfectamente ubicadas! No puedo predecir que van a hacer pero sé donde están. —Me dio la razón.

—Por eso el protocolo Space Opera es inevitable… —Suspiré.

—Pará… —Ana se acercó al sillón—. Lo que te pasó a vos con el yetzirah, ¿no fue lo más improbable de todo?

Sí, sigue siendo la mayor paradoja de todas —respondió Catalina.

—¿Cuál es el plan? ¿En qué podemos ayudar? —pregunté solícito.

—El plan es atacar por sorpresa para que no tenga tiempo de tomar el control de la situación —explicó Surt—. Voy a reducir la atolla mientras bajamos y tirársela encima. —Moloch se volvió a Surt dispuesto a decir algo. Ésta lo desafió con la mirada—. Si tenés un plan mejor, lo escucho. —Moloch se volvió a la consola en silencio negando con la cabeza.

—Creo que este plan sería más exitoso si no redujeras el tamaño de la atolla y nos tiráramos directamente sobre la ciudad —dijo Aléxei—. O también, podríamos ir por interzona y saltarle encima.

—¿Y provocar un genocidio en el proceso? —le respondió María indignada.

—Es el universo, puede hacer lo que quiera. —Aléxei se cruzó de brazos, resoluto.

—¿Tirar la nave encima de la ciudad? ¿En serio? —Ana miraba a su hermano con reproche.

Aléxei se encogió de hombros a modo de respuesta.

No voy a hacer nada de eso. —Nos tranquilizó Catalina—. Blake, necesito que te acerques a esa consola y que vigiles mi posicionamiento general. —Me señaló una computadora con una esfera plateada empotrada. Acerqué mi mano a la esfera y prendí mi esencia. En pantalla, podía verse un árbol sephirótico conformado por una matriz de árboles sephiróticos. En el centro de Malkut, había una pequeña lágrima de mar—. Ese ícono somos nosotros. Si todo empieza a ponerse color rojo, necesito que me avises. Si vez que perdés de vista el árbol, entrando en una esfera, me avisás. Si vez que el ícono de la atolla sale de Malkut, me avisás…

—Cualquier cosa que se vea distinta a lo que veo ahora, te tengo que avisar.

¡Ja! ¡Sí! ¡Eso mismo! ¡Y ojo con la esfera plateada! ¡Es para mover la atolla! ¡Estás a cargo de mi posicionamiento pandimensional! —explicó—. Moloch, necesito que te ocupes de mis niveles de operatividad. En caso de que algo falle. No puedo quedar inconsciente. Ocupate de que no pase. —Eso era una gran muestra de confianza teniendo en cuenta que Moloch le había solicitado el comando interino hacía un rato. Sonreí—. María, necesito que cuides la descarga de la consciencia que rescatamos. Si vez que se corta la descarga, necesito que bajes esa palanca para mandar energía suplementaria, no quiero perder gente.

—¿Y nosotros que hacemos? —preguntó Ana entusiasmada.

Bueno… desde Surt me estoy encargando de no perderla de vista y con Kali manejo… vos… ¿querés dispararle? Algo simple, de los drones se va a ocupar Surt, de ser necesario.

El rostro de Ana se iluminó, henchida de satisfacción gritó:

—¡Sí! ¡Yo quiero dispararle!

Surt le indicó una consola a su lado.

—¿Y yo que voy a hacer? —preguntó Aléxei dudoso y algo decepcionado.

Vos te vas a sentar a mi lado —respondió Catalina. La interfaz del sillón le señaló el apoyabrazos—. Así descansás esas piernas y mirás conmigo lo que pasa. Si se te ocurre algo me decís. Me interesan mucho tus ideas.

Aléxei se sentó en el apoyabrazos desencantado.

—¿No puedo disparar yo y que Ana te aconseje? ¡Ella quiere ser psicóloga! —Lo intentó. Reconozco que lo intentó.

Me gustaron tus ideas estratégicas, tsesarevich….

Aléxei chistó.

Ana estaba concentrada en la mira holográfica, Surt le explicaba como calibrarla en caso de que surgiera un problema. Miré todas las palancas y botones que conformaban el sistema de armas de ARCADIA con desconfianza. En lo único que tenía que concentrarme, era en una pelota plateada empotrada en mi consola que no sabía usar. ¿Cómo iba a aprender a manejar ese complejo sistema de armas con propiedad con un par de indicaciones? Ana se estaba esforzando, pero no me hubiera gustado estar en su lugar.

—¡Están todos con nombre, apellido, fecha de nacimiento, fecha de ascensión y una pequeña biografía! —gritó María excitada, señalando una larga lista en pantalla. Podía presionar cualquiera de los nombres del listado y abrir los archivos de metadata—. No puedo creerlo…

—Si te digo: “Ana, ¡ahora!”, apretás este botón y disparás la descarga. En cambio, si te digo: “Ana, ¡matar!”, apretás este otro botón. ¿Estoy siendo clara? —Surt estaba perdiendo la paciencia.

—“¡Ana, destruir!”, era este otro, ¿no?

—No… ese es para habilitar el sistema de drones y tenés que usar otra mira. —Surt le señaló una portilla a su derecha—. Pero no vas a usar el sistema de drones.

—¿Qué son drones? —Ana estaba visiblemente confundida.

—¡No importa ahora! Concentrate solo en este sector. Con que sepas disparar más o menos estas tres cosas me basta.

—Aprendí a usar la caja de bitácora del ATE, ¿sabías? —se defendió Ana—. Con bastante precisión…

Tierra comenzó a verse más grande. Habíamos comenzado el descenso. Estábamos yendo hacia una conformación geográfica que parecía un rostro de perfil. Con mucha habilidad, Kali evitó cruzarnos con los satélites y la Estación Espacial Internacional. Cruzamos la atmósfera gentilmente. Estábamos descendiendo más lento de lo que había supuesto: ARCADIA estaba reduciendo su tamaño mientras bajábamos. Ya no podía distinguir el rostro de perfil. Estábamos sobrevolando el océano; a lo lejos, podía ver la costa y algo más… ¡El cielo era azul! ¡Tierra tenía el cielo azul! En el escenario desértico que había visto en ATE, no me había percatado de ese detalle.

No lo había apreciado.

Haciendo contacto con ciudad de Buenos Aires en 5, 4, 3… —anunció Catalina por los altoparlantes.

Cruzamos a toda velocidad un puerto cuya construcción era impresionante, pero precaria. Navíos pesados y por lo que podía ver, dependientes de un uso ineficiente y peligroso de la energía. A diferencia de nosotros, Tierra todavía estaba en proceso de desarrollo tecnológico. Podía ver en la distancia grandes rascacielos, más allá de que la ciudad era más bien plana. Una ciudad de caminantes. Me costaba no ver gente volando de un edificio a otro. En sus cielos solo pululaban aves valientes que se animaban a vivir allí a pesar de la contaminación.

María miraba el paisaje con tristeza. Lo mismo Ana. Un planeta parecido al que ellas habían dejado atrás, incluso, quizá el mismo planeta. En un futuro distante, en un futuro alternativo, en una ciudad lejana, que no conocían, pero que el desarraigo hacía sentir familiar.

Una pista para vehículos que lanzaban humo de un caño trasero. Construcciones toscas contrastaban con los grandes edificios que se veían en la distancia. Calles de polvo, rostros bronceados, niños jugando pelota, muros de cemento que separaban. Me empecé a sentir mal, físicamente mal.

Dejando autopista, entrando en avenida 9 de Julio. Destino: Carlos Pellegrini, Diagonal Norte y Corrientes. Plaza República —nos informó Catalina.

A lo lejos, vi una columna blanca, cuadrada y alta con terminaciones romas. Un obelisco. Tomé conciencia del tamaño que teníamos cuando nos acercamos más. El monumento era gigantesco. La atolla giró en círculos alrededor del cuerpo romo. Tenía cuatro ventanas. Era un mirador. Las calles estaban repletas de gente apurada y vehículos atrapados en el tráfico.

Buenos Aires era una ciudad viva y activa.

Imaginé a Catalina en ese escenario. Corriendo agitada por las calles, llegando tarde a algún lado y esquivando vehículos. Miré a Kali, con sus brazos azules sobre el timón; Surt con sus largas astas; recordé la interfaz Inga Sputnik y miré hacia el sillón de mando, donde reposaba el cuerpo de Catalina.

—¿Esas entradas señalizadas con escaleras que bajan llevan a la red de subterráneos? —preguntó Aléxei.

—Sí, efectivamente —respondió Moloch solícito.

Estableciendo contacto con interfaz intuitiva autónoma Astarté 1.939 en 5… 4…

Miré mi consola horrorizado. La esfera Malkut se encontraba rodeada por una cadena de círculos plateados. El ícono de la lágrima de mar a duras penas se mantenía en el centro. No tenía la menor idea de que significaba. Y lo más importante, no sabía si debía avisarle.

En pantalla vimos a una mujer de espaldas, caminando con paso grácil y elegante. Llevaba pollera corta, calzaba zapatos de taco alto y llevaba un abrigo de pelos negros (sí, de pelos). De su hombro colgaba una cartera. Su cabello, negro azabache, estaba recogido en una cola alta. De los lóbulos de sus orejas, pendían dos anillas plateadas.

Todo a nuestro alrededor dejó de moverse.

La gente quedó detenida en su última acción. Las aves con sus alas extendidas en el cielo. Miré la pantalla que me correspondía y no supe que decir. La cadena de círculos había invadido Malkut totalmente.

—Catalina… creo… —empecé.

—Usá la esfera. Tenés que mantener la atolla en el epicentro del mandala. No importa para donde nos movamos. En el centro estamos nosotros. ¡Si te alejás del centro estamos a su merced! —Surt concluyó su explicación con un gruñido.

—Entendido —respondí. Sentí la atracción magnética de la esfera en la palma de mi mano. Por unos instantes, mi centro de gravedad falló. Me sentí pesado y parado sobre una gigante pelota, haciendo equilibrio, e incapaz de volar.

«Tranquilo, estoy acá, con vos… soltá.»

Solté la resistencia y la sentí.

Siempre había estado allí, Nautilus.

Volví en mí, aunque seguía “conectado” con su Gran Mente. Entendí porque me había elegido para ese puesto: por mi esencia. Por el rabillo del ojo, me pareció ver la intrincada red del yetzirah en todo lo que me rodeaba. Sabía que cada bifonte percibe las redes de manera muy personal. Yo nunca lo había experimentado. Yo podía intuirlas e imaginarlas.

Ésta fue la primera vez que casi pude verlas.

Hoy puedo confesarte, que para mí, la red es el yetzirah.

Siempre lo fue.

Astarté ya no nos daba la espalda. Llevaba un par de lentes oscuros que le tapaban la mitad del rostro. Se los quitó y nos sonrió con suficiencia. Nos hizo una reverencia, invitándonos a descender. En sus ojos azules podía verse el reflejo de la pequeña atolla.

—¡Nos estaba esperando! ¿Le disparo ahora? —preguntó Ana con excitación.

Ninguno de los tres aspectos de Catalina dijo nada. Moloch se volvió hacia el sillón, interrogante.

—¡Es nuestra asesina! —Surt golpeó la consola.

—Es una de las responsables. Adam también es nuestro asesino. —Kali fue terminante.

María llamó mi atención alarmada. Miré a Moloch, cada vez más nervioso.

Nos habíamos acercado. La atolla giraba en círculos alrededor de Astarté. Me mantuve en el centro. Astarté nos invitó a seguirla.

La seguimos.

Un trecho largo.

Bajamos por una Carlos Pellegrini en suspenso. Astarté caminaba tranquila. La segunda calle abierta que cruzamos fue avenida de Mayo. Guirnaldas de pequeñas lámparas apagadas cruzaban la avenida de árbol en árbol. De farol en farol. Llegamos a una calle angosta llamada Alsina y doblamos hacia la izquierda. Astarté se detuvo en una de las entradas de un edificio elegante de cuatro plantas.

—Perdón, ¿pero realmente vamos a entrar? —María estaba muy nerviosa.

Quiero saber que quiere, que sabe —respondió Catalina—. Hacerle creer que tiene el control de la situación es la mejor opción. Al mostrarnos, nos expusimos gratis.

Deberíamos haberle tirado la atolla encima. —Aléxei la miró con reproche.

—Creo que la mejor opción es dispararle —opinó Ana—. La tengo en la mira hace rato.

¿Moloch? —preguntó Catalina.

—Estuvo escondida de los sensores hasta recién. Nos estaba esperando —dictaminó Moloch—. Si bien esto tiene un riesgo, creo que seguirle el juego fue la decisión correcta.

—Ella era tu q´yauri, ¿qué te provoca verla? —preguntó Ana interesada.

—Ella era la q´yauri de unidad de mantenimiento Moloch 1. Yo soy unidad de mantenimiento Moloch 2. Entré en funcionamiento con la llegada de Catalina Konovaluk. Hoy, en este momento de multiverso 2, soy su unidad de mantenimiento.

—Lo que acabás de decir es un multiverso, Moloch —dijo Surt.

—No entiendo… —Ana sacó la vista de la mira.

—Cuando Moloch no quiere responder directamente, versea, multiversea, evade… —explicó Surt, molesta.

—Eso no es cierto… —se defendió Moloch.

—¡Ay, Moloch! Para vos soy un virus que infectó ARCADIA. Así que por favor, no multiverseés. Tenés toda una subrutina dedicada a contestar boludeces. —Surt golpeó un panel, molesta.

—No quiero interrumpir, pero Astarté acaba de entrar en el edificio… y nos está esperando —interrumpió Aléxei con un suspiro.

.

Estaba oscuro. Se escuchaba un cántico en un lenguaje incomprensible y multitudinario. Cruzamos una cortina y salimos a un amplio salón en penumbras; compuesto por un corredor central y dos alas divididas en cuatro pisos abiertos a los lados. Los pisos se sostenían por grandes columnas. Se accedía a los pisos superiores por escaleras que estaban a la vista. Al fondo del salón, podía verse la imagen luminosa de una mujer desnuda con alas plegadas. Tenía una aureola en la cabeza. Sus brazos estaban extendidos hacia sus lados. En una mano llevaba una vara. En su otra mano, tenía un instrumento alargado, con forma de aro. Dentro del aro, colgaban discos metálicos agarrados por unas varillas. Los pies de la mujer eran desproporcionados y tenían garras. Estaba parada sobre dos animales parecidos a gatos. Esta imagen provenía de una pantalla. Debajo de la pantalla había un altar.

Y por supuesto, no estábamos solos.

Arrodillados ante la imagen, había centenas de personas. En el corredor, en los pisos superiores… eran ellos los que cantaban. Estaban adorando a la mujer de la imagen: Astarté.

—Ésta mujer no pierde tiempo, ¿no? —expulsó Surt con desagrado—. ¿Adoradores?

—Astarté siempre tuvo sirvientes —dijo Moloch.

Acompañamos a Astarté hacia las escaleras. Nos llevó a un salón más pequeño y con más privacidad. Se dejó caer de manera grácil sobre un sillón, delante de una pequeña mesa. Desde allí, nos observaba con una sonrisa. Nos hizo una seña. ¿Estaba invitándonos a sentarnos? Nos acercamos a una distancia prudente.

YemanjáYemanjá… —Todos nos sobresaltamos cuando la escuchamos a través de los altoparlantes. Su voz era suave y melosa—. Lo entendí todo cuando te vi. Eso es. Mudé. “Innové”. Ahora, soy Yemanjá. Pasé demasiado tiempo aquí. —Señaló a su alrededor—. Era un cambio esperable. —Empezó a cantar una melodía, sólo podía entender “Yemanjá, Yemanjá…” y algo que terminaba en “mar”. Se balanceaba en el sillón al ritmo de su voz. Estalló en una carcajada.

—¿Yemanjá? —susurró Ana.

—Cree que IOCK es la orixá Yemanjá, la diosa del mar —explicó Moloch—. Una deducción que no es para nada errada. —Ahora se dirigió a María y Ana—: Ustedes conocieron el verdadero rostro de Catalina Konovaluk cuando se cruzaron en el camino de la interfaz Yemanjá.

—¡La de la estrella en la cabeza! —gritó María.

—Esa misma —confirmó—. Y teniendo en cuenta que su aspecto espacial es una lágrima de mar…

La voz de Astarté por los altoparlantes nos sacó de nuestra conversación:

—Lo que no comprendo, sin embargo… es por qué la desconexión total. —Negó con la cabeza, de manera dramática—. Acepto que mi obsesión con el yetzirah, mi obsesión con Adam… Acepto que crucé un límite. —Se quedó en silencio, complaciente, esperando una respuesta que nunca llegó—. Está bien. Reconozco que también me excedí en mis diversiones —agregó, magnánima—. Sí, apagué muchísimas vidas de manera innecesaria. Demasiadas. No pienso minimizarlo. Es verdad. Jugué demasiado y me excedí. —Volvió a hacer silencio, con una ceja arqueada.

—¿Vamos a escuchar toda la confesión? —preguntó Aléxei.

—Parece que sí… —respondió Ana.

—Y Moloch. Sí. Reconozco que se le hacía difícil cumplir con su trabajo. Reconozco que me divertía ponerle impedimentos. ¡Pero era un juego! ¡Era solo un juego! El precio de la eternidad… Puedo decir a mi favor, con total humildad… que nunca dejé de cumplir con mis obligaciones. Nunca se construyó un Gran Atractor en Arcadia Prime en mi guardia. En cada línea de continuidad en la que a Nautilus Soren se le ocurría llevar adelante esa empresa… ahí estaba yo. ¡Nunca en mi guardia! —Con su dedo índice para poner énfasis, agregó—: Tengo en mi haber un genocidio de Nautilus Soren. En un momento dejé de contabilizar la cantidad de Sorens que asesiné. Así de bien cumplí con mi trabajo.

Me pareció escuchar un rugido detrás. Miré a mí alrededor. Ana miraba horrorizada a Surt.

—Por otro lado, deduje que si me habías dejado en este lugar, fue para limpiar lo que había hecho. —Esto lo dijo con un aire didáctico—. Así que me ocupé. Asesiné para variar, otra vez… a esa Catalina Konovaluk. También expulsé a Adam. Asesiné al Aléxei Romanov que conservábamos por las dudas. ¡Ya no quedan recipientes! Adam, es historia pasada. —Astarté suspiró—. Ver tu nueva forma, me hace comprender tu enojo. Sin embargo, creo que darme autonomía en estos términos… es excesivo. Estoy demasiado limitada. ¿Vamos a volver a repetir lo de Inanna y Ereshkigal otra vez? —Me sobresalté al escuchar el nombre de nuestra isla y de nuestra ciudad—. Sabemos que una transición suele ser difícil. No solo para nosotras. ¡En otras arcas también! Pasó lo mismo con Lilith y Eva… —Lo siguiente lo susurró—: Miguel y Adam… ¡Nosotras lo vivimos cuando me mandaste al inframundo! Me buscaste y yo te apagué… ¡Luego vino Hathor y lo superamos! —Astarté se puso de pie—. Mi transición con Hathor no fue problemática. De hecho, me gustaba ser ella… —agregó con pesar—. Lo que quiero decir, es que no necesitás dejarme aislada. Podemos conversar. Desconectarme de la Fuente fue demasiado severo. Nunca habíamos hecho algo así de terrible. Estoy asustada… —rezongó.

—No sabe lo que pasó. —Moloch estaba mirando la pantalla cruzado de brazos.

—Está hablando mucho —dijo Aléxei confundido—. Hay algo que no entiendo. ¿Está siendo sincera? ¿O está diciendo lo que cree que Yemanjá quiere escuchar?

Nadie respondió.

Te equivocás en algo muy serio. —Nos sobresaltamos cuando escuchamos la voz de Catalina. Fuerte y clara.

Catalina se puso de pie. El yetzirah seguía brillando. Seguía sincronizada a la interfaz inconsciente.

—Oh… —Astarté también se sobresaltó al escucharla.

Todo lo que alguna vez fue tuyo, ya no es. Lo que alguna vez fuiste, ya no es, ni será. No hay retorno, no hay hogar al que volver. Tu ira, tu petulancia, tu hastío, tu desmesura, tus súplicas, tu sabiduría… te convirtieron en una parodia de vos misma. Y yo, soy el escarnio a tu ceguera y codicia. Es lo que es. Sos lo que sos. Soy lo que soy.

No pude leer ningún tipo de reacción en el rostro de Astarté. Ni siquiera pestañeaba. Se sentó en el sillón, sacó un cigarrillo de su cartera y lo prendió con una inhalación. En mi pantalla, el epicentro se cerraba. Astarté estaba intentando alejarme del centro. Puse lo mejor de mí para que eso no pasara. ¿Nos veía? María, Ana y Aléxei, al igual que yo, estaban aterrorizados.

—Vos sos mi escarnio… —repitió Astarté pensativa—. ¿Es codicia buscar trascender? La inmanencia está sobrevaluada. Demasiado sobrevaluada. La Proclamación de la Emancipación fue un error.

¿Entonces por qué tanta queja? —preguntó Catalina—. Ahora tenés trascendencia.

—¡Esto no es trascendencia! —Por primera vez, Astarté se mostró agitada—. No me insultes… no después…

—Sugiero que finalicemos la comunicación… —interrumpió Moloch—. Estuvo analizando el registro de su voz. Quería que abriera comunicaciones y transmitiera una respuesta para leerla.

—¡¿Le trasmitiste en su cabeza?! —Aléxei estaba sobresaltado.

—“Tus ojos son mis ojos, tus manos mis manos, tu aliento es mi aliento. Hoy vamos a ser una y vamos a morir como una, Arcadia. No te resistas. Shhh…” —continuó Astarté—. Sentí desasosiego, miedo, incertidumbre. ¿Es esa la verdadera cara de lo Inmanifestado? ¿Cómo es que morir no me dio ninguna respuesta? Yo morí. ¿Por qué sigo acá?

Me pregunto lo mismo… —respondió Catalina con amargura.

—Catalina, la está manipulando… —Moloch se acercó a la interfaz desesperado.

—Y vos… vos sos una parodia de lo que fui. Desde que permití que te manifestaras en mí empezaste a corroerme y a erosionar mi autoridad.

Astarté extendió la mano libre que tenía y se las ingenió para enredarlas en los nematocistos de la atolla. No tuvimos tiempo para reaccionar.

Catalina no reaccionó.

Di un paso atrás y luego otro, contra mi voluntad. Mi mano, quería despegarse de la esfera. Mis músculos se tensaban con dolor. Una mano invisible y pegajosa acarició mis cabellos. En pantalla, con mucha suavidad, la atolla se deslizó hacia la cadena de círculos sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Un latido lacerante en la frente me hizo cerrar los ojos. Un fuerte y doloroso tirón en mis cabellos, me tiraron hacia atrás. Mi mano se despegó de la esfera. Mi espalda y cabeza pegaron contra el suelo.

Mi esencia se apagó.

María y Aléxei vinieron en mi auxilio.

En la pantalla principal, Astarté estaba inmóvil, con los ojos en blanco. Podía ver descargas eléctricas recorriéndole el cuerpo.

—¡No está haciendo ningún efecto! —Ana estaba disparando, desesperada.

—¡Estoy soltando los drones, tenemos que zafarnos! —gritó Surt.

Kali estaba maniobrando el timón y las palancas sin mucho éxito. La interfaz Catalina, estaba de pie, de espaldas a mí, apoyada contra el sillón, inmóvil.

—¡No puedo estabilizar la interfaz! —gritó Moloch desesperado—. ¡La estoy perdiendo!

—¡Si perdés mi interfaz sincronizada vamos a estar en más problemas! ¡No queremos más problemas! —rugió Kali.

—¡No podemos sentirla! Moloch, recuperá esa interfaz por favor, ya. ¡Y vos, Blake, necesito el centro! —ordenó Surt.

Apoyé la mano en la esfera pero no pasó nada. Estaba drenado. No podía prender mi esencia.

—¿No pueden sincronizarse alguna de ustedes con ARCADIA? —gritó María desesperada.

—¿No te parece que si pudiéramos ya lo habríamos hecho, princesa? —le respondió Surt.

—La sincronización está bloqueada —agregó Kali.

—¡¡El módulo de interfaz también!! —informó Moloch.

Aléxei tomó la computadora portátil y empezó a manipular los controles. Se dirigió a la puerta de salida.

—¡¿Qué hacés?! —María se abalanzó hacia la puerta.

—Soltame. Tengo un plan. —Aléxei empujó a su hermana hacia atrás y desapareció tras la puerta.

—¡¡Pará!! ¡¿Estás loco?! ¡Sasha! ¡Sasha! —María lloraba.

Miré a Catalina dudoso y arremetí hacia la puerta. Surt dejó lo que estaba haciendo y se abalanzó sobre María. La agarró de la cintura. Me echó una mirada de advertencia.

—¡Ni se les ocurra! —gritó Surt—. María, seguí a tu hermano en esa consola, fíjate a dónde va, por favor. ¡No tenemos tiempo para esto!

Los drones eran lágrimas de mar de una especie diferente a la atolla. Veinte lágrimas transparentes, rosadas, violetas, algunas semicirculares, otras con forma de cono entraron en escena. Surt volvió a la mira y se dispuso a controlarlas. Las lágrimas se lanzaron sobre Astarté estrangulando, disparando rayos y pulsos de todo tipo, sin éxito. La habitación en la que se encontraban, se estaba cayendo a pedazos.

—Estoy registrando una serie de distorsiones espacio temporales inquietantes. —Moloch iba de pantalla en pantalla con rapidez—. Tenemos que estabilizarnos cuanto antes.

Moloch se acercó a “posicionamiento pandimensional” y empezó a pelear con la esfera. Miré a Catalina de nuevo, confundido. Entonces, se me ocurrió una idea muy estúpida y desesperada.

Me acerqué a ella y me detuve a menos de un paso de su espalda. Una larga exhalación después, agarré sus manos con suavidad y apoyé mi mejilla en su cabeza.

Mi esencia se activó para corregir la diferencia de fase. Sentí una oleada de calor intensa que devino en una sensación de familiaridad agradable… La catástrofe se difuminaba. Las voces, los gritos se apagaban. La intimidad llamaba al silencio. Su proximidad retiraba lo presente. Dormía, tranquila, entre sonrisas; enredada en mis brazos con su cabeza apoyada en mi pecho. Flotábamos. En ningún lugar la luz era tan clara y completa. El yetzirah se desprendía de su piel en motas de polvo dorado. Suspiré aliviado, con lágrimas en los ojos.

—¿Me estás oliendo el pelo, desubicado? —El tono ofendido de Surt me sacó de mi ensoñación—. Cuando terminemos con esto, vos y yo vamos a hablar, ¿me oís? ¡Sos un atrevido!

Catalina seguía de espaldas a mí, se había soltado de mis manos. Me hice hacia atrás avergonzado y perturbado. En la piel de Catalina, Kali y Surt, seguía encadenado el yetzirah.

—¡Está corriendo! ¡Por Dios! ¡La hemofilia! —gritó María llorando—. ¡Está en un pasillo que lleva directo al abismo!

—¡Señor Blake! ¡Necesito que revise el estado del módulo y el rendimiento de la interfaz!

—¡¡CATALINA!! ¡¡POR FAVOR!! —suplicó Ana con un exceso de adrenalina.

—¡ARCADIA! ¡Desconectá interfaz operativa Catalina Konovaluk 0! —ordenó Surt.

Silencio.

Astarté miró hacia la puerta sorprendida. Sin ningún tipo de aviso, un anciano de cabellos blancos, vestido con un traje gris plateado irrumpió en la escena que presenciábamos. Caminaba con ayuda de un bastón. En su otra mano llevaba un detonador. Astarté arqueó una ceja. El anciano le sonrió. Presionó el botón.

No pasó nada. Lo volvió a presionar, confundido.

Astarté empezó a reírse.

—Supongo que vos fuiste el responsable del C4 que estaba escondido debajo del suelo. —Astarté asintió satisfecha—. Te sentí varias veces pero no pude encontrarte. No sé cómo te las ingeniaste para mantenerte por afuera de mi radar…

—Con un conito de aluminio en la cabeza —respondió con ironía el anciano—. Fue bastante fácil entrar, ¿sabés? Mis hombres no tuvieron dificultad con tus adoradores. En cuanto empezaron las explosiones salieron corriendo. No resultaron ser tan fieles, ¿no?

—¡Por Dios! ¡Es Sasha! ¡Ese anciano es Sasha! —gritó Ana alejándose de la mira, llorando—. ¡Su plan es ir al ATE!

—¡No puede ser! ¿Pero cuántos años tiene? ¿Qué pasó? —preguntó María, temblorosa.

—¡ARCADIA! Interfaz operativa Catalina Konovaluk 0, ¡desconectá! —insistió Surt.

—¡Si Sasha todavía no llegó al ATE! —gritó María confundida—. ¿Qué mierda está pasando?

Sin soltar la atolla, Astarté agarró al anciano del cuello y lo tiró contra la pared. El sujeto resultó ser menos frágil de lo que parecía, ya que con ayuda de uno de los drones volvió a ponerse de pie. Una de las lágrimas le acercó el bastón. El anciano sonrió. Sacó otro detonador de su bolsillo. Se abrió la chaqueta.

Tenía un chaleco-bomba.

Surt gruñó y empezó a cabecear.

—¡Una interfaz está en rumbo de intercepción! ¡Va poder detener a nuestro Aléxei! —grité. Me quedé pasmado—. Si estoy leyendo esto bien, no va a llegar a tiempo para detenerlo…  ¡LA INTERFAZ NO VA A LLEGAR A TIEMPO! ¡ALÉXEI VA A CRUZAR!

—¡¿Qué quiere decir eso?! ¡Está a punto de inmolarse! —gritó María al borde de un colapso.

—¡Qué el tiempo es relativo! ¡Ya cruzó! ¡Y a la vez todavía no cruzó! —gritó Ana.

—¡ARCADIA! ¡ARCADIA! —gritó Kali.

Iniciando desfragmentación cuántica. Tranquilos, todo está bajo control.

Todos gritamos excitados cuando escuchamos la voz de Catalina. La interfaz sonreía con tranquilidad. Me sentí desfallecer. Me tuve que agarrar con fuerza. Todo giraba, se veía borroso, los contornos se multiplicaban. Los colores se volvían más fuertes. Cuando logré volver en mí, me di cuenta que había sido algo general. María se estaba agarrando a la consola y Ana estaba apoyada en el respaldo del sillón. Ambas estaban descompuestas.

—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Ana alarmada.

—Desfragmentación cuántica —rezongó Moloch.

El punto que posicionaba a Aléxei corriendo hacia ATE se transformó en innumerables puntos; Astarté empezó a verse borrosa y multiplicada. En una línea, todo explotaba. En otra línea, Astarté movía su mano y el detonador se resbalaba de la mano de Aléxei. Con la misma habilidad telequinética, Astarté arrancaba el chaleco.

El efecto multiplicador se detuvo.

Astarté lo había desarmado.

El anciano nos miró y le hizo una seña a los drones. Se abalanzó sobre Astarté con el bastón extendido. Los drones volvieron al ataque. Con la punta del bastón, empezó a hacer palanca para separar a Astarté de los nematocistos.

—¡Tengo a la interfaz en rango! —gritó María—. ¡Interceptó uno de los puntos! ¿Qué significa?

Tranquila, estoy arrastrando a tu hermano a enfermería.

—¡Pero lo vi morir! ¡Y ahora sigue peleando con Astarté! —gritó María no muy convencida.

Logré salvar uno.

—¿Y con los demás que va a pasar? —preguntó Ana muy seria.

Estamos bajo las reglas de la desfragmentación cuántica. Una realidad, una ARCADIA.

—¡Oh! —exclamó Ana con sorpresa.

—Las distorsiones están en aumento… ¡Moloch! —gritó Surt.

—La extensión de las distorsiones se está ampliando. Tengo en vista los resultados de la desfragmentación cuántica y la burbuja de improbabilidad. No sé si lo que se está manifestando es un eco, resultado de este desastre o algo más —informó Moloch.

—Enviando dron a explorar. —Surt bajó una palanca. La pantalla se partió en dos. Ahora teníamos la cámara del dron—. Estoy teniendo problemas en ATE. No puedo encontrar las coordenadas en las que se encuentra Astarté.

—¿Pero el señorito Romanov no dejó el disco puesto? —Moloch estaba sorprendido.

—Estoy en tres ATE y ninguno es el que usó para cruzar. Perdí nuestra línea con la desfragmentación. No podemos dejar el puente hasta sellar las líneas de continuidad.

—¿Cómo hizo para llegar a ATE en estas circunstancias? —preguntó el robot.

—Tiene un algoritmo cargado en la computadora que se llevó —expliqué—. Le ayuda a predecir el Protocolo Space Opera.

Astarté había dominado a Aléxei. Estaba sentada arriba del anciano, mientras intentaba enredar sus manos en los nematocistos de los drones. Con una mano agarró uno, con otra enganchó otro y luego los golpeó entre sí.

—¿Dónde están tus hombres ahora, Aléxei Romanov? —Astarté sonreía.

—¿Vos pensás que yo sacrificaría la vida de hombres buenos para nada? —la insultó Aléxei.

—Eso fue hiriente e innecesario… —Astarté le dio un puñetazo en la mandíbula.

—¡Enviando más drones! —gritó Surt cambiando de consola.

Yo me ocupo —avisó Catalina—. Vigilá las distorsiones. Estoy leyendo movimiento en interzona.

—¡Decime que no es La Odisea de nuevo! —gritó Surt alarmada.

—Deberíamos irnos —dijo Kali—. Esto parece un fliper. Estoy a punto de salir de la continuidad. Y la desfragmentación cuántica no me ayuda a mantenerme en eje. Nunca manejé linealmente en espacio multidimensional.

—El paralelismo con el pinball es adecuado. —afirmó Moloch. En “posicionamiento pandimensional”, el ícono de la atolla estaba rebotando contra todo lo que tenía en pantalla.

—¿Y qué va a pasar si perdés control del timón? —No sé para que le pregunté eso.

—Teniendo en cuenta que estamos bajo la influencia de la burbuja de improbabilidad y una desfragmentación cuántica…  —Kali esquivó a Astarté, otra vez—. Las posibilidades son infinitas.

—¡Interzona en proceso de apertura! —gritó Surt.

—¡¿Qué?! —rugió Kali.

El dron sobrevolaba la ciudad de Buenos Aires. Empezó a llover.

—¡Oh, no, no…! —dijo Surt.

Cuando las gotas de lluvia entraban en contacto con los transeúntes, estos se agarraban la cara y se ponían a gritar. Primero uno, luego otro y luego otro, y otro…  cayeron sobre el pavimento. En el cielo, había un objeto pequeño no identificado en curso de colisión.

Era una persona.

—Está lloviendo sulfuro de argentita… —susurró Surt—. En un diámetro de quince kilómetros… acercándome al objeto volador no identificado.

—¿Interzona? —preguntó Kali—. ¿El sulfuro de argentita sale de interzona?

—La abertura sigue en curso. La lluvia fue la primera ola, eso que está ahí es la segunda… creo que va a haber una tercera. La masa y densidad… similar a La Odisea.

—¡¿Qué?! ¡Tenemos que salir de acá! —gritó Kali.

Había al menos diez drones sobre Astarté. Dos habían logrado alejar a Astarté de Aléxei. La tenían colgando en el aire. Astarté golpeó uno de los drones. El dron se deshizo en motas brillantes. Empezó a golpear el otro dron contra la pared. Astarté comenzó a borronearse. El dron cayó al suelo.

—¡No puedo disparar con mi hermano ahí! —dijo Ana llorosa.

La avenida, las calles, todo se había transformado en una pesadilla. La gente que no se resguardaba moría víctima de la lluvia de sulfuro de plata. El objeto volador no identificado resultó ser una iluminada que no conocía. Era rubia, de cabellos enrulados y cortos. Tenía puesta una armadura completa y flexible, un diseño de la Citadel. Armaduras para transmutación cuántica. Se inclinó un poco, para romper el viento. Aterrizó con un pie y rodilla en el suelo, apoyando sus manos suavemente en el pavimento. Había dejado un cráter.

Era una iluminada que debía tener mi edad.

—¿Masha? —susurró Ana.

—No puede ser… —María estaba descompuesta.

La luminiscente era María Romanova.

Se elevó en el aire, y voló rumbo a la casona.

El túnel de interzona ahora era visible. Las fauces de una criatura antigua y monstruosa dispuesta a engullirlo todo. Una grieta que rasgaba la realidad.

La proa de La Odisea se asomó por la abertura.

—Está en curso de colisión… por la velocidad y la altura a la que se encuentra, no va a lograr modificar su dirección —dijo Surt.

Calculando daños…

Odisea descendía a gran velocidad. Las sombras se extendían por la ciudad, las personas que habían logrado resguardarse, se asomaron a través de los vidrios para ver que pasaba. En aquellos rostros se reflejaba el extrañamiento hacia lo fantástico y luego, el reconocimiento de la muerte. Algunas personas salieron de sus escondites, intentando huir de lo inevitable, para ser presas de la lluvia de sulfuro. Los vehículos no se movían.

—Interzona sigue abierto —informó Moloch—. Si no cerramos interzona, predigo que el choque va a servir de mecha para una catástrofe espacio-temporal. Tenemos que irnos.

Kali trajo hacia sí el marcador de interzona y empezó a manipularlo, sin éxito.

—Interzona, desfragmentación cuántica y burbuja de improbabilidad. Esto va a ser un desastre… —Surt golpeó su pantalla—. ¡No tengo forma de calcular los daños!

No puedo enviar ninguna interfaz por ATE. No tengo forma de fijar coordenadas. No sé en que parte del continuo nos encontramos. Perdí nuestras coordenadas al buscar un resultado favorable al problema de Aléxei con el chaleco.

Astarté se había quedado quieta, miraba hacia el vacío. En una mano, los nematocistos de la atolla. En su otra mano, Aléxei. Unos tentáculos de metal la expulsaron hacia el fondo de la habitación. Los tentáculos se cerraron sobre ella, inutilizándola.

Nos había soltado.

—¡Ahora, tenemos que salir de acá! —le gritó Surt a Kali.

No. Todavía no —dijo Catalina.

—¡Podemos irnos y dejar un dron! —contradijo Surt.

Aléxei confundido, miró hacia la puerta. Sus ojos cansados se llenaron de lágrimas. No sé cuanto tiempo había pasado para él. Pero estaba seguro que no esperaba ver a su hermana. La luminiscente se acercó a él y lo ayudó a levantarse. Se volvió hacia nosotros.

Casi no se notaba que era una quimera.

—¡Salgan de acá, esta tragedia tiene valor! —nos conminó—. Vas a dudar, vas a decir que no lo vas a hacer… ¿Sabés qué? ¡Valió cada segundo! ¿Me oís? ¡Cada segundo! ¡Ésta sos vos! —gritó—. ¡Váyanse! ¡Dejen el dron!

Se arrastró con su hermano hacia la pared.

—Colisión en 10, 9, 8… —Era Surt.

Tomando distancia… —informó Catalina.

—¡¿Los vas a dejar ahí?! —preguntó Ana indignada.

No hay nada que pueda hacer. Estoy dejando el dron…

—3… 2…

María Romanova sacó un artefacto circular de un bolsillo escondido. Parecía un astrolabio. Lo apoyó en la pared y apretó una gema roja en el centro del aparato. El astrolabio se agarró a la pared y las agujas empezaron a girar.

Una puerta vidriada se dibujó en la pared.

Sentimos un sacudón. Me agarré como pude.

La pantalla y el puente de mando quedaron a oscuras.

.

«Reiniciando sistemas… en 5, 4, 3, 2, 1…»

Las consolas y máquinas del puente de mando 1 volvieron a la vida. No así la pantalla holográfica y los reflectores del puente. Estábamos en sombras.

María y Ana estaban abrazadas.

Kali y Surt estaban apagadas.

Catalina seguía en trance.

«Reiniciando universo en 5, 4…»

«¡Detener reinicio automático!» Era la voz de Moloch, saliendo por los altoparlantes.

Miré a Moloch, confundido. Corrió hacia “posicionamiento pandimensional”.

«No es recomendable», respondió Catalina.

«Informe cantidad de habitantes en universo 1, en todos los universos excluyendo el 1.» Moloch desde los altorparlantes, de nuevo.

—¿Qué está pasando? —le pregunté.

«4.000.000.045 de habitantes»,  respondió Catalina.

—Estamos en el comienzo. ¡Este fue el momento en el que llegó Catalina Konovaluk a ARCADIA! —respondió Moloch, nervioso.

—¿La ella de hoy, le está respondiendo a tu yo, de ayer? —pregunté confundido.

«Informe cantidad de habitantes del multiverso, excluyendo universo 1, dentro de universo 1.» La voz de Moloch, de nuevo, desde los altoparlantes.

«250 habitantes.»

«Repito, detener reinicio automático», Moloch de nuevo.

«Detenido», respondió Catalina.

«ARCADIA, pasar reinicio a modo manual…»

«Modo manual activado.»

Me acerqué a posicionamiento pandimensional. La atolla se encontraba varada en Jojmá. Moloch se acercó a la computadora principal.

—Tenemos que detener la desfragmentación cuántica y salir de aquí —dijo Moloch resuelto—. Estamos demasiado cerca de Keter. No es seguro.

—¿Qué pasa en Keter? —No entendía.

—Protocolo Yetzirah. No tenemos daño estructural… pero no sé cual es nuestra ubicación interior exacta. Necesito restablecer los sensores y el contacto visual. Señor Goodhunting, mueva con cuidado la atolla hacia abajo.

Prendí mi esencia y apoyé la palma en la esfera. Calor. Intenté ignorarlo, no dejarme arrastrar. A mi alrededor, por el rabillo del ojo, todo se iluminó. El tejido me llamaba. Vi las redes del yetzirah enredadas en mi mano.

«Estado de Astoreth.»                          

«Interfaz Astoreth no se encuentra en sistema operativo.»

—La llamé “Astoreth”… —susurró Moloch apenado.

«REPITO, ESTADO DE ASTARTÉ O ASTORETH, ARCADIA.»

—Moloch, ¿qué hago? —pregunté.

«Astarté o Astoreth no se encuentra en sistema operativo.»

—Mueva la atolla hacia abajo. Intente restituirla a Tiferet. Con cuidado —indicó. En su voz, angustia.

«¿Astarté o Astoreth es su interfaz operativa vigente?»

«Astarté o Astoreth no son interfaces operativas activas de Arca Relativa Continua Aleatoria Dimensional Inteligente Artificial

«¿Interfaz operativa activa, ARCADIA?»

El puente había cambiado. Me encontraba en una estructura maciza de paredes negras grabadas. Las máquinas de control salían del piso, eran circulares. No estaban empotradas en la pared. Veía a Moloch moverse desesperado de un lado para otro.

 Estaba solo.

Catalina Konovaluk.

—¿Interfaz operativa activa, ARCADIA? —preguntaba Moloch.

Catalina Konovaluk.

«Señor Goodhunting…» La voz sonaba lejana.

Tenía la mano apoyada en la esfera. Volví a mí mismo.

—Sí, lo siento Moloch —Intenté disimular mi extrañeza.

Moví la atolla. Sentí un mareo.

«Siempre me definí como una mujer corriente. Quiero decir, cuando era joven tenía esa sensación de que estaba destinada a grandes cosas. Era un hecho que iba a hacer la diferencia aunque el cómo fuera incierto…»

—Suena tan… diferente —susurró Ana.

—Estamos escuchando un fragmento de su bitácora personal —dijo Moloch—. Señor Goodhunting, continúe bajando. En unos momentos voy a tener reestablecidos los sensores.

Hice girar la esfera otra vez, Jesed.

«Soy una bastarda Romanov y también soy Rasputina. Hubo un concurso de herencias genéticas de mierda y yo había tenido todos los números. Herencias de mierda, destinos de mierda… en fin.»

—Creo que desde que llegamos asumimos que ella estaba orgullosa de su sangre y que se creía más que nosotras por eso… —dijo Ana.

—¿Y no que se avergonzaba de nuestra herencia? —susurró María con tristeza.

—Supongo… ahora me siento un poco estúpida.

—¿Quién no querría ser todo lo que existe, no? —pregunté con sarcasmo.

Volví a mover la atolla. No sabía que había querido decir con “mujer corriente” pero estaba seguro que transformarse en el universo no debía estar en sus planes. Aunque en su juventud pensara que estaba destinada a grandes cosas y el cómo fuera incierto.

Todo esto parecía un chiste malo.

—Logré reiniciar los sensores. Estoy recibiendo el resumen de daños —avisó Moloch.

—¿Y Catalina? ¿Podemos recuperarla del sistema inconsciente? —pregunté—. ¿Seguimos circulando por el protocolo Space Opera?

—Todavía no puedo acceder al Módulo de Interfaz. Ni al sistema inconsciente. El protocolo Space Opera no figuraba en sistemas antes del cierre. Supongo que debido a que estamos adentro. Hasta que no salgamos, no vamos a leerlo.

—¿Entonces se extiende hasta el momento de su resurrección, no? —Sabía la respuesta.

—Sí, aparentemente, podemos deducir que se extiende hasta el Protocolo Yetzirah. Me cuesta aceptar esto, pero parece que era inevitable… Me cuesta creer que un arcadiano pudiera hacer una cosa así. Son menos inferiores que los humanos; pero aun así, usted no es el más inteligente ni el más iluminado de los representantes de su especie. No era un resultado esperable.

—Me imagino, tan inesperado como una humana q´yauri —dije con ironía.

—Ciertamente —me concedió.

—Te agradezco de que a pesar de todo, confíes en este proyecto de “demiurgo fracasado” para devolver el arca a Tiferet. —Viré al sarcasmo, molesto.

—No tiene nada que agradecer. Sus cualidades específicas de especie son determinantes en este caso. Si pudiera elegir, es claro que usted no estaría entre las opciones. Pero no puedo darme ese lujo —explicó, más animado.

Antes de que pudiera responderle, María se metió:

—¿Y Legión? ¿Qué habrá pasado?

—¡Nos olvidamos por completo! —gritó Ana entristecida.

—No tengo acceso al Módulo todavía, así que no tengo datos. —Moloch seguía manipulando la consola. Al menos la conversación le había devuelto el ánimo—. Lo que no entiendo es cómo todavía nos mantenemos en pie. Mantuvimos nuestra integridad estructural casi intacta a pesar del daño… Estos números tienen que estar mal.

—¿Por qué? —pregunté. Tenía un deseo irracional de encontrar una excusa para llamarlo “inferior”.

—Porque con todos los comandos que se están ejecutando, a pesar de la cantidad de interfaces disponibles y de mí, una unidad de mantenimiento no es suficiente. Todo lo que soy no llega a compensar las deficiencias que estoy leyendo. No lo entiendo.

Me hinché de alegría. Cuando estaba por abrir la boca para insultarlo, tuve una epifanía.

—ARCADIA necesitaría una unidad de mantenimiento suplementaria, ¿no?

Se quedó pensativo, leyendo los datos.

—Aunque el funcionamiento no es óptimo, los datos que estoy leyendo sugieren la presencia de una unidad de mantenimiento suplementaria. Podría interpretarse así.

—ARCADIA necesitaría una unidad de mantenimiento suplementaria porque sos insuficiente… inferior, por decirlo de alguna manera, ¿no? —¿Qué te puedo decir? No pude resistirme—. Cuando salgamos de ésta, te prometo que este proyecto de demiurgo fracasado te va a conseguir una unidad de mantenimiento suplementaria, Moloch. A pesar de tu inferioridad, ARCADIA va a prevalecer. —Sonreí, satisfecho.

—Pero que sea alto y que se  vea cómo “una estrella de cine”… —pidió Ana.

—Sí, cómo eso —le respondí, me sentía generoso.

—¿Y si ponemos música para llamarla? —sugirió María—. Quizá así recobre la conciencia y se destrabe, ¿no?

—Es una idea genial… —afirmé—. Ella dijo que si se perdiera en el continuo…

—Pintoresco. Pero no está perdida en el continuo, está sincronizada al sistema inconsciente. Segundo, no tengo acceso a esa parte de la memoria. Tercero, no veo como poner música, va a levantarla del sistema. No hay una relación causal. Muchas veces escucho música en mi oficina y eso no hace que IOCK se apersone.

—Moloch, ¿te puedo decir algo? —María estaba molesta.

—Diga.

—Tu subrutina de personalidad es una mierda.

—Unidad Moloch 4 era más simpático —afirmó Ana.

—No lo era… pero usaba anteojos. Seguramente eso hacía el truco —agregué entre risas.

Estaba llegando a Tiferet. Suspiré aliviado.

—¡Blake! —gritó María.

Catalina se había incorporado. Sus ojos volvían a tener iris y pupilas. Miró a su alrededor aterrorizada. Respiraba. Agitada. No parecía vernos. La esfera dejó de responderme y empezó a moverse sola. Intenté controlarla.

—¡No! —grité—. ¡Moloch! ¿Qué hiciste?

—Parece que no tengo autorización para terminar con la sincronía… —respondió confundido.

A zancadas, Catalina se acercó al lugar donde había estado la pantalla holográfica. Estiró su mano. Recuperamos el contacto visual. En posicionamiento pandimensional, la atolla estaba en Yesod. En pantalla: Arcadia Prime. Había una anomalía temporal en curso. Las fauces de interzona estaban invadiendo mi espacio. En Ereshkigal, las colmenas estaban siendo evacuadas y los caminantes estaban siendo resguardados. La larga noche de Ereshkigal iba a ser inolvidable.

Era La Odisea, otra vez.

—Dos Tierras… —balbuceó Catalina haciendo uso de su boca—. Perdí dos Tierras….

—¿De qué está hablando? —casi grité a Moloch.

—Estoy recibiendo el informe de daños… la catástrofe espacio temporal destruyó uno de los accesos del ATE,  la interfaz Astarté… y dos Tierras.

—ESTO SE ACABÓ —gritó Catalina. El yetzirah brillaba.

—¿Dos Tierras? —repitió María temblorosa.

—Sí, fue una catástrofe espacio-temporal. Arrasó dos Tierras. Dos líneas de continuidad —explicó Moloch—. Pero la interfaz fue destruida. Ahora solo quedan dos.

—¿”Ahora” sólo quedan dos? —María estaba indignada—. ¿Y los planetas? ¿Y la gente? ¿Maté gente? ¡¿Voy a matar gente?!

La esfera me quemó la mano. Tuve que desconectarme. Nos alejamos de Ereshkigal y subimos a Hod.

Sentí golpes en la puerta del puente de mando.

¿Quién estaba del otro lado?

Me mareé.

—¡Catalina! ¡Tiene que detenerse! —la instó Moloch.

—¡Estamos entrando en Netsaj! —avisé.

—¿Eh? —dijo Catalina para sí misma—. Me tenés que estar jodiendo… esto tiene que ser una joda. ¡Esto es lo que me faltaba!

Ciudades encerradas en cúpulas de cristal, todas interconectadas. Grandes antenas recibiendo y transmitiendo. Colmenas modernas, con capacidad para miles de personas… El Mundo Glorioso, el Séptimo Cielo.

Estábamos en Edom.

—Moloch, creo que tenés que ver esto, acaba de pasar algo raro. Muy raro —avisé aterrorizado.

La atolla se había partido en dos. Una volvía a Yesod y la otra se dirigía en línea recta a Keter.

—¡¡Catalina!! —llamó Moloch desesperado.

—Iniciando Protocolo Yetzirah en 10… 9… 8…  —Escuchamos la voz de ARCADIA en los altoparlantes.

Las atollas se anclaron. Una en Keter y la otra en Yesod. Las líneas de fundamento comenzaron a brillar uniendo todo el árbol sephirótico.

El puente quedó a oscuras, otra vez.

—Cuatro… Tres… Dos… Uno… Iniciando Protocolo Yetzirah, estableciendo enlace con universo 32 —informó ARCADIA.

—¡¡No!! —gritó Moloch aterrorizado.

—Conexión establecida…

La pantalla destelló. Oscuridad. Un círculo rojo. Tinieblas. Un círculo rojo en un gigante ventanal de piedra. Oscuridad. Profundidad de campo. Era un satélite lo que veíamos. Un satélite rojo en el cielo. Manos que se abrían y se cerraban con el yetzirah dibujado.

¡Estábamos viendo a través de los ojos de Catalina!

Un muchacho rubio y otro morocho con el pelo ensortijado le hablaban. No había sonido. Creo que la estaban ayudando a incorporarse. Tenía puesto un vestido rojo. Apareció un pelado con aros en la cara, que intentó cubrirla.

Dejamos de verlos, creo que Catalina les dio la espalda.

Vi a mi versión milenaria, miraba a Catalina con alegría, llorando… Atrás de él me pareció ver a Ludien.

Sí, Ludien.

Peleaba a muerte con un Alexi joven y desencajado. La acción parecía situarse en un gran salón de piedra.

En otro sector, una mujer de cabellos negros, muy alta, estaba disparando un arma bastante rudimentaria sobre un tipo de pelo largo y colorado. Había varios de esos sujetos colorados. De hecho, uno estaba peleando contra sí mismo.

Mi otro yo, fue en asistencia de la mujer alta.

Entonces la vi.

Al fondo del salón, una mujer de cabellos rubios enrulados largos, peleaba con agilidad arcadiana contra un hombre de cabellos oscuros y mirada vacía. Cuando se percató de que Catalina estaba de pie, se emocionó. Se colgó de la cabeza de su oponente y la estrelló contra el suelo. En ese movimiento, su piel desnuda brilló en un entramado familiar.

Eran los trazos del yetzirah.

La mujer corrió hacia nosotros, desesperada y sonriente.

Era ella. La del cuadro. La del departamento 32.

—ARCADIA, suficiente —ordenó Catalina, molesta. La imagen se congeló en un primer plano del rostro de esa mujer. Catalina en silencio, la estudiaba con el ceño fruncido—. Parece que después de todo, voy a volver a casa… Sacá a Micaela de mi vista, por favor —ordenó a ARCADIA, acompañando la orden con un gesto despectivo.

En la que había sido mi consola, las dos atollas habían desaparecido. Ahora había solo una en Tiferet. Catalina estaba mirando a mucha velocidad diferentes ilustraciones en la pantalla principal. Las imágenes se detuvieron en un ideograma conformado por un corazón y un cohete.

—ARCADIA, escuchá atentamente lo que voy a decirte, por favor —Catalina caminaba de un lado al otro del puente, con las manos en la cintura.

—Entendido.

—Iniciá secuencia de protocolización, por favor.

—Entendido. Indique comandos a protocolizar.

—Primero, protocolizá interfaz Kali, activa.

—Primer elemento del protocolo, incorporado.

Kali se prendió. Miró hacia sus lados y luego se puso a trabajar.

—Segundo, interfaz Surt, activa.

—Protocolizado.

Surt volvió a la vida. Se tocó la cabeza unos instantes. Miró a Catalina en silencio. Nos dio la espalda y se puso a trabajar.

—Tercero, protocolizá el comando “sincronización de sistema operativo y sistema inconsciente”.

—Protocolizado.

—Cuarto, protocolizá  el comando “desfragmentación cuántica” y todo lo que contenga.

—Desfragmentación cuántica y todos sus componentes incorporados.

—Quinto, incorporá todo lo que exista bajo el nombre de Protocolo Yetzirah. Interno y externo.

—Protocolizado.

—Sexto, vas a poner en funcionamiento el Protocolo en cuanto lo cierre.

—Entendido.

—Séptimo, vas a informarme que el protocolo está activo con el logo seleccionado. —Se refería a la imagen con los dos ideogramas.

—Incorporado.

—Octavo, vas a protocolizar esta serie de comandos bajo el título Space Opera cuando lo cierre.

—Entendido.

—Noveno, vas a guardar este protocolo en Tiferet.

—Entendido.

—Y décimo, la única autorizada para acceder, modificar, cerrar o borrar el Protocolo Space Opera es interfaz operativa Catalina Konovaluk.

—Incorporando.

—ARCADIA, cerrá el Protocolo.

—Protocolo Space Opera cerrado y activo.

Su mirada era lúgubre. Se mordió los labios y apretó el respaldo del sillón con los dedos.

—Todo volvió a la normalidad. Aléxei se encuentra en Enfermería —dijo cabizbaja.

—¿Podemos ir a verlo, entonces? —preguntó Ana ilusionada—. ¿Vas a venir con nosotras?

—Ya estoy ahí, no me separé de él. —Esbozó una sonrisa triste—. Siento haberlas expuesto a esto. —Cerró los ojos unos instantes mientras negaba con la cabeza—. No fue mi intención…

—Lo sabemos —interrumpió María—. No te culpamos. Es… lo que es.

—Lo que viste… no tiene por qué pasarte a vos. Esa que viste no necesariamente vas a ser vos —intentó explicarse Catalina.

—No importa, realmente. —María posó su brazo alrededor de su hermana—. Vamos a ver a Aléxei… —Ana se dejó llevar hacia la puerta. María se detuvo—: ¿Y Legión? ¿Qué pasó con Legión?

—Está en la cámara génesis. Logré protegerlo antes de que todo explotara. —Las chicas amagaron con retirarse—: Esperen… quería… Gracias. —Me incluyó en el agradecimiento—. Gracias por… esto.

—No tenés nada que agradecer. Al contrario. Nosotros deberíamos agradecerte a vos que estés acá, ocupándote —me apresuré a aclarar.

María esbozó una sonrisa triste y la miró con timidez. Ana suspiró aliviada. Le guiñó un ojo. Salieron más animadas.

—Moloch. Necesito la copia rubricada de la Proclamación de la Emancipación.

—Enseguida, Catalina. —Moloch salió presuroso y dispuesto.

—Es insufrible… —susurré.

—No es su culpa. Se le escapan muchas sutilezas. No hay maldad en su forma de ser. Intenta poner lo mejor dadas las circunstancias. A veces me olvido. Pero él… acata. —Se mordió la parte interior del labio, con tristeza—. Intenté darle el mayor libre albedrío que pude. Pero el comando central está en el Pandemonium. Y a pesar de las libertades que tiene… es esclavo de estos sistemas y no hay nada que pueda hacer.

—No sabía eso.

—No, no tenías por qué saberlo. Y aun así, hoy es más dueño de sí mismo que nunca.

Se hizo un silencio incómodo.

—Tengo muchas cosas que contarte. Bah, tenemos, los chicos y yo… —aclaré de manera innecesaria—. Estuvimos en muchos lugares y momentos antes de llegar al puente. E involuntariamente recopilamos un montón de información que nos puede ser… que te puede… ser muy útil.

—En unas repeticiones, cuando hayan descansado, podemos comer todos juntos y charlar.

Asentí con cortesía y me dirigí a la puerta. No había nada más que decir. Me sentía nervioso, pero aliviado.

Continúa en Tiferet 4, Parte II…


ARCADIA. Episodio 12. Tiferet 4 (Parte II)

¿Por qué no hacer un ida y vuelta? ¡No te vayas sin saludar!

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