ARCADIA. Episodio 6. Jesed

ARCADIA. Bitácora personal. Catalina Konovaluk. Día 90°.

Por sugerencia de ARCADIA, Moloch se ha vuelto mi tutor provisorio: su primer “mandamiento” fue prohibirme la entrada al ATE Continuo debido a mí “impulsividad”. Lo mandé a freír churros. Sin embargo, mucho no me importa porque descubrí una sala con proyección en tres dimensiones llamada Control de Linealidad, en el ATE Discontinuo. Es un lugar para mirar, investigar y correr simulaciones en el tiempo-espacio. Me gustaría decir que solo genera simulaciones holográficas… pero creo que también fabrica universos diminutos. Ahí hice algunas investigaciones sobre Arcadia Prime, el planeta de origen de Blake Goodhunting, sin que Moloch se enterara. Utilicé archivos historiográficos y geográficos, nada de mini-universos (creo).

Se me ha explicado también, que no tengo manera de cruzar al universo de Adam. Pero no estoy convencida. La mejor solución por el momento, es cooperar.

Moloch me informó que hay cuatro ecos de Astarté perdidos en el continuo espacio temporal. Ecos, que debemos discontinuar. Por otro lado, me transmitió su inquietud al respecto de que Adam está queriendo comunicarse conmigo. Mejor dicho, no conmigo, sino con Astarté. Las cosas parecen apuntar a que Adam no sabe lo que ha sucedido. La realidad es que Moloch me sugiere que me haga pasar por Astarté para cortar mis relaciones con Adam. A la Goetia no le interesa realmente la vida privada de los q´yauri, mientras ésta no ponga en juego la subsistencia del multiverso, así que ahora es un problema menor.

¿Qué puedo decir de los archivos de Arcadia Primera? Es un mundo en Andrómeda, galaxia vecina de la Tierra. Este planeta es el lugar de origen de Blake Goodhunting.

El planeta se desarrolló culturalmente de maneras similares a la Tierra, salvo por una variable que llevó a sus habitantes por caminos muy diferentes: el planeta se caga en toda la física que conozco. Un planeta, tres satélites naturales y dos estrellas, circumbinario, ¿no? Bueno, no. El planeta y dos de sus satélites realizan una danza alrededor de las dos estrellas, conformando una lemniscata de Bernoulli, el símbolo del infinito. Esta órbita bizarra hace que presente una gran cantidad de  anomalías espacio-temporales. Esto no es algo anormal para ellos, lo es para mí. Es posible trazar una línea temporal unidireccional en el espacio de Arcadia Primera, el problema, son las anomalías espaciales. El planeta es propenso a tener brechas dimensionales y dar paso a criaturas de otros universos y realidades, que pueden provenir de otros momentos y otros ritmos. En Arcadia Prime, las realidades colisionan. Lo mismo puede decirse de sus tres satélites. Por ejemplo, Arcadia Quarta o Edom (como suelen llamarlo sus habitantes), tiene una órbita peculiar, desaparece por una anomalía espacial por treinta años arcadianos y luego vuelve a aparecer exactamente del otro lado, como si hubiera hecho la órbita de manera “invisible”. Es una suerte de satélite viajero. Desaparece en otros universos y realidades de estos, manteniéndose en órbita. Mientras se mueve por el espacio, va tomando diferentes categorías: a veces es un satélite, otras es un planeta en órbita y otras un planeta errante. Cuando salta de universo, no puedo ver como continúa su órbita. Solo puedo verlo ingresar en otra parte de universo 1 para continuar su extraño vagabundear. En todos sus satélites los arcadianos establecieron colonias. Ellos migran de su planeta hacia los satélites en períodos de doscientos años arcadianos más o menos. Una especie de instinto los llama a migrar.

Debido a la relatividad del tiempo, existen en un continuo temporal diferente al de mi planeta. Una hora arcadiana, llamada por ellos repetición por alguna razón filosófica incomprensible, es equivalente a un año terrestre. Así mismo, los segundos son llamados instantes y los minutos momentos. Los días, se llaman ciclos y están compuestos por treinta repeticiones. A su vez, los ciclos se agrupan en jornadas, equivalentes a mis semanas y éstas, están compuestas por cinco ciclos. Cada cinco jornadas, se conforma un bucle es decir, un mes. Los años, son temporadas de diez bucles. Sus siglos, son períodos de cien temporadas.

Los cambios climáticos están divididos en dos: utu, su invierno y ventu su verano. Estas estaciones no son progresivas ni tan notorias como en Tierra: en Arcadia Prime hace mucho, mucho, mucho calor, siempre. Suceden de manera aleatoria y en función de las brechas dimensionales que estén pululando: un día hace muchísimo calor y al otro día hace muchísimo calor, pero ellos creen que sus “cambios climáticos” merecen separarse en utu y ventu. Una payasada. Los días son muy largos y las noches también: no existe un saludo similar a nuestro “buenos días”… los atardeceres son similares, eternos. Cuando el planeta se posiciona en el centro del vértice, con una estrella de cada lado, es de día en todo el planeta.

¿Por qué el planeta se llama Arcadia Primera, Arcadia Prima o Arcadia Prime? Porque es el primer planeta del multiverso. Arcadia Prime, como su satélite Arcadia Quarta, también era un planeta viajero, hasta que estacionó su órbita en universo 1. El último universo de una escala de setenta y dos universos con sus realidades contiguas. Un universo para los q´yauri, es un multiverso infinito.

Arcadia Prime está incrustado en este universo y tiene entradas para los otros setenta y uno. Arcadia Quarta tiene como resultado esa órbita surrealista, porque nunca se detuvo. Por esta razón, el planeta y sus satélites son varios miles de millones de años más viejos que el mismo universo en el que me encuentro.

Arcadia Prime está dividida en grandes islas, cada una de éstas es un país. Tienen la misma diversidad cultural que en la Tierra, con el aditamento de la vida alienígena. La cual es muchísima en algunos países y nula en otros. El verdadero triunfo de sus habitantes fue liberarse de la superstición y manipulación a la que eran sometidos por seres extrazona, más avanzados tecnológicamente y hacerse cargo de sus propios destinos. Desde lo biológico, los arcadianos tienen una expectativa de vida que va desde las mil quinientas a dos mil temporadas. En su composición los elementos predominantes son el carbono y el litio. El manejo de la electricidad y el magnetismo es algo tan cotidiano para ellos como para mí tomar café a la mañana. Y por supuesto, volar es la regla, caminar es la excepción. Viven en grandes colmenas con sectores para “caminantes”. Hay un apartheid naturalizado: porque en realidad, “caminante” es la forma políticamente correcta de decir “alienígena”. Cuando el alienígena también vuela… los luminiscentes o iluminados, como se llaman los arcadianos a sí mismos, lo siguen llamando caminante.

Este planeta era el mundo favorito de Astarté, del que más se sentía orgullosa. Los luminiscentes, son seres ingenuos y algo arrogantes que han aprendido a sortear las difíciles circunstancias de su mundo, conservando su integridad y protegiendo su cultura. No han llegado nunca a extremos proteccionistas, más allá del apartheid, aceptan las presencias alienígenas, invitándolas a convivir con ellos dentro de sus términos. Mientras éste intercambio se haga dentro de los parámetros de la coordinación, es decir entre iguales y no desde la jerarquía, los iluminados son buenos vecinos. ¿Por qué digo esto? Porque los arcadianos son bastante asquerosos entre ellos también.

Un día, se me ocurrió una idea y decidí hacer algo audaz. La clave, era Blake Goodhunting. Apurada, corrí a la sala de las latas, busqué lo que necesitaba y de ahí fui a Control de Linealidad en el ATE Discontinuo. Coloqué algunos de los discos y activé el sistema en tres dimensiones. Como nunca había metido una de las llaves del ATE en este sistema, no sabía que esperar.

Me encontré parada, en una larga y ancha avenida iluminada por dos estrellas gigantes que se veían por entre las colmenas: una roja y otra naranja. A mi alrededor, había criaturas de todos los tamaños y colores, vestidas con ropas pesadas de telas metalizadas. Como dije antes, en Arcadia Prime, hace calor, mucho calor. Lo más llamativo, sin embargo, se encontraba justo arriba: los luminiscentes flotando a treinta metros de donde yo estaba, como si fueran una sociedad aparte. Iban y venían de un lado al otro, hacia sus casas, sus trabajos o solo paseaban.

—Usted es nueva, ¿no? —dijo una criatura sin pelo, con piel muy rosada y grandes orejas.

—ARCADIA… ¿por qué estoy siendo interpelada en el ATE Discontinuo? —pregunté, sin poder dejar de mirar al cielo.

—Para darle más realismo a la experiencia, Catalina. ¿Desearías ser solo una observadora?

—Todos los recién llegados se sorprenden con la vista… —continuó la “mujer” como si no nos escuchara, señalando hacia arriba. Supuse que era mujer, por el timbre agudo de su voz. Ahora pienso que por ahí podía estar equivocada.

Suspiré e intenté mantener la compostura. Una sombra nos cubrió. Un luminiscente venía hacia nosotros, alto, esbelto… luminoso. Irradiaba luz. Tenía un tapado azul metálico que le llegaba a los tobillos. Parecía un arcángel de esos que se ven en las iglesias. Era bello. Pasó a nuestro lado y aterrizó con gracia en la avenida. Yo tenía la boca abierta y sin querer me había abrazado a uno de los tentáculos de la mujer-criatura. La luz que emanaba se transformó en un brillo tenue. Tenía una barba de dos días y cabellos castaños por los hombros. Sus ojos eran grises y miraba hacia sus lados con aires de superioridad.

—ARCADIA, ¿este tipo es real?

—Sí, Catalina. Peregrino Ludien Casafaust, nacido en Edom, 50 temporadas, ciudadano de Innanopilas…

—Gracias, ARCADIA… —la interrumpí, no le había pedido la biografía.

Le solicité a ARCADIA que me mostrara Arcadia Primera el día que Blake Goodhunting dejó este universo. Mi nueva amiga y Ludien Casafaust desaparecieron para dar paso al siguiente escenario:

Arcadia Primera, en esa línea, había dejado de existir trescientos años antes de que Blake dejara este universo. Los peregrinos y los espaciales, la orden tradicionalista defensiva del planeta y el grupo liberal, habían destruido su civilización en una guerra sin sentido al no poder congeniar sus intereses. Una guerra que había durado cuatrocientos de sus años.

¿Cuál había sido uno de los puntos de separación entre Dugal, el nombre que le daban los espaciales a su país e Innanopilas, el país de Blake Goodhunting? La llegada del super ser. Los peregrinos habían llegado a dominar la genética en un punto impensado. Por medio de re-escritura, se habían desarrollado a niveles muy superiores del iluminado hierofante promedio. Por supuesto, el gestor de este movimiento, el “elegido” había sido un sujeto llamado Alexi Darmstadt. Un famoso alquimista y genetista de su época, proveniente de un lejano planeta, en otra galaxia. De más está decir que para mi sorpresa, las imágenes que vi del alquimista me permitieron identificarlo: era Rasputín, más joven. El mismo muchacho que había visto segundos antes de que el rito del yetzirah comenzara.

—ARCADIA, ¿quién es este muchacho? —pregunté.

—Aléxei Nikoláyevich Romanov.

—¿Sigue vivo?

—Éste Aléxei Nikoláyevich Romanov es la materialización de Adam en universo 1.

—O sea, su cuerpo sigue vivo, pero él no —elaboré pensativa.

—Afirmativo —respondió.

—¿Ubicación?

—Universo 32.

Recordé lo que Blake me había dicho al respecto de la familia Romanov. También recordé otra cosa: él me había dicho que Rasputín estaba en un cuerpo humano.  Pedí a ARCADIA las bitácoras del período de la Rusia Zarista y las bitácoras de la llegada de Alexi Darmstadt a Arcadia Prime. Las rutas estaban en la caja cilíndrica que había traído conmigo.

La historia que recopilé fue la siguiente: Adam estaba materializado en universo 1, en Rasputín (el monje loco). Había comenzado a realizar experimentos genéticos en el niño Aléxei, en su intento de suavizar y perfeccionar el yetzirah. Era posible para mí entender también, que esto lo hayan realizado también en mi universo, el 32. Adam se excedió (venía manipulando la genética de una misma línea familiar) y el resultado en Aléxei fue una cantidad de defectos genéticos que lo volvieron un niño muy débil. Esto no evitó que comenzara el rito del yetzirah sobre él, ya que sería su próximo recipiente. Así que básicamente lo sometió al mismo rito que a mí.

Con la primera guerra mundial, tuvo que acelerar sus planes e hizo que Aléxei, a la tierna edad de trece años embarazara a una de sus “hijas”, para que la sangre siguiera su curso y limpiar la hemofilia. Rasputín fue ejecutado. Aquí Astarté salvó al niño Romanov de las garras de los bolcheviques y lo llevó a Arcadia Primera. Fue curado de todos sus defectos genéticos y preparado psicológicamente para volverse el nuevo ser, aquél que llevaría a Arcadia Primera a otro nivel de entendimiento.

En ese movimiento es en el que Blake había entrado. El cuerpo de Aléxei fue curado y transformado en una quimera humano arcadiana por medio de la hierografía.

Todo esto hubiera salido bien si no fuera por un detalle. Astarté enfermó. Empezó a mostrar inestabilidad, las cosas empezaron a salirse de control y por más que su amante quiso ayudarla, no hubo nada que pudiera hacer por ella. Ésta, en un momento determinado, descargó su ira sobre la quimera Alexi, el cual con ayuda de Blake Goodhunting, escapó al universo 32 por Edom. En el medio de toda esta movida, Blake traicionó a su mentor Nautilus Soren. Este no es un dato menor.

El ingeniero peregrino no se dejó impresionar por este movimiento e intentó alejar a Blake de la secta. Astarté se las ingenió para manipular a Blake y hacer que este asesinara a Soren. Ese fue el punto de quiebre de Blake, a partir de ahí, no se separó más de Rasputín. Había tomado partido.

El problema entre Adam y Astarté fue que Alexi decidió seguir reproduciéndose en este universo. Alguien tenía que esparcir la sangre para que fuera más fácil materializarse. Algo que cuando Astarté enfermó, empezó a molestarle.

¿Por qué digo esto? Porque Astarté era una diosa bastante liberal. Encontré una libreta roja que contiene un largo listado de amantes de Astarté. Blake formaba parte de este selecto grupo. Era una diosa de la fertilidad hasta que “enfermó”. Un día, la idea de que Alexi se reprodujera, dejó de resultarle divertida y empezó a rasgarse las vestiduras. Parecían las intrigas de los dioses griegos.

Le pedí a ARCADIA que me mostrara el punto 0 de la supuesta “enfermedad” de Astarté. El punto 0 había sucedido en la Tierra, no en Arcadia. Adam, en posesión de Alexi Darmstadt se había encaprichado con una humana.

Esa humana era mi otra yo.

Catalina alterna estaba saliendo con Luciano. Adam se las ingenió para conocerla y ella se enamoró. La Catalina de este universo, rompió con Luciano.

Mientras me observaba a mí misma, en aquella línea de continuidad, puedo jurar que sentí como se me revolvía el estómago. No tuvo chance. Obviamente, que “Alterlina” nunca se enteró de lo que estaba pasando. Salvo recurrentes visiones con una mujer que la torturaba en sueños. Esas horribles pesadillas terminaban con un dulce despertar, mimos y abrazos de su nuevo novio. Que, por supuesto, sabía qué hacer y qué decir para tranquilizarla. Había hecho la tarea y sabía como llegarme.

¿Cuál era el plot? Embarazarla. Crear otro recipiente para el futuro Adam. ¿Por qué?

Aléxei era mi tatarabuelo y Rasputín mi tátara-tatarabuelo. Mejor dicho, de la Catalina Konovaluk de este universo. En realidad, del mismo q´yauri en un cuerpo diferente… Creo que se puede esperar lo mismo del Alexi de mi universo.

Soy una bastarda Romanov y también soy Rasputina. Hubo un concurso de herencias genéticas de mierda y yo había tenido todos los números.

Herencias de mierda, destinos de mierda… en fin. Luego voy a explayarme sobre como sucedió.

Retomando el relato, luego de la revelación dantesca de mi herencia, debo decir que las cosas no salieron como mi antepasado las planeó. Si las cosas hubieran seguido en esa línea, hoy las cosas serían diferentes.

Volvían a casa, felices, con el bebé que era milagrosamente sano. Aquella noche, Alexi tenía que tomar su vida, ya que no tenía absolutamente ninguna función luego de haber parido. Pero no lo hizo. Observé como la miraba, dudoso, enojado, acongojado, mientras ella amamantaba a su hijo. Observé como Astarté desde el espejo los miraba. Observé como su rostro se iba contrayendo por la ira, por la furia al aceptar la verdad que había estado negándose todo este tiempo.

El imbécil se había enamorado de ella.

Sentí tanto, pero tanto asco. Sigo sintiendo un gusto amargo en la boca todavía, al recordar las imágenes a las que me sometí. No quiero hacer un raconto, ya que es algo de lo que espero olvidarme con el tiempo.

Volviendo a ese día, Alexi estaba nervioso. Ella se dio cuenta, lo interrogó y él no sabía que contestarle. “Alterlina” insistió, Alexi le dijo que la amaba y que hacía muchísimo tiempo que no sentía. Le dijo que confiara en él, pero que ahora tenía que acompañarlo.

Cuando estaban a punto de salir, Astarté apareció en escena. Vi como mi hijo (su hijo) caía al suelo dándose un fuerte golpe, mientras Alexi intentaba abrir un portal a Edom. Observé como los hilos de la realidad iban mutando y Astarté sin dificultad bloqueaba todos sus intentos de crear una puerta. Luego, con una cinta de cuero empezó a estrangular a “Alterlina”. Cuando Alexi corrió a intentar salvarme… salvarla, desató la furia total de Astarté. Ella dio su último aliento y me vi morir. Astarté abrió el portal y con un simple movimiento de mano, hizo que Alexi saliera disparado por él. El bebé gritaba. Astarté me soltó y fue en busca de una almohada. La cual puso sobre la cabeza de mi bebé, hasta que dejó de llorar.

El esfuerzo que tuve que hacer…. Para no ir al subsuelo 25… y hacer un desastre sin pensar en la línea de continuidad, habla muy bien de mí en estas instancias… o quizás no. No se trataba de evitar que me matara, a mí o a mi bebé. ¡Ni si quiera era yo y ahora grabo esta entrada como si lo fuera!

Volví a enumerar las cosas que recordaba y empezaron a cerrarme más. «Hacerte mi esposa», no a mí. A ella. Su enojo desmedido, cuando le dije que a quien quería era a mí y no a ella, ahora tenía una explicación. Las razones por las cuales iban a realizarme el yetzirah, aunque no era recomendable por la resistencia que había mostrado. La única forma de que Astarté perdonara a Adam era mi sacrificio. Me quería a mí.

Ella me quería a mí.

Ahora, ¿por qué Adam se quedó en el cuerpo de Alexi? Esa pregunta no tiene respuesta.

Aposté una cosa más, los cuatro ecos de Astarté, debían estar en el rulo generado por estos eventos. Éstos, habían sido los hechos determinantes. Aléxei Romanov, el yetzirah sobre Alexi y mi muerte. Si tenía razón, en esos eventos, podría encontrar  los ecos. Este fue el momento preciso, en el cual mi agenda cambió.

Si lograba hacer las cosas bien podría cambiar la continuidad e incluso salvarme. Lo que tenía que evitar, era el yetzirah de Aléxei. El punto a modificar, estaba en la revolución bolchevique. Tenía que dejar que ejecutaran a Aléxei Nicolayevich Romanov. Mejor dicho, tenía que permitir a la historia transcurrir sin ningún tipo de intrusiones alienígenas.

—ARCADIA, necesito que elabores un punto Jonbar, ¿sería posible?

—Afirmativo.

—Si el tsesarevich Aléxei Nicoláyevich Romanov fuere asesinado en la casa de Ipátiev, el 17 de julio de 1918, ¿cómo se modificaría la línea temporal? —tiré.

—Un Adam no cruzaría nuevamente a Universo 1.

—¿Un Adam? —repetí desilusionada.

—Afirmativo.

—¿No puedo cambiar lo que pasó? —pregunté.

—La pregunta está mal formulada —me contestó la descarada.

—¿Mal formulada? Puedo evitar que un Adam cruce. ¿Qué significa? —Me estaban ganando los nervios.

—Significa que en un nuevo conjunto de eventos, un Adam no cruzaría.

—¿Por qué nuevo?—pregunté impaciente.

—Es nuevo, porque Catalina Konovaluk estaría interviniendo.

Decidí dejar de prestar atención a estas cuestiones confusas que ARCADIA estaba resaltando y me prometí agarrar los libros que había en mi biblioteca sobre mecánica temporal en algún momento. Quería seguir elaborando mi plan. Un Adam. No tenía la menor idea si era un dato mayor o un dato menor.

—¿Podrías mostrarme como sería Arcadia Primera, en esta línea hipotética; en el mismo punto temporal, en el que Blake Goodhunting abandonó universo 1 en la línea que me mostraste originalmente? —pregunté.

No pude evitar sonreír. Arcadia Primera brillaba, floreciente, llena de vida. Suspiré mientras veía naves entrar y salir, contemplaba la arquitectura, los cielos, sus mares de argentita. Me tomé la molestia de mirar la curvatura y todo en rededor había florecido. Una pequeña parte de la galaxia pasaba de la ilustración a la iluminación.

—Con Alexi Darmstadt eliminado, ¿cómo afecta la línea de continuidad de Catalina Konovaluk de 1.345.654.rer.3423?

—Con los ajustes pertinentes, sin interrupciones hasta el fin.

—O sea que la eliminación de “un” Adam, corregiría el error y estos ecos se disolverían.

—Quedarían expuestos para su eliminación.

Así que estaba decidido, no entendía como una cosa llevaba a la otra pero la verdad es que no me importaba en lo más mínimo. Si permitía que los hechos se desarrollaran naturalmente, es decir, como había estudiado en mis libros de historia, existía una remota posibilidad, de que las cosas volvieran a su cauce. Sin interrupciones de dioses caprichosos. Y quizá, no me hacía ilusiones, esta disrupción hiciera que pudiera volver a casa una vez re-escrita la realidad.

Estamos en un punto sin retorno, recordé. Eso íbamos a verlo.

Salí de Control de Linealidad. Subí por el ascensor flotante hacia la galería central. Exactamente en una punta, opuesta a mi habitación, había una puerta de madera. De esas pesadas puertas que se construían en el medioevo. Ingresé en un largo pasillo de piedra, el cual se iba ampliando como un cono, hacia otra puerta de madera. Golpeé la aldaba  para anunciarme y entré.

Sentado en un inmenso sillón marrón, se encontraba Moloch. Estaba acariciando un gato mientras leía un libro. En ese momento pensé que le faltaba una pipa y el cuadro era completo. Pero por supuesto, Moloch no tenía una boca exactamente. Desde un gramófono podía escucharse Nessun Dorma.

—¿Otro gato? —le pregunté.

—Sí. Encontré varios más. Generalmente, con que uno encuentre el camino es suficiente. Pronto los demás lo siguen. Son unas fascinantes criaturas —me comentó.

Me había levantado una mañana y había encontrado a mis dos gatos durmiendo encima de mí. Eran exactamente como mis gatos, se veían igual y se portaban igual. Situación que desencadenó un ataque de nervios de mi parte. Me sentí ofendida porque ARCADIA duplicó a Sasha y Shanti para que me sintiera mejor. Cuál fue mi sorpresa al enterarme de que esos no eran copias de mis gatos. ARCADIA, de manera docta, me explicó que los gatos son seres pandimensionales. Que ni siquiera las reglas aplicadas a los q´yauri se aplican a ellos. Se mueven por todo el multiverso como les place. Y mis gatos, me habían encontrado. Lo curioso, fue que detrás de ellos, empezaron a venir más.

Cuando medité el asunto seriamente, me di cuenta que nunca me había preguntado por qué los gatos duermen tanto. De hecho, pasan durmiendo la mayor parte del día. Cuando un gato muere en el mundo que conozco, en realidad no muere, sigue paseando de dimensión en dimensión. Cuando sus compañeros humanos desaparecen, fallecen o sucede alguna situación que aleje al gato de su amigo, éste, lo busca y nada se interpone en su camino. Así que esta era la historia, mis dos gatos me habían encontrado y no tenían ninguna intención de irse.

Esta cuestión con los gatos, había despertado algo en Moloch, el cual había agregado una nueva subrutina para alimentar, jugar, limpiar y acariciar a los nuevos visitantes de ARCADIA. Estaba encantado.

—Tenemos que hablar. —Fui directo al grano.

Con sus nuevas rutinas de etiqueta, me invitó a sentarme en otro sillón, exactamente igual al suyo, pero más pequeño.

—¿Catalina desearía beber algo? ¿Quizá café? —preguntó.

—No, te agradezco Moloch. —No pude evitar sonreír. Estos meses para él habían sido de autodescubrimiento. No se había hecho un dormitorio, pero si un estudio. Escribía, leía, estudiaba pinturas, esculturas, veía películas y escuchaba música. Su nuevo lugar, era del mismo tamaño que el mío, solo que era circular, no rectangular. En su estudio siempre era de noche.

—¿De qué desea que conversemos Catalina? Estuve leyendo acerca de la fenomenología del espíritu… o quizá guste conversar sobre El libro de las mutaciones y la naturaleza aleatoria del universo —me ofreció.

Me sentí muy mal de tener que declinar la invitación fenomenológica y muchísimo peor, al declinar el debate sobre el I Ching.

—Estoy ansiosa de que podamos debatir e intercambiar impresiones al respecto… pero estoy acá por otra cosa.

Moloch dejó su libro a un lado.

—Escucho Catalina.

—Acabo de venir de Control.  —Levantó su dedo índice en el aire para decir algo, pero no lo dejé. No era momento para que me retara—. Estuve dándole vueltas a lo que estuvimos hablando estos días, con respecto a Astarté, Adam… y yo. Quería intercambiar opiniones con vos y hablarte de mis planes.

—Entiendo. —Hizo silencio para dejarme continuar.

—Me siento realmente muy abrumada. Los q´yauri son unos dioses muy crueles Moloch. La verdad es que… no me parece que deban utilizar el universo como su campo de juego.

—El universo es su campo de juego, si eso es lo que les place. Lo importante es que el universo prevalezca. El cómo es irrelevante.

Pensé cuidadosamente lo que me había dicho.

—El cómo no es irrelevante si las consecuencias son las que determinan el destino de todos los seres, Moloch. Todo se resume al cómo.

—Los q´yauri no ven las cosas de esa manera, Catalina. Y creo que los humanos tampoco. Si a usted no le gusta como tiene el pelo, simplemente se lo corta de una manera que le guste.

Escuché la comparación que había hecho y sentí mi indignación brotar.

—Moloch, no se puede comparar el destino del universo…. Con un corte de cabello —le dije gravemente.

—Para los q´yauri no hay diferencia.

Tenía ganas de agarrar el libro que había dejado en la mesa ratona y revoleárselo.

—Moloch, ¿te acordás de la saga de robots que leíste de Isaac Asimov?

—Sí, Catalina.

—¿Qué decía la ley 0?

Hubiera jurado que Moloch me miraba sorprendido. No tenía cara, así que eso era imposible, pero juro, que sentí que me miraba sorprendido.

Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

—Hipotéticamente hablando, ¿cómo elaborarías un paralelo de la ley 0 aplicada a nuestra realidad? —“Gracias Isaac Asimov por existir”, pensé.

Se quedó en silencio meditando.

El universo es un tejido y cada parte individual de él, debe ser visto como una hebra de ese tejido. Por ende, un q´yauri no puede causar daño al universo o, por inacción permitir que el universo sufra daño, ya que estaría lastimándose a sí mismo —recitó.

—En esta regla hipotética Moloch, ¿el universo sería visto como un campo de juego?

—No, Catalina.

—¿Por qué?

—Porque habría un fin superior —respondió.

—¿Hay algún q´yauri que vea las cosas de esta manera Moloch? —Esta pregunta fue hecha en busca de posibles aliados q´yauri.

—Sí.

—¿Podrías nombrármelos, por favor? —le pedí.

—Catalina Konovaluk. —Fue su única respuesta.

Frustrada, me hundí en el sillón.

—Tomé una decisión y necesito que me ayudes.

—¿Qué decisión tomó, Catalina?

—Voy a desaparecer los ecos de Astarté que quedan desperdigados en la línea temporal.

—El cuarto eco desapareció.

—¿Cómo que el cuarto eco “desapareció”? —pregunté con sorpresa.

—Sí. Está fuera de rango de los sensores. Dejan un rastro de improbabilidad a su paso. Tengo tres áreas vigiladas —explicó—. El cuarto sector desapareció.

Me lo quedé mirando un momento. Sin saber que decir.

—¿Cómo propone hacerlo Catalina? —me preguntó.

—¿Hacer qué?

—“Desaparecer” los ecos —dijo Moloch.

—Un eco, el más comprometido, está en la casa de Ipatiev —susurré sin mucha determinación. La desaparición de uno de los ecos me había afectado—. Eliminando ese eco y dejando morir al tsesarevich Aléxei Nycoláyevich Romanov, cambiamos la línea temporal y nos deshacemos de Adam en el proceso —expliqué dubitativa.

Moloch asintió.

—Estuve estudiando el asunto y llegué a una conclusión parecida a la suya.

—¿Sí? —pregunté aliviada—. Porque ARCADIA me dijo que solo estaríamos eliminando un Adam y que mágicamente, eso corregiría los errores.

—Por supuesto. Como dijimos hace un rato, le recuerdo, el universo es un telar. Una nueva posibilidad, transforma el telar en otra cosa.

Luego de recibir semejante epifanía cuántica, continué:

—Sí te parece, me gustaría hacer algunos cambios en la programación de ARCADIA.

—¿Qué cambios? —me preguntó.

—Me gustaría, que empezara a organizar la información de otra manera —dije un poco más segura—. Las variables y cada línea individual del tejido, deberían ser analizadas con otro tipo de discernimiento.

«Hasta ahora, ARCADIA presenta la información según se la pedimos. Justamente porque Astarté veía a este universo como su campo de juego. Su fin superior, era su propia diversión. Por ejemplo, hoy, mientras estaba en Control de Linealidad, quiso darme una experiencia más “realista” de Arcadia Prime… y… —No necesitaba entrar en detalles—. Pero estuve familiarizándome con el sistema y la verdad es que hay una línea que subyace atrás de todo esto, Moloch.

«Para Astarté, todo lo que sucedía tras los paneles de ARCADIA no era real, era una ilusión. Cada elemento de ese tejido, Moloch, es real. Yo soy real.  El universo es una sinfonía. Cada cual debe tocar su parte. Astarté, se creía la autora de esa obra, no su directora. Y la realidad, Moloch, es que la obra, no tiene un solo autor. Se escribe sola. Una puede estimularla, dirigirla, guiarla, moverla para que suene mejor. Pero una no puede atribuirse la autoría. La autoría de la obra es de todas las partes que la componen».

Esperé unos momentos, para que Moloch asimilara lo que le estaba diciendo. Mientras, yo me deleitaba ante mi propia sabiduría.

—Eliminar los ecos de Astarté y a Adam de este universo —seguí—, no es eliminar simplemente una anomalía. Es permitir que la obra siga por sus propios cauces sin interrupción. Me gustaría, si vamos a hacer esto que trabajáramos en esta línea. ¿Podría ser posible?

—Un fin superior. ¿Esto significa que Catalina ya no piensa en querer volver a casa?

—No te voy a mentir Moloch —dije echándome hacia atrás, la pregunta me había dolido—. Tengo la ilusión, de que si las cosas salen bien y la línea se modifica, el destino de todos sea cambiado. Eso incluye que yo vuelva a casa. Pero si por alguna causa, esto no sucediese, me refiero a que las cosas se arreglen y sin embargo, yo siga acá… Tomo el compromiso de aceptar este lugar como mi hogar permanente.

Todavía no puedo creer que le dije eso. Cuando las palabras salieron de mi boca, fue como tener otra revelación sin todo el gibberish cuántico. En ese momento, me di cuenta que no estaba mintiendo realmente. Le estaba diciendo la verdad.

La pura verdad.

Asintió con su cabeza y nos pusimos a trabajar. Él tenía un trato y yo, un compromiso.

Una gran duda que me acompaña hasta hoy, es que no entiendo muy bien que  genera la anomalía. ¿Qué diferencia tiene esta Astarté con las Astartés que aparecen desperdigadas en la línea temporal? ¿Por qué estas generan un eco e inestabilizan el continuo y las otras no?

Tengo una teoría:

Creo que el punto está en que están relacionadas con mi aparición, el efecto dominó que generó la muerte de Astarté. Estos ecos, se retuercen en la línea temporal como fantasmas atrapados, intentando cambiar lo que no saben, lo que no ven, negándose a irse. ¿En qué me baso para sacar estas conclusiones? Moloch me dijo que éstas Astarté son semiconscientes. Sienten que algo sucedió, sienten la alarma pero nada pueden hacer por el momento. Si por alguna casualidad, descubrieran que están en un rulo y que lo que ellas perciben como el mundo ya no existe, podrían intentar cambiar el continuo nuevamente, con consecuencias inimaginables. Ahí reside la urgencia de retirarlas. Y esto, debe hacerse de un solo golpe. No se puede fallar, ya que en caso de que salten en el tiempo, van a ser conscientes.

¿Qué es lo que tenemos a favor, en caso de que las cosas no salgan como se previeron? Que cada uno de estos ecos están desconectados entre sí. Un eco, salvo que el cambio sea muy burdo, no va a percibir al instante que las cosas no son como deberían ser. Astarté va a tener que averiguarlo por sí misma, comparar sus recuerdos con la realidad. Por eso me preocupa que uno de los ecos esté escondido. No me lo esperaba.

Rasputín, había sido asesinado en esta continuidad como en mi universo de origen. En 1916, en el palacio de Yusúpov. Su único interés, era preservar al pequeño tsesarevich para tener asegurado su retorno al universo de Astarté. Mientras tanto, la situación política de Rusia lo había rodeado de enemigos que consideraban su presencia como perjudicial para el zar y la zarina. Así que fue llevado con un pretexto al palacio Yusúpov, donde fue asesinado en el mes de diciembre. Su cuerpo fue encontrado flotando en el río en 1917.

—Bingo —susurré.

—¿Bingo? —preguntó Moloch.

—Es una expresión, Moloch… —expliqué.

—¿Expresión? —insistió con curiosidad.

Ignoré a Moloch y me concentré en mi descubrimiento: luego de la muerte de Rasputín, Astarté se hizo cargo de la situación. Estaba caracterizada como una de las doncellas de las cuatro duquesas. Cuando el asesinato de Rasputín se produjo, la familia quedó muy dolorida. Las cuatro duquesas parecían llorar más la pérdida de un amante y amigo que la pérdida de un tutor. Ver pasar estas escenas en la línea, me dio muchísimo asco. La promesa que Rasputín le había hecho a Aléxei, era que en unos años él iba a recibir un regalo muy especial. El regalo, estaba por afuera de cualquier patrimonio político. Pasara lo que pasara, él estaba destinado a sobrevivir, ya que su cuerpo era débil, por ser poseedor de un alma extremadamente desarrollada. Lo ponía a la altura de un santo y como tal, él sería el heredero de su legado. El receptor de toda su herencia. La verdadera iglesia, el arca de la alianza. A la edad de doce años en esta línea, le había presentado a una de sus hijas, la cual sedujo al tsesarevich y ahí se gestó mi bastarda descendencia alterna. Esta joven, logró huir de Rusia luego de la ejecución de su padre. A partir de ahí, lo que siguió fue mi historia familiar, historia que me había sido completamente desconocida hasta ARCADIA.

Había dos cosas a las que tenía que atender. La primera, cuándo entraría a acabar con el eco de Astarté y el segundo punto, cómo iba a hacerlo. Todo se reducía al cómo.

Astarté había prometido a la zarina salvar a Aléxei, María y Anastasia. Cuando la casa de Ipatiev fue asaltada, la zarina, el zar, las dos hermanas mayores con algunos criados y el doctor, fueron hacia la entrada, para darle tiempo a “la doncella” de sacar a las duquesas y al príncipe. En ese momento, estando los cuatro solos, Astarté mató a las dos jóvenes, abrió un portal y se llevó a Aléxei. Esta fue la historia. Ahora, al conectar la llave en el ATE para su modificación y actualización, este momento de la historia sería clave. ¿Por qué? Porque Astarté se daría cuenta que no puede abrir el portal y que su lazo con ARCADIA está roto. Yo tendría que entrar en escena antes de que todas estas deducciones sucedieran, ocuparme de eliminarla, y dejar al tsesarevich ahí.

Esto, con respecto al cuándo.

Con respecto al cómo, Moloch me había instruido en el uso de un pequeño artefacto. Era una pelota redonda de bronce, con un botón negro, gastado. Debía presionarlo a un metro de distancia. Este aparato emitiría una vibración que la haría desmayarse. Luego él la desmaterializaría de allí.

—¿En serio? —pregunté secamente.

—¿En serio qué? —respondió Moloch.

—En serio me estás dando un control remoto para cargarme a Astarté.

—No es un control remoto Catalina.

—¿Y qué es entonces? ¿Un artefacto que emite un “rayo de la muerte” que la saca de la continuidad? —le pregunté indignada—. Moloch, este es el peor space opera del que participé.

Moloch se quedó pensando.

—Creo que su explicación es bastante imaginativa. Pero podría decirse que sí. Se asemeja más a eso que a un “control remoto” —respondió sin siquiera reírse de mi chiste.

—No me digas… —le dije no muy convencida—. Moloch…

—¿Sí Catalina?

—¿Podés dejar de tratarme de usted?

No iba a ser tan fácil. Moloch me había entrenado en que debía decirle, para poder acercarme. Tenía que hacerme pasar por ella. Así que me paseaba por ARCADIA, en tacones, con mi coronita de Hathor y el aro en la cara:

«Querida… alto. Debes, debes detenerte. Algo ha salido muy, muy mal» (en esta parte, sin ningún tipo de sensibilidad, debía sonreírle a Aléxei y acariciarle el cabello). «No entiendo como perdimos contacto… algo…. Algo muy, muy malo está pasando»…. Y en ese momento, cuando estuviera junto a ella, apretaría el botón. Fin. Todo esto debía ser una actuación estrafalaria. Debía verme graciosa, pero no de comedia, sino de esbelta.

Moloch también me había instruido en caso de que algo fuera mal y debiera llamarlo para que se apersonara. Tenía que hacerlo no solo por su nombre, sino agregarle un epíteto, sea este criatura, inútil o basura. Si esto llegaba a pasar, íbamos a estar en problemas, ya que su apariencia física era diferente a aquella que Astarté había conocido. Quise indagar al respecto pero me ignoró completamente.

Cómo en realidad teníamos todo el tiempo del mundo, (no me acostumbro) luego de un largo ensayo y repetir al pie de la letra como íbamos a hacer las cosas, cené y me fui a acostar.

Al día siguiente, Moloch me estaba esperando en la puerta de mis aposentos. Con las llaves necesarias para realizar la operación y el control remoto. Yo salí toda emperifollada en mi disfraz de Hathor. Sin embargo, sacrifiqué los  tacones por un par de botas que me permitieran moverme y me saqué el aro de la cara. Cualquier reclamo, a Blake Goodhunting, después de todo, esto había sido cien por ciento culpa suya.

Moloch al verme salir, levantó un dedo para remarcar que iba a decir algo de mí calzado.

—Ningún comentario. Así es como voy a salir. Si a su alteza Astoreth la convenzo, bien y si no, improvisamos —dije cortante.

—Creo, Catalina, que se te ha escapado el punto de por qué ensayamos tanto. Era para no dejar nada sujeto a la improvisación.

—Yo pensé que era para tener una línea, en caso de que la improvisación falle —repliqué—. Una bolsa de sugerencias a las cuales recurrir en caso de que mi mente se quede en blanco. Además, un personaje no depende de las botas Moloch, es una cuestión de carisma, de aura… de character —le dije.

Moloch se quedó pensativo todo el viaje en ascensor.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Sí, Catalina.

—¿Por qué no podés hacer esto vos? —tiré—. Ella no es nada tuyo ya. Además, esto no tiene nada que ver conmigo.

Moloch procesó lo que le dije.

—Esa forma de pensamiento, me pone en una línea muy fina, Catalina.

Ahí estábamos de nuevo en ese lugar. Moloch tenía una manera monótona y agradable de hablar en el último tiempo. Salvo cuando tocábamos los puntos referentes a Astarté y yo. No sé exactamente qué, pero sentía que elegía cuidadosamente sus palabras. Como si hubiera un palito entre los dos, que no quisiera pisar y hacer ruido. Había algo que no me estaba diciendo. No sentía que fuera una cláusula oculta del contrato, una estafa. Sino que incluso, parecía que aquello que evadía decirme, él lo justificaba como si fuera por mi propio bien. Me gustaría desconfiar más. Pero no lo hago.

Debo reconocer, que en estos días en los cuales me involucré con lo que estaba pasando, descubrí que ya no pensaba en la Tierra. En mi antigua vida. Me siento un poco culpable por no sentirme tan desarraigada.

Invité a Moloch a que cargara el astrolabio. Pronto estuvimos en la casa de Ipatiev. Observamos silenciosamente las imágenes fotográficas de la familia real corriendo por los pasillos. Mi pecho se comprimió. A ver, no estaba dejando que crucificaran a Cristo. Los Romanovs habían sido unos parásitos, incluidos estos chicos. Sobre todo, estos chicos. No me estaba lavando las manos. Me acerqué a los controles y moví el timón hacia el fondo. Como un deux ex machina traspasamos la puerta que nos separaba de nuestro objetivo. Nos encontrábamos rodeados por un gran salón que en otra vida había sido una biblioteca. Ahora era una sala de operaciones, la mesa estaba llena de planos y veía algunas bayonetas, algunas con rifles y otras sin rifles, pistolas, dagas de cosacos, sables y látigos. En un sillón, las dos adolescentes y él tsesarevich abrazados. Moví una pequeña rueda muy sensible al tacto y recuperé el audio. Había ruido, mucho ruido. Para ser una misión secreta, los soldados del escuadrón de la checa-bolchevique estaban teniendo muy poco disimulo, algo me decía que no iban a ejecutarlos en el sótano.

Ahí estaba ella, mirando hacia la puerta, sus ojos se asemejaban a los de un gato que está a punto de cazar: fríos y levemente desviados uno del otro. Cuando los tiros empezaron se acercó a los tres niños. Los cuales corrieron a abrazarla. «Shh… Shh»… les decía la hija de puta. Luego los puso de pie y les dijo que se pusieran de cara a la pared. Les hizo taparse los oídos con las manos. Los paró a los tres, uno al lado del otro, con un metro de distancia entre cada uno. Para mi sorpresa, el tsesarevich estaba sospechando. Se me volvió a contraer el pecho mientras la escuchaba decirles que no tuvieran miedo, que todo estaría bien.

Con una media sonrisa, se acercó a la hermana mayor con la mano levantada. Iba a apoyarla en su cabeza. Aléxei miraba lo que pasaba sin llamar la atención.

Mi pecho se volvió a comprimir, mis manos empezaron a temblar. En un impulso, moví la palanca hacia abajo y me dirigí a una de las puertas. Sin aviso. Me pareció escuchar la voz de Moloch, como si fuera música de fondo, diciéndome que me detuviera. Pero no me detuve.

Crucé.

Me acerqué agitada y la agarré de la muñeca, tirándola hacia atrás. Interponiéndome entre ella y los chicos.

—Ni se te ocurra.

Ella, se agarraba la muñeca y me miraba.  Alarmada.

Los niños se habían girado y asustados veían a su doncella, enfrentada a una versión sobrenatural de ella misma.

—No entiendo, ¿qué pasa? —me dijo irritada y desconfiada Rasputina.

Clavé mis ojos en el tsesarevich y le indiqué con un movimiento de cabeza que se movieran hacia la otra parte de la habitación. Nos miramos por un segundo y, todavía no sé cómo, me creyó. Se movió con sus hermanas claramente aliviado.

—¡Moloch! ¡Que crucen ya!!! —grité.

La puerta apareció, los niños miraban asombrados los ornamentos rodeando la habitación. Cuando Rasputina se les fue al humo presa de la ira, los chicos entraron por impulso gritando. Yo me abalancé sobre ella y la agarré de los pelos el tiempo suficiente para que los jóvenes estuvieran a salvo.

Rasputina se desprendió de mí con bastante rapidez, sus ojos se oscurecieron, se volvieron completamente negros. Sentí como una onda expansiva de frío se acercaba a mí. Casi podía verla, una neblina, era como si quisiera invadirme con su energía, apropiarse de mí. Levanté mi mano para alejar su energía por instinto y me di cuenta que el regalo de Blake Goodhunting que tenía sobre mi piel brillaba.

Cada emanación, era luz dorada.

Sin temor, acerqué mi mano hacia la neblina fría que intentaba poseerme y la toqué con mis dedos. Empezó a emitir calor en vez de frío. Pude ver como el dorado de mis marcas, transformaban la oscuridad en una nebulosa de emisión hacia Rasputina. Las emanaciones ingresaron por sus ojos, los cuales viraron del negro a la misma luz dorada de mis marcas y de ahí a todo su ser. Me mareé y me pasó algo curioso. Todo mi yo se expandió y pude verme desde los ojos de Rasputina. Me vi, parada, nuestras energías tocándose y justo arriba de mi cabeza, el disco dorado de mi corona, brillando como un sol.

En el medio de mi visión, apareció Moloch, con el “rayo de la muerte” que me había olvidado en el apuro. Se paró delante de mí, es decir de mi yo Rasputina y de repente lo vi de espaldas. Había vuelto a ser Hathor. Se hizo del cuerpo de Rasputina antes de que cayera al piso y se dirigió a ARCADIA con grandes zancadas.

—Catalina, no tenemos tiempo, están a unos pocos pasos de aquí.

—Sí, cierto —dije de repente al acordarme del escuadrón checo-bolchevique.

Entré detrás de él y cerré la puerta. Moloch había depositado a Rasputina en el suelo y estaba subiendo la palanca. En menos de un segundo, habíamos dejado el horror de la casa de Ipatiev. Moloch sacó la llave y apagó la caja.

Los niños, estaban llorando, abrazados el uno con el otro apretujados contra la máquina. No nos miraban, tenían las cabezas escondidas y temblaban.

Moloch y yo nos miramos unos momentos. Sin saber qué hacer. Habíamos rescatado a María Romanova, Anastasia Romanova y Aléxei Romanov de la histórica masacre.

—Esto… es una cagada… —le susurré.

Moloch se acercó a Rasputina y la volvió a alzar. Me hizo señas y yo asentí con la cabeza, aunque en ese momento me agarró una inesperada desconfianza. ¿Y si volvía a despertarla? ¿Y si intentaba matarme de nuevo? ¿Y si Moloch me estaba mintiendo? Me había dicho que debía depositarla en la Fuente, para que se cerrara del todo la línea. En ese momento me pregunté de qué manera iba a cerrarse la línea con lo que habíamos hecho. De toda la gente que podía elegir salvar en el universo… yo había rescatado Romanovs.

—Niños… —Me sentí ridícula al llamar niños a una joven de diecisiete y a otra de diecinueve—. Niños… nadie, va a hacerles daño.

No pareció surtir el menor efecto. Al contrario, se encogieron más y siguieron sollozando. Me angustié mucho. Nunca pensé que esto terminaría de esta manera.

—Niños… están… a salvo —susurré, apelando a un instinto maternal inexistente.

Hice un ademán de acercarme, pero los niños reaccionaron instantáneamente hacia atrás. Me quedé quieta. Respiré, intentando relajarme, razonar.

Me pareció ver algo moverse en la puerta de entrada, me agité de nuevo. Algo venía de la galería. Respiré aliviada. Sentado, en la puerta, en sus cuatro patas, había un gato siamés. Era Shanti. Que cauto, observaba todo sin cruzar, estaba enojado, aunque además tenía mucha curiosidad.

—ARCADIA.

—¿Sí Catalina?

Los niños contuvieron el llanto al escuchar la voz de ARCADIA. Se giraron buscando a quien estaba hablando y Anastasia vio a Shanti. María y Aléxei me miraban.

—Necesito que le solicites a Moloch que traiga algunos almohadones para los niños, algo para beber y comer… ya que no sé por cuánto tiempo van a quedarse en esta sala.

—Entendido, Catalina.

Anastasia se puso de pie mirando a su alrededor.

—¿Quién es esa? —preguntó.

—ARCADIA —le contesté suavemente, intentando no sonreír, le señalé a mi gato. Si eran como princesas Disney, seguro que el gato les iba a encantar—. Ese es Shanti.

—¿Dónde se encuentra? —interrumpió María, quien abrazaba a Aléxei de manera protectora. Mientras, Anastasia se acercaba al gato con precaución—. ¿Por qué se comunica por radio? ¿Dónde estamos?

—Estamos muertos —dijo Aléxei seguro de sí mismo—. ¿No te diste cuenta todavía? —le reprochó a la hermana—. Petroshka nos mató. A los tres. Nos mintió. —Cuando dijo esto, los ojos se le volvieron a llenar de lágrimas—. Por eso nos puso de espaldas contra la pared….

Anastasia se volvió hacia él horrorizada y se tapó la boca mientras lloraba. María me miró suplicante. Yo en lo único que pensaba, como una estúpida, era en cómo transformar esta tragedia en un momento Disney. No lo puedo creer todavía, me da mucha vergüenza.

—No están muertos —les dije—. No están muertos. Están vivos. Sé que lo sucedido, dadas las circunstancias, es difícil de comprender. Pero están vivos.

—¿Por qué tenés la cara de Petroshka? ¿Sos un demonio? —me preguntó Anastasia.

—¡Tonta! —la reprendió María—. ¡No es un demonio! ¡Es un ángel! ¿Qué no te das cuenta que emitía destellos dorados? Sus poderes son de luz. Petroshka era un demonio.

Tenía que sacar la conversación de esa línea, se había vuelto demasiado Disney. Lo que faltaba era que se pusieran a cantar una canción al respecto o que mi gato lo hiciera.

—Mi nombre es Catalina Konovaluk y creo que vos sos mi tátara tía abuela. Mucho gusto.

Aléxei se limpió las lágrimas de los ojos y me miró interesado.

—¿Venís del futuro? ¿Él hombre de metal también viene del futuro?

Sonreí.

—Sí, el hombre de metal también viene del futuro —mentí—. Se llama Moloch.

Los ojos de Aléxei se hicieron más grandes por la curiosidad. Anastasia le estaba haciendo señas a mi majestuosa mascota, el cual había cambiado la actitud y se estaba haciendo el interesante desde la puerta. María en cambio, estaba mirando a su alrededor inspeccionando el lugar.

—¿Dónde estamos? —se animó a preguntarme.

—Puedo empezar diciéndoles donde no estamos —les dije con una sonrisa amistosa.

Moloch había calculado que yo no iba a cumplir con mi plan. Me dijo, en soledad, que siempre consideró estadísticamente improbable que yo dejara morir a los tres jóvenes. Que se había tomado la molestia de mirar el continuo espacio temporal sin decirme, en caso de que sus presunciones fueran ciertas. Según él, esto no afectaba de ninguna manera lo que planeábamos hacer, ya que habíamos creado una nueva posibilidad. Solo requeriría más trabajo y atención. En otra parte del continuo, Astarté seguía secuestrando a Alexi, lo que nosotros habíamos hecho era abrir otra línea.

De eso se trataba en realidad, crear una nueva posibilidad en el flujo espacio-temporal.

Ese día, me confesó que esta era la primera vez que se sentía orgulloso de sí mismo. Yo me alegré mucho por él. También le dije que no tenía la menor intención de comunicarme con Adam. Él me dijo que le parecía bien, ya que mi performance había carecido por completo del character que se requería.

ARCADIA, fin de la bitácora.

Continúa en Guevurá…

[Modificado 29/04/2016]


ARCADIA. Episodio 7. Guevurá

6 comentarios en “ARCADIA. Episodio 6. Jesed

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